El Rocío

La Romería del Rocío en el Año Jubilar culmina con una bella procesión

  • La Blanca Paloma procesionó durante algo más de nueve horas y media por su aldea

  • Sorprendió la belleza de la nueva corona y el traje que estrenaba

Emigrantes recibe a la Virgen del Rocío con el rezo de la Salve. Emigrantes recibe a la Virgen del Rocío con el rezo de la Salve.

Emigrantes recibe a la Virgen del Rocío con el rezo de la Salve. / Josué Correa

Pasado el mediodía, en esa hora mágica del Ángelus, la Virgen del Rocío se posaba bajo la blanca concha peregrina de su santuario y traspasaba el dintel de la puerta jubilar de un año gozoso que ahora continúa tras esta Romería del Centenario de la Coronación Canónica y que volverá a tener una nueva cita rociera el 19 de agosto, con el traslado de Pastora hasta su pueblo de Almonte.

Se habían vivido momentos muy intensos en este día que despertaba en El Rocío las miles de golondrinas que anidan en sus espadañas y los tamboriles que de casa en casa de hermandad se iban acercando hasta el recorrido de la Virgen. Las calles de ese cordón de fe que parte de la ermita para recorrer la aldea se refrescaban con agua, para asentar el polvo en estas calles de una procesión tan hermosa como esperada. Era la del centenario de la coronación canónica.

A la luz del día, el paso de la Virgen deslumbraba de belleza. Un palio que se completa como en antaño con las bambalinas de tela, que le dan belleza, movimiento y equilibra los tonos oro del conjunto. Radiante como ningún año, por tantas ofrendas de devoción que han supuesto el estreno de la hermosísima corona de los Hermanos Delgado y el traje de la Virgen y el Niño; conjunción perfecta de elegancia y arte de las manos de Fernando Calderón en los bordados. Si hermoso era tenerla de frente en este singular conjunto, verla irse con la mirada en el manto tiene la fuerza histórica del recuerdo a San Juan Pablo II, con su escudo bien visible.

El Real se convirtió en una fiesta, el espacio de la coronación de la que se celebraba ahora cien años. Los mismo que tiene la Hermandad de Rociana, que vive doblemente esta fiesta. El Rocío es un jolgorio con la música acompasada del campanil de las hermandades que esperan la visita de la Señora. Y llega a Huelva, este año cuando ya el día había despuntado, a las 7:30, y se reza la Salve por los sacerdotes José Antonio Omist y José Manuel Barral. El cielo de su palio se cubre de pétalos y se escuchan los guapa, guapa... y las palmas al compás de Huelva, Huelva...

La mañana continúa para regalarle a los rocieros nuevas y entrañables estampas. El viejo eucaliptal saluda en la mañana esta procesión que se alarga hasta Gines y ya están los Simpecados en fila mientras en sol va levantando para dejar ver las mejores estampas de este regalo que es el paso de la Virgen con tantos estrenos.

Cuando llega al Simpecado ocurre lo que solo pasa en El Rocío, un disminuido físico es levantado con su sillamoto para que pueda ver a la Virgen. Valor y fe.

Los dos curas jóvenes le rezan brazo abierto la Salve a la Reina de las Marismas y se ve que se emocionan. El Rocío se debe convertir en un Seminario para los nuevos sacerdotes, para que aquí conozcan la verdad de la fe de la gente sencilla y fervorosa de la Virgen. Es el mejor lugar para como en cualquier otro sitio hacerse becario del hermoso ‘oficio’ de propagar la fe que han elegido. Muchos curas jóvenes por la aldea y se les nota contentos a todos.

Del paso de la Virgen la gente sale empapada. No siempre es fácil gobernarlo y pese a tantos esfuerzos vuelve al suelo. Niños volando hacia su peana, hay quienes se asustan y lloran, y a los que hay que bajarlos porque están tan a gusto que llegarían así hasta la ermita. Ella, que es Madre, es consuelo para tantas otras madres que le ofrecen a sus hijos en este lugar único.

Desde la esquina de Granada parece que no va a terminar nunca la procesión de la Virgen, cuanta gente se ve ya a lo lejos en la explanada de Jerez. La ciudad de la Alhambra, en su cuarenta cumpleaños, le regala una hermosa petalada. Hay alegría en el campanil de Bonares y en el de Trigueros a donde llega la Virgen. Se para junto al Simpecado de Madrid, para que una niña en su sillita de rueda pueda mirar de frente a la Virgen.

Emigrantes corona, a las 9:30 de la mañana, este lugar con una emocionada Salve que siguen todos los peregrinos. El cura Barral pide que acerquen a la Virgen y brazos en alto reza una de esas 124 salves que las filiales le dedican a la Virgen. ¡Qué bonita una salve en El Rocío! Al cura también le gusta, se emociona y recibe los abrazos de todos los rocieros de Emigrantes.

Es un mar de gente que se va renovando en cada espacio que la Virgen va caminando desde Gines, donde se vuelven locas sus torres. Hermosas imágenes en la que no hay un claro, todo son peregrinos alrededor de este palio de fe que lleva a la Virgen del Rocío.

Va enfilando la calle Moguer y es como si todo tomara otra dimensión, la visita casi se han acabado. Se espera llegar a Moguer para cerrar ese rito que empezó en Huevar, a primeras horas de la Madrugada nada más salir. Ahora a las doce en punto suena el campanil de Moguer porque ya la Virgen esta saliendo a este claro que le llevará luego a su santuario.

Esa Salve le da la mano a las canciones que el grupo almonteño Requiebro tiene para su Virgen a las puertas mismas de su casa de hermandad. Una y otra vez se acerca, hay petalada y vivas. Palmas al son de “Pastora no hay quien te lleve como los almonteños...”.

Esto se va acercando al momento gozoso de la vuelta a su casa. La luz del mediodía hace que se disfrute de una jornada bellísima junto a la Virgen del Rocío. No tarda casi nada y ya está bajo la misma concha peregrina para retornar. Hay aplausos y de ahí con el fulgor de la procesión la Virgen se posa en su altar. Ese otro de los momentos importantes. De vuelta a ese lugar donde permanecerá para recibir día a día tantas plegarias. La Virgen ha marcado, al pasar por el dintel de su puerta, que este año es una Puerta Santa, invitando a participar del tiempo jubilar.

Las camaristas María del Carmen y Ana Morales están subidas en el paso, como los curas de Almonte, Francisco J. Martín y José A. Calvo. Se le vuelve a cantar esa sevillana que elogia al pueblo de Almonte que lleva como ellos saben a la Virgen del Rocío. Se canta la Salve de despedida y todos muestran la alegría de haber compartido este día tan especial.

Hay tiempo para las ultimas velas de plegaria, de iluminar en ellas deseos nuevos para la vida de cada día.

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