El Rocío

Fervor y emoción en el salto a la reja

  • Los almonteños cogieron las andas de paso de la Virgen del Rocío a las 3:27, nada más que el Simpecado asomó por el dintel de la ermita

  • La salida estuvo marcada por la calma y la organización

Las 3:27 fue la hora de la llamada, el momento en el que los almonteños saltaron la reja después de esperar en la ermita la llegada del Simpecado de la Hermandad Matriz de Almonte tras el rezo del rosario de las hermandades, dando comienzo con ello una procesión de la Virgen del Rocío que volvió a estar marcada por la calma y la organización.

La salida de este año se produjo media hora después que el pasado y, como ya viene ocurriendo desde hace cinco años, tanto ésta como el salto fueron limpios y tranquilos, ya que de nuevo se dejó libre el pasillo central del santuario gracias a un cordón humano protagonizado por almonteños, lo que permitió que el Simpecado de la Hermandad llegara con facilidad hasta la reja y el presbiterio.

En la Hermandad de Huévar recibió la primera petalada de la procesión

La emoción, el fervor y el deseo por hacerse con las andas del paso de la Virgen hizo que el salto se produjera justo cuando el Simpecado asomaba por las puerta de la basílica, y mientras llegaba hasta el altar y se situaba frente por frente a la Reina de las Marismas.

Fue un salto ordenado como estaba previsto. No en vano el rosario comenzó después de lo programado. A las doce, cuando debía iniciarse éste, el Simpecado de la Hermandad se encontraba aún en el interior del templo. Un buen rato tardó en salir de allí, fue poco a poco y sin prisas, para presidir el rezo, que empezó media hora más tarde.

Nada más abandonar el santuario, un grupo de almonteños se posicionó en la reja y posteriormente se sentaron en los peldaños que hay para acceder al altar. Era un presagio de que la espera iba a ser larga y que todo estaba bajo control. Al mismo tiempo se fue confeccionando el cordón humano. En esos instantes todavía los feligreses y peregrinos podían moverse con comodidad por el interior de la ermita.

No fue hasta pasada las 2:00 cuando se formalizó el pasillo por el que debía entrar el Simpecado y salir con comodidad la Patrona de Almonte. Para entonces los almonteños de la reja ya se habían puesto en pie para ir tomando posiciones de cara a ser los primeros en hacerse con las andas del paso de la Virgen.

Dentro de la basílica entraba la brisa de la marisma, lo que evitaba que calor fuera sofocante, salvo en la zona de la reja. Es más, algunos peregrinos llevaban prendas gruesas de las que no se despojaron en ningún momento.

La tranquilidad duró varias horas y apenas se produjeron intentos de unirse con la Virgen. Es más, serios no hubo ninguno. En el exterior, los simpecados de las filiales pasaban delante del santuario una vez que concluyó el rosario.

La calma se mantuvo sin necesidad de que intervinieran los componentes del cinturón de seguridad. Era como si todo el mundo asumiera que el salto iba a producirse más tarde, coincidiendo con una hora. Ni siquiera se escuchaban palmas y vítores como en otras ocasiones.

Todo cambió de repente cuando los más veteranos se dieron cuenta de que acababa de pasar el Simpecado de Villamanrique de la Condesa de regreso a su casa de hermandad.

La lógica decía que poco después iba a llegar el de la Hermandad Matriz, momento que autoriza a los almonteños a buscar el paso de su Patrona. Así fue, nada más asomarse por la puerta se produjo el salto. Los santeros intentaron por todos los medios detenerlos. En un descuido de uno de ellos, un almonteño saltó por la parte izquierda de la reja y rápidamente cogió una de las andas delanteras. Tras él lo hicieron otros, por ambos laterales, mientras el Simpecado seguía avanzando sin dificultad por la nave central del templo, bien escoltado. Al mismo tiempo se abría la cancela de la reja, lo que propició la entrada masiva al presbiterio.

Con el paso repleto de gente llegó el Simpecado, siempre sin perder la mirada a la Virgen. Así permaneció un buen momento delante de la Señora, algo que no es muy habitual.

Entre el gentío, los almonteños se subieron al paso y colocaron en dos varales crespones negros, en memoria de dos fallecidos. Lo hicieron sin prisa, porque no había tirones. Los almonteños se habían hecho con el paso de la Virgen, pero permanecieron allí uno momentos sin moverlo. Para entonces la parte delantera del templo era un hervidero por llegar hasta la Blanca Paloma.

Tardó la Virgen en salir del presbiterio y cuando lo hizo la rodearon más almonteños para iniciar el recorrido por la nave central del santuario en dirección de la puerta y salir a la explanada donde esperaban miles de peregrinos. Lo hizo a hombros de los sus hijos siempre erguida, con una altura magnífica. Así llegó al dintel, entre vítores y palmas.

En un abrir y cerrar de ojos, la Blanca Paloma había salido a la explanada de la ermita, repleta de gente (parecía una manta de personas), momento en el que los almonteños iniciaron, ante la emotiva y atenta mirada de miles de personas, su recorrido por las calles de la aldea para encontrarse con todas las hermandades filiales. Después los feligreses se dispersaron, buscando el momento para vivir el encuentro con la Señora en la intimidad o con amigos o familiares.

Poco después la Blanca Paloma abandonó la explanada para dar comienzo a la procesión durante la cual se encuentra con las 119 filiales. Como es habitual, la primera de ellas fue la de Huévar (Sevilla), cuyos miembros le rindieron su particular homenaje y le rezaron la salve. Allí también recibió la Virgen una petalada, la primera pero no la única de todo el recorrido.

Emotivo fue el paso de la Virgen ante el Simpecado de la Hermandad de Hinojos, delante del cual permaneció un tiempo.

El ansia por llevar a la Virgen, siempre rodeada por miles de personas, hizo que el paso a veces se inclinara y fuera depositado en el suelo. A golpe de vaivenes, los almonteños lograron enderezarlo y alzarlo para júbilo de los feligreses.

El dispositivo Ermita, operativo específico de coordinación y respuesta en emergencias desplegado por el Plan Aldea para la salida procesional de la imagen de la Virgen del Rocío y momento de máxima afluencia de personas, se ha cerrado sin incidencias de especial consideración según ha informado la dirección del Plan Romero, que ha señalado que un año más las tres administraciones han trabajado de forma coordinada para garantizar la seguridad de la mayor concentración de personas que tiene lugar en Andalucía y en Europa. Los profesionales de la Empresa Pública de Emergencias Sanitarias y de Cruz Roja atendieron a una veintena de pacientes en el hospital de campaña desplegado en la zona del Paseo de la Marisma.

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