El Rocío 2018

Osoro invita a los rocieros a dejarse mirar por la Blanca Paloma

  • El cardenal arzobispo de Madrid preside la eucaristía de Pentecostés

  • El recuerdo de la visita papal de San Juan Pablo II hace 25 años está presente en la celebración religiosa

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Ni el sol de mayo ni las temperaturas -que comenzaron suaves y subieron durante la mañana- impidieron que numerosas personas acudieran ayer a la Misa de Pentecostés, sin duda la celebración religiosa más importante de la romería del Rocío, junto con la procesión. Tampoco fue problema el temprano y habitual horario de esta eucaristía. Todo lo contrario, son miles las personas que acuden a El Real del Rocío cada domingo de Pentecostés. Es una tradición de las muchas que existen en esta romería. Algunos de los asistentes, incluso, llegan desde los pueblos vecinos expresamente para esta especial ocasión.

Desde la azotea de la Hermandad de Moguer -uno de los mejores miradores de la aldea almonteña-, sorprende la magnitud de la plaza repleta de personas y la impecable organización de este multitudinario acto religioso, cuyo pasillo central tenía banderas pontificias en alusión al 25 aniversario de la visita papal. Un año más, la eucaristía ha dejado formidables estampas y algo más trascendente: constata el fervor mariano de miles de romeros que han participado presencialmente en la eucaristía de Pentecostés, pero también desde sus casas, gracias a los medios de comunicación social.

La mañana del domingo de Pentecostés comenzaba temprano, con la explosión de cohetes en el aire y los repiques de campanas del Santuario y de las casas de hermandad de la aldea, cuyos simpecados e insignias se preparaban para partir junto a sus representantes hacia El Real. Por la plaza Doñana y la calle Almonte, entre otros escenarios rocieros, las pequeñas comitivas se dirigían hacia el céntrico lugar en el que minutos más tarde se celebraría uno de los actos con más afluencia de la romería.

Con puntualidad precisa, a las 10:00 comenzaba desde el interior del Santuario la procesión de entrada, con el habitual protocolo. Entre los participantes estaban la junta de gobierno de la Hermandad Matriz de Almonte, presidida por Juan Ignacio Reales; el obispo de Huelva, José Vilaplana; el obispo de Asidonia-Jerez, José Mazuelos; el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro; así como otros sacerdotes. Al llegar al efímero altar instalado ante el monumento de la coronación de la Virgen del Rocío, cada uno ocupó su lugar asignado y empezó la celebración eucarística. Igualmente, entre las autoridades invitadas se encontraban, entre otros, la alcaldesa de Almonte, Rocío Espinosa; el alcalde de Huelva, Gabriel Cruz; y la subdelegada del Gobierno en Huelva, Asunción Grávalos.

El presidente de la Hermandad Matriz inició la ceremonia y tuvo unas palabras al inicio de la misa pontifical para el 25 aniversario de la visita de San Juan Pablo II a El Rocío, que tuvo lugar el 14 de junio de 1993. La eucaristía fue presidida en esta ocasión por el arzobispo de Madrid y concelebrada por los obispos de Huelva y Asidonia-Jerez, así como por el párroco de Almonte y rector del santuario, Francisco Jesús Martín; el vicario parroquial de Almonte, José Antonio Calvo, y los capellanes de las hermandades rocieras.

El cardenal Osoro agradeció en la homilía la invitación del obispo de Huelva para estar en la Misa de Pentecostés de El Rocío, una fiesta, según afirmó, donde "crece la alegría, la fraternidad y la solidaridad" durante estos días. En su alocución -marcadamente mariana- Osoro quiso centrarse en el destacado papel de la Virgen María en Pentecostés, con especial interés en su mirada maternal. Así, destacó en los primeros minutos de su intervención que "necesitamos su mirada tierna, su mirada de Madre que nos destapa el alma; una mirada llena de compasión y de cuidado, de esperanza y de amor".

El cardenal arzobispo de Madrid también se refirió en su panegírico a tres aspectos relevantes. El primero de ellos fue el papel de María, llena de Espíritu Santo, "que aparta la discordia de nuestros corazones" en nuestro mundo actual. Para ello, Osoro propuso abrir los corazones a todas las personas "con el lenguaje de Pentecostés". Además, señaló que María "enseña a cuidarnos los unos a los otros", y pidió a la Blanca Paloma que enseñe a los rocieros "a vivir como hermanos de todos los hombres". Por último, imploró a la Virgen ayuda para "crecer, a afrontar la vida, y a ser libres". Las palabras del prelado culminaron con una invitación a acoger a María y al Divino Pastorcito.

El acompañamiento musical de esta multitudinaria celebración lo puso el Coro de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Bormujos, que también lo hiciera en la romería de 2011. Tras la homilía, mientras magistralmente cantaban sus componentes, tuvo lugar la protestación de fe, proclamada en primer lugar por la Hermandad Matriz de Almonte y ratificada por los presidentes y hermanos mayores de las 121 hermandades filiales.

Al finalizar la celebración religiosa, el obispo de Huelva agradeció a la Conferencia Episcopal Española el reconocimiento de Santuario Nacional a la ermita rociera, así como al papa Francisco por la concesión del Año Jubilar. Con el canto de la popular salve rociera, compuesta por Manuel Pareja-Obregón, culminó la ceremonia. Hasta ese momento habían transcurrido 2 horas y 15 minutos desde su inicio. Con las letras de las sevillanas de la Coronación comenzó la procesión de vuelta al Santuario. Los simpecados de las filiales dejaron paulatinamente el escenario y regresaron a sus casas de hermandad. Con todo ello, la Misa de Pentecostés finalizó y dio paso a otros cultos en El Rocío.

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