El pueblo de Huelva que recuerda a Cumbres Borrascosas por su paisaje abrupto y su naturaleza imponente

Un rincón de Huelva que evoca Cumbres Borrascosas por sus cumbres y horizontes infinitos
Un rincón de Huelva que evoca Cumbres Borrascosas por sus cumbres y horizontes infinitos / M.G.

En la mente de quienes han visto la nueva adaptación de Cumbres Borrascosas, los páramos del norte de Inglaterra, brumosos, vastos, solitarios, conforman un paisaje casi mítico.

Allí, en los Yorkshire Dales, donde el viento parece esculpir emociones, encuentra su hogar la historia de Catherine y Heathcliff. El pueblo de Whitby, con sus acantilados y su abadía semiabandonada, encarna un drama gótico que ha cautivado a generaciones.

Pero, ¿puede un rincón de Huelva, bañado por luz serrana y los tonos ocres y verdes, evocar ese mismo sentimiento poderoso? Para muchos visitantes y fotógrafos, Alájar, enclavado en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, sí puede hacerlo, no por similitud literal, sino por una afinidad emocional y paisajística sorprendente.

Peña Arias Montano
Peña Arias Montano / Andalucía Film Commission

Los Yorkshire Dales se reconocen por sus colinas suaves, valles profundos y cielos siempre cambiantes. En invierno, las nieblas abrazan los prados, en verano, la luz se derrama sobre la hierba alta. Allí, la naturaleza impone su ritmo y condiciona incluso los estados de ánimo.

Algo que muchos encuentran también en Alájar es esa sensación de paisaje dominante. Aunque no hay páramos infinitos ni brumas constantes, la Peña de Arias Montano se alza como un guardián del valle serrano, y en vez de la abadía de Whitby, está la Ermita de la Reina de los Ángeles.

Peña de Arias Montano
Peña de Arias Montano / Ayuntamiento de Alájar

Desde el pueblo, los horizontes se abren hacia cumbres y senderos que parecen extenderse hasta perderse en el cielo. Como en Yorkshire, en este rincón de Huelva, la naturaleza es protagonista.

La luz en Alájar, más cálida y dorada que la plomiza de Yorkshire, aporta una belleza distinta, pero igualmente emocional. Los amaneceres tiñen la roca de tonos ocres y rosados, y al caer la tarde, sombras largas invitan a la introspección. En Whitby, la costa escarpada frente al mar del Norte también juega con la luz y el viento para crear escenarios de gran carga emotiva.

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