Economía

La participación de la Junta en el rescate de Abengoa sigue sin cerrarse y se acrecientan las dudas

Planta termosolar de Abengoa en Sanlúcar la Mayor, en Sevilla. Planta termosolar de Abengoa en Sanlúcar la Mayor, en Sevilla.

Planta termosolar de Abengoa en Sanlúcar la Mayor, en Sevilla. / Juan CArlos Vázquez

La comunicación que ayer hizo Abengoa a los mercados cambió la pauta habitual. Se hizo, como acostumbra, al cierre del mercado, pero esta vez en inglés –luego se tradujo– y con muy pocos detalles, salvo que el rescate está casi finalizado, y que las partes necesitan dos días para revisar el pacto.

La dirección de Abengoa en todo este tiempo de demora no ha contado cómo va articular las cuatro medidas de su rescate, que eufemísticamente llama Plan de Negocio Actualizado.

Aunque ha trascendido que hay un preacuerdo con el Gobierno de Pedro Sánchez, que prestaría 50 millones y avalaría 126 de los 180 nuevos que pondría la banca, para lograr los 250 millones faltan 20 millones, que pondría la Junta de Andalucía.

Sin embargo, Abengoa sigue sin atender los requerimientos que las consejerías de Hacienda, Empleo y Economía han hecho para participar: documentación fehaciente de que ha firmado con la banca y el ICO la consecución de los 230 millones. Sin ese aval jurídico la Junta no entrará, como ha informado este diario desde el 23 de julio.

Pero además, la Junta ya se ha decantado por avalar y no por prestar, con lo que hay que negociar con los bancos que aumenten la financiación que prestan, aunque asegurada por el Gobierno andaluz. Logrado esto, el Ejecutivo de Juanma Moreno llevará esa operación a la Diputación Permanente del Parlamento, donde desea tener apoyo unánime para dar vía libre a su participación. Un filtro más para evitar que la ayuda pueda ser considerada arbitraria y sin publicidad.

Todos esos trámites tendrían que hacerse entre hoy y mañana, para que se cumpla la previsión de Abengoa de firmar la reestructuración. O bien Abengoa ya no cuenta con la Junta y no lo dice.

Además, no hay certeza de que proveedores y bonistas hayan aceptado las quitas. Y sin ella todo es en vano. La incertidumbre continúa y se acrecientan las dudas sobre el éxito de la operación.

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