No es Groenlandia, pero esta parte de Huelva también se la quiso anexionar otro país
La historia real del pueblo de la Sierra de Huelva que otro país intentó atribuirse durante la Edad Media
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La tensión que se masca actualmente en la escena internacional debido al deseo de Donald Trump (y según él, necesidad) de anexionarse Groenlandia a Estados Unidos, estando bajo control de Dinamarca, y por lo tanto, formando parte de la Unión Europea, es una situación que se ha dado constantemente en la historia.
España, y más concretamente Huelva, no ha sido ajena a estos intentos por parte de otros países de atribuirse sus territorios (por las buenas, y también por "las malas"), y un lugar que fue constantemente disputado entre España y Portugal, es actualmente uno de los pueblos más bonitos de la provincia, y su emblemática fortaleza.
La historia de Cortegana y su castillo es la de una tierra de frontera, marcada por la tensión constante entre Castilla y Portugal durante la Edad Media. No es una leyenda local, durante décadas, este rincón de la actual Sierra de Huelva estuvo literalmente en juego.
Una frontera caliente entre dos reinos
Tras la conquista cristiana del territorio a los musulmanes en el siglo XIII, la zona norte de Huelva quedó en una posición extremadamente delicada. Castilla avanzaba hacia el sur, pero Portugal también reclamaba estas tierras como propias. La frontera no estaba clara, y eso convirtió a Cortegana en un enclave estratégico de primer orden.
En ese contexto, Portugal llegó a ocupar y controlar áreas muy cercanas, e incluso algunos historiadores sostienen que la comarca estuvo bajo influencia portuguesa durante periodos intermitentes. No era una ocupación simbólica, había incursiones militares, repoblaciones forzadas y choques armados frecuentes.
El castillo: Una respuesta directa a Portugal
El Castillo de Cortegana no se construye por casualidad. Se levanta a finales del siglo XIII, durante el reinado de Sancho IV de Castilla, como una fortaleza defensiva explícita para frenar la expansión portuguesa y asegurar la frontera occidental del reino.
Su ubicación lo dice todo: Domina los pasos naturales de la sierra, controla rutas comerciales y militares, y se integra en una red de castillos fronterizos junto a Aroche o Cumbres Mayores, entre otros tantos. Era una auténtica línea defensiva medieval.
Un territorio disputado durante décadas
Durante años, Cortegana fue un lugar inseguro. Las crónicas hablan de:
- Escaramuzas constantes
- Cambios de control territorial
- Población que huía y regresaba según quién dominara la zona
No fue hasta el Tratado de Alcañices (1297) cuando la frontera entre Castilla y Portugal quedó definitivamente fijada. A partir de ese momento, Cortegana pasó a ser castellana sin discusión, y el castillo dejó de ser un bastión de guerra para convertirse en un núcleo de protección y administración del territorio.
De fortaleza militar a símbolo histórico
Con el paso de los siglos, el castillo perdió su función militar, pero nunca su importancia simbólica. Hoy sigue en pie como uno de los castillos medievales mejor conservados de la provincia, testigo de un tiempo en el que Huelva no era periferia, sino frontera clave entre dos reinos rivales
Un recordatorio de que, durante un tiempo, Portugal sí intentó “quedarse” con esta parte de Huelva.
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