El pueblo de Huelva con más de 4.000 años de historia donde apareció la escultura de una emperatriz romana

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Un pequeño pueblo del Condado guarda secretos romanos, medievales y vinateros
Un pequeño pueblo del Condado guarda secretos romanos, medievales y vinateros / Iglesia de San Bartolomé | Ayuntamiento de Villalba del Alcor

Entre suaves colinas y paisajes que han marcado durante siglos el carácter del Condado de Huelva, Villalba del Alcor es mucho más que un tranquilo municipio del interior onubense. Sus raíces se hunden en un pasado sorprendentemente remoto que se remonta a casi 4.000 mil años.

Los primeros indicios de presencia humana en este territorio datan del Bronce Final. De aquella época han quedado vestigios vinculados a las explotaciones mineras de la zona, que se extendían en pequeños núcleos a lo largo del río Corumbel. Aquellos asentamientos primitivos aprovecharon los recursos naturales del entorno y comenzaron a dar forma a un paisaje que ya entonces tenía importancia en la comarca.

Ayuntamiento de Villalba del Alcor
Ayuntamiento de Villalba del Alcor

Siglos más tarde, durante la época romana, el territorio volvió a cobrar protagonismo. Diversos hallazgos arqueológicos, entre ellos monedas, vasijas y otros objetos de uso cotidiano, evidencian la presencia de asentamientos estables en la zona.

Uno de los descubrimientos más llamativos se produjo en la finca conocida como Las Estaquillas, situada a apenas dos kilómetros del casco urbano. Allí apareció un busto de Agripina, esposa del emperador Claudio. El característico peinado de la escultura, formado por pequeños caracolillos y bandas laterales que cubren las orejas, permitió a los especialistas identificar a la emperatriz con bastante precisión.

Busto de Agripina, esposa del emperador Claudio
Busto de Agripina, esposa del emperador Claudio / Ayuntamiento de Villalba del Alcor

Este hallazgo ha llevado a los historiadores a pensar que en los alrededores de Villalba del Alcor pudieron existir villas pertenecientes a familias acomodadas, que prosperaban gracias a la explotación agrícola del territorio y a la actividad minera de la zona.

Otro indicio relevante del pasado romano es una lápida dedicada a Iuno Regina, fechada en el año 134 a. C. La pieza fue encontrada en la base del campanario de la iglesia parroquial de San Bartolomé, aunque su origen se sitúa en la antigua ciudad de Ostur, en las inmediaciones de Manzanilla.

Lápida dedicada a Iuno Regina
Lápida dedicada a Iuno Regina / Ayuntamiento de Villalba del Alcor

La historia del territorio también conserva huellas de la etapa musulmana. Durante siglos, pequeñas alquerías se extendieron a lo largo del arroyo Giraldo, configurando un paisaje rural disperso que refleja la organización del territorio en época andalusí.

El propio nombre de la Dehesa de Purchena también remite a ese pasado antiguo. Su origen parece estar en el término latino Porcius unido al sufijo -ana, que indicaba propiedad, dando lugar a lo que en su día pudo ser la llamada villa Porciana.

El nacimiento de Villalba del Alcor como núcleo urbano consolidado está estrechamente ligado a su posición estratégica en la frontera entre territorios cristianos y musulmanes. Ese valor defensivo propició la construcción de una fortaleza que, en diferentes momentos de la historia, también llegó a funcionar como mezquita.

La localidad perteneció a Niebla hasta el año 1253, cuando fue conquistada por Alfonso X el Sabio. A partir de entonces, el municipio pasó por distintas manos nobiliarias que marcaron su evolución durante siglos.

Hacia el año 1350, la villa fue adquirida por Álvar Pérez de Guzmán, iniciándose así una etapa de fuerte influencia de este poderoso linaje. Décadas después, mediante un enlace matrimonial entre las familias Pérez de Guzmán y Zúñiga, el señorío pasó a manos de esta última casa nobiliaria, que mantendría el dominio sobre la villa hasta la desaparición de los señoríos en el siglo XIX.

Los propios nombres del municipio reflejan ese cruce de culturas que caracteriza a su historia. “Villalba”, de origen cristiano, se combina con “Alcor”, un término de raíz árabe que significa colina.

Durante los siglos XVI y XVII, Villalba del Alcor vivió una etapa de crecimiento y expansión. El casco urbano se amplió y surgieron importantes instituciones religiosas, como el monasterio de frailes de Santa María de la Antigua, fundado en 1588, o el convento de monjas calzadas de San Juan Bautista, establecido en 1619.

Convento de las monjas calzadas de San Juan Bautista
Convento de las monjas calzadas de San Juan Bautista / carmelitasenvillalba.com

Ya en el siglo XIX, el aumento de la población y el peso de la agricultura transformaron profundamente el paisaje. La roturación de nuevas tierras permitió la expansión del cultivo de la vid, que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes motores económicos del Condado.

El auge del vino impulsó además el desarrollo de una importante industria vinatera, con numerosas bodegas y alambiques dedicados a la producción de aguardiente que reflejaban la pujanza económica de la época.

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