El Cristo sin barba del Santuario del Rocío, una rareza en la imaginería andaluza

La imagen, realizada en 1983 por Manuel Carmona Martínez, recupera una forma antigua de representar a Cristo que remite a los primeros siglos del cristianismo

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Cristo sin barba. / Chemi Saavedra

El Santuario de Nuestra Señora del Rocío, donde todas las miradas se dirigen a la Virgen, guarda una singularidad que pasa desapercibida para muchos visitantes. Justo enfrente del retablo, en el coro, se encuentra una imagen de un Cristo crucificado que rompe con el canon habitual de la imaginería andaluza.

Se trata de un crucificado sin barba, una característica poco frecuente en Andalucía, donde la tradición artística ha consolidado durante siglos la imagen de Cristo con pelo largo y barba marcada. La presencia de este crucificado en el Santuario constituye por ello una singularidad dentro del patrimonio devocional de la ermita.

La talla fue realizada en 1983 por el escultor Manuel Carmona Martínez, autor también de las figuras del actual retablo del Santuario. La imagen alcanza los 2,16 metros de altura y presenta una anatomía estilizada y serena que, pese a su sobriedad, resulta imponente al contemplarla en el interior del templo.

Cristo crucíficado sin barba en el Santuario de la Virgen del Rocío. / Chemi Saavedra

Actualmente se encuentra situada en el coro del Santuario, justo frente a la Virgen. Pero no siempre ocupó ese lugar, durante algunos años estuvo ubicado en una de las capillas laterales próximas al presbiterio. Su rasgo más singular, ese detalle que lo diferencia de la mayor parte de los crucificados presentes en templos y cofradías andaluzas, es una particularidad que conecta, sin embargo, con una tradición iconográfica muy antigua.

En los primeros siglos del cristianismo, Jesús se representaba con frecuencia joven y sin barba, especialmente en las imágenes del Buen Pastor que aparecen en las catacumbas romanas. Con el paso del tiempo, el arte cristiano fue fijando otra imagen distinta. En nuestra tierra, esa iconografía quedó definitivamente consolidada durante el Barroco gracias a escultores como Juan Martínez Montañés, Juan de Mesa o Pedro Roldán, cuyas obras definieron el modelo del Cristo barbado que hoy domina en la imaginería andaluza.

Desde entonces, los crucificados imberbes han sido prácticamente inexistentes en el ámbito devocional andaluz, lo que convierte a este Cristo del Santuario del Rocío en una rareza iconográfica dentro del patrimonio religioso de la región. En un templo profundamente mariano, este crucificado permanece como una presencia discreta frente a la Virgen, recordando también la dimensión de la Pasión dentro de la espiritualidad rociera.

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