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Cuaderno de ideas | Crítica

Átomos de cuentos

  • El 'Cuaderno de ideas' de H. P. Lovecraft reúne decenas de citas, vislumbres, esbozos o borradores que contienen a pequeña escala las fascinantes coordenadas de su mundo

H.P. Lovecraft (Providence, 1890-1937) retratado en 1934 por Lucius B. Truesdell.

H.P. Lovecraft (Providence, 1890-1937) retratado en 1934 por Lucius B. Truesdell.

Como muchos otros lectores, a juzgar por las continuas reediciones o adaptaciones de sus historias en todos los formatos, siente uno por H. P. Lovecraft la gratitud que se reserva a los amigos de siempre, un afecto antiguo e inextinguible que remite a las tardes y noches en las que descubrimos de su mano el placentero escalofrío que provocan ciertos libros, sobre todo los que literalmente nos sacuden a edades tempranas, dando pie a recuerdos tan intensos que se confunden con los de las experiencias reales. Los reparos que puedan hacérsele a su escritura, las enfáticas reiteraciones o el estilo ampuloso y arcaizante, no niegan la formidable capacidad del solitario de Providence para recrear lo que él mismo llamó, en su elaborada clasificación de las narraciones del género, el horror cósmico. Desde la absoluta marginalidad, Lovecraft difundió su obra en revistas populares, dirigidas a los incondicionales, y es probable que se hubiera sorprendido de la fama y la influencia póstumas de unos relatos que en vida no fueron celebrados más que por los fieles devotos de su círculo. Más allá de su personalidad anacrónica y atormentada, de las inquietantes raíces ideológicas que sustentaban su desdén de la modernidad, de las diferentes fobias que se traslucen en sus escritos, el creador de los mitos de Cthulhu es un grande de la literatura fantástica, también en calidad de teórico y desde luego como practicante, de modo que no extraña la veneración asociada a su nombre.

Aunque breve y fragmentario, el libro tiene la virtud de introducirnos en el taller del fabulista

En el vasto océano que conforman sus textos y particularmente su correspondencia, este Cuaderno de ideas, recién publicado por Periférica en traducción de Andrés García Román y Carmen Ibáñez Berganza, ocupa un lugar muy pequeño en extensión, pero tiene la virtud de introducirnos en el taller del fabulista desde sus primeras ficciones hasta la última etapa de su trayectoria, abarcando el periodo comprendido entre los años 1919 y 1934, tres antes de su muerte. Como explica García Román, traductor también de una recopilación de su poesía, Un tenue éter indeterminado (Hongos de Yuggoth), aparecida en Pre-Textos, el título original, Commonplace Book, remite a una tradición sobre todo anglosajona, ya cultivada por Milton y famosamente prescrita por Locke, que tuvo especial predicamento en el siglo XVIII, favorito de Lovecraft para quien la edad presente, aunque no viviera desinteresado de la política ni dejara de seguir las novedades de la ciencia, se identificaba con un tiempo degenerado y sin encanto. De acuerdo con la escueta y precisa descripción del autor que figura al comienzo, el Cuaderno se compone de "ideas, imágenes y citas anotadas a vuelapluma para su posible uso futuro en ficciones de misterio", en su mayor parte "meras sugerencias" o "impresiones arbitrarias destinadas a mantener en activo la memoria o la imaginación". Sus fuentes, añade el mismo Lovecraft, son diversas: "sueños, lecturas, encuentros casuales, divagaciones, etcétera".

Lovecraft escribe aquí de una forma menos verbosa de lo habitual, más aséptica y concentrada

Apuntes sucesivos, por lo tanto, vislumbres, esbozos o borradores, a veces desarrollados en textos mayores y otras consignados como gérmenes o posibilidades, que no es descartable que usaran otros autores de los muchos que se beneficiaban de su consejo e influjo o aun de sus prestaciones como ghost-writer. Bastantes de ellos, a veces de una sola frase, como "La mano de un cadáver escribe" o "Un ave parlante imperecedera revela secretos al cabo de mucho tiempo" o "Lo que eclosiona del huevo primigenio", funcionan como microrrelatos, y acaso se benefician del formato en el sentido de que Lovecraft escribe en estas notas de una forma menos verbosa de lo habitual, como también señala García Román, más aséptica y concentrada. Los "átomos de cuentos por hacer", en afortunada definición del traductor, han cobrado un valor añadido a ojos del lector contemporáneo, tan receptivo al potencial de sugerencia de los fragmentos y las formas breves, pero además podemos leerlos como mínimos guiones o tanteos en bruto, reveladores en tanto que previos a la enunciación propiamente literaria. "Unas solitarias lagunas y ciénagas de Luisiana. El demonio de la muerte. Una vieja mansión con jardines. Unos árboles cubiertos de musgo. Festoneados de musgo español". O bien: "Una antigua necrópolis. En la ladera de una colina hay una puerta de bronce que se abrirá mientras la ilumine la luna. ¿Refractada por una lente primitiva situada sobre una columna?". Es el territorio sombrío e inequívoco de Lovecraft, habitado por terrores y angustias recurrentes, pero con cabida también para una rara expresión de la belleza.

Escultura de H. P. Lovecraft en Providence, obra de Gage Prentiss. Escultura de H. P. Lovecraft en Providence, obra de Gage Prentiss.

Escultura de H. P. Lovecraft en Providence, obra de Gage Prentiss.

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