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Cabezas Rubias, donde nadie es forastero

Cabezas Rubias atesora una historia milenaria labrada con el esfuerzo de sus gentes. En un medio natural verdaderamente privilegiado, las tierras rubiatas han convivido con los aprovechamientos más tradicionales de la sierra, basados en la ganadería y la agricultura. Su historia, sus fiestas, su gastronomía, su naturaleza y sus gentes son una excelente invitación para adentrarnos en el Andévalo más puro y genuino.

Dice un fandango antiguo y valiente: "Se fueron las aguas turbias y los malos sinsabores, se fueron las aguas turbias y fundaron sus amores gentes de Cabezas Rubias ¡Ay! Naciendo, las nuevas flores". Este elemento fundamental del folclore nos sirve para retratar el asentamiento de colonos en el Campo de Andévalo al amparo de repoblaciones de los señores de Niebla a finales del siglo XIII Y principios del XIV.

Unos años después, en 1309, se le concedió una dehesa boyal para poder criar ganado e incrementar los habitantes. Se llamaba entonces la población: Cabeza de Andévalo. Después se le añadirá el topónimo Rubias en honor a los cabezos rojizos de los alrededores. En torno a 1325 ya se había convertido en aldea de Niebla.

Cabezas Rubias se caracteriza por su continuo contacto con la naturaleza y por sus casas encaladas con tejados rojizos a dos aguas

En un espacio difícil, marginal, periférico y fronterizo han debido desarrollar los vecinos sus vida, sin embargo, poco a poco han ido construyendo un enorme patrimonio natural y cultural. Si algo caracteriza el día a día es el contacto con la naturaleza y las construcciones de sus casas encaladas con tejados rojizos a dos aguas.

La llegada de diversas civilizaciones ha permitido que el término municipal este salpicado de yacimientos arqueológicos, siendo los más antiguos los calcolíticos. Pero también destacan elementos del patrimonio religioso como la iglesia parroquial bajo la advocación de la Patrona Nuestra Señora de Consolación, construida a finadles del siglo XVIII.

Imagen del Molino de la Divisa. Imagen del Molino de la Divisa.

Imagen del Molino de la Divisa. / Anhaga

El elemento más significativo del pueblo es su Molino de la Divisa. Este molino es uno de los más bellos que se puede contemplar en toda la provincia. Formaba parte de la red de molinos que iba desde Niebla a Portugal. Fue levantado en la segunda mitad del siglo XVIII siguiendo uno de los tres esquemas de molino mediterráneo, el más abundante en España. Ahora, después de una dura vida de trabajo, el molino La Divisa se encuentra restaurado y puede ser visitado fácilmente por cualquier/a viajero/a que quiera disfrutar de una excelente vista del pueblo y del comienzo de la sierra del Andévalo.

Cabezas Rubias también posee un patrimonio natural con la finca denominada La Sierra, una inmensa finca de más de 2.000 hectáreas con repoblaciones de pinos y eucaliptos, cercana al poblado del Mustio, que la convierte en un territorio ideal para practicar deportes como la caza o el senderismo. Su situación, climatología y diversidad de carriles y caminos la posicionan muy bien para ofrecer al turista rutas de senderismo.

El 20 de enero se celebra la festividad de San Sebastián, uno de los hito del calendario festivo rubiato.

Romería de San Sebastián. Romería de San Sebastián.

Romería de San Sebastián. / Ascensión Siso

Desde los años 80 del siglo pasado se celebra la Romería de San Sebastián el segundo fin de semana del mes de mayo en el cabezo 'El Buitrón'. En dicho cabezo se encuentra otro de los monumentos a visitar en Cabezas Rubias, la 'Ermita de San Sebastián', construida en 1989.

Su diseño sigue las directrices del barroco andaluz, de carácter humilde, consta de un solo cuerpo y un pequeño ábside en el que se sitúa el altar, lugar don se encuentra la imagen de San Sebastián. Fue construida y sufragada por todos/as los/as vecinos/as del municipio. A mediados de agosto se celebra la popular feria en honor de Nuestra Señora de Consolación con actividades tradicionales como las carreras de cintas a caballo en la calle Rincón.

La gastronomía del municipio está estrechamente ligada a la ganadería de cerdos, ovejas, cabras o vacas y a recursos naturales como las setas, donde destaca el gurumelo. La sabiduría de las mujeres ha proporcionado excepcionales platos como la caldereta de cordero, el guisado de revoltillos, gazpacho de invierno o los potajes y cocidos de gurumelos. Los dulces y postres no le van a la zaga destacando los gañotes, tortas de chicharrones, poleas, piononos, rosas y roscos.

En definitiva, Cabezas Rubias es una tierra amable, donde nadie es forastero, con una variedad de encantos por enseñar a sus visitantes.

Vista de Cabezas Rubias al anochecer. Vista de Cabezas Rubias al anochecer.

Vista de Cabezas Rubias al anochecer. / Anhaga

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