Fútbol| División de Honor

Un cruel final para el Cartaya (2-2)

  • El Espeleño le empató en el 97 cuando el árbitro había dado seis minutos. Doblete de Josué. El equipo de Amate acusó al final las cuatro sensibles ausencias. Volvió el público al Municipal cartayero

El Cartaya (en la imagen ante el Écija) mereció un triunfo que se escapó in extremis. El Cartaya (en la imagen ante el Écija) mereció un triunfo que se escapó in extremis.

El Cartaya (en la imagen ante el Écija) mereció un triunfo que se escapó in extremis. / Josué Correa

La vida es un carrusel que no tiene nada de perfecta. Existe los momentos prefectos, pero nunca la perfección al completo. Es posible que el partido del Cartaya ante el Espeleño sea una asimilación de todo eso, o al menos el resultado final, que, por cierto, no pudo ser más cruel para los rojinegros. Pasada ya del tiempo añadido por el árbitro, que al final se convirtió en el protagonista, cuando los cordobeses alcanzaron un empate que nunca merecieron ni por juego ni mucho menos por ocasiones. El caso es que el Cartaya, con cuatro bajas titularísimas, estiró la cuerda hasta donde pudo y más allá. Fue cruel, muy cruel el desenlace.

Sin Asuero, Lolo, José Díaz ni Barrero, Amate tuvo que calentarse la cabeza para disponer de un once que hiciera honor a lo que llevaba de Liga. Y por primera vez en lo que va de temporada, el conjunto onubense se dejó la caraja en el vestuario y salió al campo con las pulsaciones a mil por hora. Y fruto de esa alteración marcó el primero a los dos minutos de partido. Ver par creer. Pase de tiralíneas de Pereira, ese tipo de pases que solo ve él, para Josué que enfiló el retrato del uno para uno con el portero y le susurró que no se tirase. No se puede definir mejor. Uno a cero y primera ronda que pagaba un dubitativo Espeleño. Porque una cosa es querer salir con el balón jugado desde la cama y otra es tener los jugadores para hacerlo. La defensa del conjunto de Espiel es lenta, y, por consiguiente, la presión del Cartaya le ahogó el balón, la mente y espíritu, una y otra vez.

Con las palmas sonando en las gradas, encantados los aficionados con su equipo, el retorno de los incondicionales no podía llegar en mejor momento. Multiplicado por mil cuando a los 18 de partido, el mismo Josué, más listo que nadie, metió la punterita sutilmente en un barullo para anotar el segundo. Era el éxtasis, no ya por los dos goles, que también, sino porque el Espeleño a ese tiempo de partido era un flan que se caía solo. En la primera parte no ocurrió nada más. El Cartaya se sintió seguro con su modo de vivir y el Espeleño no hallaba el camino para resucitar en su propia vida.

Sin cambios al inicio de la segunda parte, el decorado no cambió. Con el paso de los minutos el conjunto de Quero fue desnudándose, acumulando hombres en la zona de laboratorio y el Cartaya fue reculando por inercia al mismo tiempo que por agotamiento. El técnico visitante introdujo cambios y Amate aguantó hasta donde pudo, sin que el Espeleño hallase el modo de meterle el diente al equipo rojinegro, hasta que se produjo un saque de banda, no acertó a despejar el balón la cobertura onubense y Alex Molina, que pasaba por allí la empujó a la red. Se consumía una hora de partido y empezaba un nuevo pleito. Faltaba por saber qué hacía el Cartaya y que interpretación le daba el Espeleño.

Curiosamente, los cordobeses siguieron al paso y el Cartaya lo agradeció. Para entonces, el conjunto de Amate no estaba para juergas. De hecho, la inteligencia presidió cada movimiento local. Esperó paciente y tuvo tres ocasiones para matar el partido y al rival, sobre todo dos para Álvaro Pereira, que no transformó.

Llegados al tiempo extra todo estaba controlado, al menos eso parecía. Pero no contaba el Cartaya con el árbitro, que añadió seis minutos de forma incomprensible y, no contento con eso, añadió otro más que fue el momento fatídico, porque a la salida del último córner, ya fuera del propio descuento, marcó Figueroa. Pudo pitar cualquier cosa, desde falta al portero hasta un posible fuera de juego y pitó gol. Imagínense las caras de unos y de otros. La vida no es nada perfecta. Pero existen los momentos perfectos. Primero lo vivió el Cartaya y luego el Espeleño. Eso sí, el momento perfecto de los cordobeses se lo dibujó el colegiado. Y claro, así la vida es mucho más fácil. 

FICHA TÉCNICA

Cartaya: Pedro, Manuel, Novoa, Juan Lago, Franci Ruiz, Mario, Marcos, Josué (Mamadou), Adri, Pereira (Pitu) y Japón (Guille).

Espeleño: Paquito, Tena, Vega (Alex Molina), Recio, Osuna, Edu (Guti) (Jesús), Rafalillo, Polaco, Manuel, Paco Cano y Adrián (Figueroa).

Árbitro: Jurado Ignacio, mal. Amonestó por los locales a Franci, Josué, Pereira y Marcos y por los visitantes a Recio, Edu, Manuel, Figueroa y Alex Molina.

Goles: 1-0 m. 2 Josué; 2-1 m.18 Josué; 2-1 m. 61 Alex Molina; 2-2 m. 97 Figueroa.

Incidencias: Unos 400 espectadores.

RESULTADOS

CLASIFICACIÓN

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