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Las turbulencias del "juez Serrano"

Ilustración del Juez Serrano. Ilustración del Juez Serrano.

Ilustración del Juez Serrano. / Rosell

Hay carreras que parecen llamadas a tener un recorrido sinuoso y oscuro, trayectorias que si tuvieron un comienzo convencional y puede que hasta unos balbuceos casi sobresalientes, giraron -o se torcieron bruscamente- en algún recodo inesperado tras el que se abrió una pendiente con un descenso sin posibilidad de vueltas atrás para acabar en el fondo con una caída a veces escandalosa y otras sin que casi nadie se percate.

¿En qué acabará la bajada de Serrano? ¿Habrá jaleo a su alrededor o será -lo ha sido ya- olvidado y apenas habrá quien se percate de su caída? Él mismo echó mano del ruido, y en muchas ocasiones también de la furia, cuando emprendió la senda de la política en las filas del Vox, la formación en la que mejor -o únicamente- podía encajar con sus ataques a su bestia negra, lo que considera una dictadura de género instaurada por los que la ultraderecha llama grupos de presión feminazis, y contra la nefasta política migratoria que ha abierto las puertas de España -y sobre todo de Andalucía como primera frontera- a lo "peor" de cada casa.

El itinerario de Serrano está sacudido por las turbulencias. El mismo éxito de su aventura como político es una de ellas. Fue el candidato de Vox -un partido que abomina del Estado de las autonomías- a la Presidencia de la Junta en las elecciones del 3 de diciembre de 2018. Dio el aldabonazo del partido de Santiago Abascal, que irrumpió así por primera vez en las instituciones, poniendo la primera piedra de lo que después estaba por venir.

Fue de esa manera como se reinventó. Respondió así a todo el proceso de inhabilitación que finalmente no lo echó de la carrera judicial. El "juez Serrano", como gusta ser llamado, cambió el estrado por los mitines. Se había fogueado en una primera campaña electoral que no le dio frutos, ni a él ni a Vox, en 2015. Pero en 2018 el escenario había cambiado. Él y sus once compañeros que se hicieron con un escaño en la Cámara autonómica fueron claves para que Juanma Moreno presidiera el actual Ejecutivo PP-Ciudadanos. Serrano era el jefe del grupo parlamentario, pero no duró demasiado como el líder indiscutido que muchos presumieron.

El sendero se bifurcó cuando el Tribunal Supremo dictó la sentencia condenatoria contra los miembros de la Manada. Serrano, abonado a las tesis que ven en las leyes contra la violencia de género una aberración que da cobertura a muchas denuncias falsas de mujeres con sed de venganza, se quedó solo en sus críticas al dictamen del alto tribunal. Sus compañeros no lo acompañaron, habían optado por otro carril. Y su voz dejó de oirse en el Parlamento.

Ahora da tumbos por unos negocios que no huelen bien para la Fiscalía. Se aleja de Vox, pero no del escaño. Quedarse en él conlleva una asignación. Hay que preguntarse si en su antiguo partido lo verán como una "paguita".

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