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El tren de Iryo que descarriló superó tres revisiones en los últimos tres meses, la última tres días antes

El buen estado de frenos, bajos, suspensiones y bogies quedó acreditado, lo que refuerza la hipótesis de la vía fracturada como origen del siniestro

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El equipo de criminalística de la Guardia Civl inspecciona las ruedas del vagón 6 de Iryo. / GUARDIA CIVIL

El tren Iryo 6189 que descarriló el pasado domingo en Adamuz acumulaba tres años de servicio y había superado todas las revisiones previstas en su plan de mantenimiento. Los informes internos señalan que el vehículo cumplió sin desviaciones el calendario técnico y que cada inspección se cerró con resultados conformes, según han confirmado fuentes conocedoras de la investigación a este diario. Estos datos refuerzan la idea de que el origen del accidente no tuvo que ver con el material rodante, una idea que se ha visto reforzado por los primeros hallazgos de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, que apunta como causa preliminar del siniestro la rotura del carril en la zona cero del descarrilamiento. La propia Comisión ha recalcado que sus conclusiones son todavía provisionales, pero subraya que la fractura de la vía es compatible con las marcas detectadas en las ruedas del tren siniestrado y en otros tres, de Renfe y de Iryo, que circularon en el mismo sentido esa tarde.

El operador privado, siguiendo las indicaciones del fabricante del tren, Hitachi, había realizado una revisión específica de los bogies el 14 de octubre. Los técnicos no detectaron defectos en los sistemas que sustentan la estructura del tren ni en los componentes que soportan el peso y el guiado sobre la vía. El informe certificó que todos los parámetros se encontraban dentro de los márgenes exigidos, lo que demuestra que el tren circulaba con las garantías previstas.

Revisión de ruedas y control integral

El 31 de diciembre de 2025 se efectuó una segunda revisión vinculada al perfilado de ruedas. Esta intervención es determinante para asegurar un contacto estable con el carril y minimizar cualquier desviación en la rodadura. La unidad 6189 superó también este control sin incidencias.

La última inspección se practicó el 15 de enero de 2026, tres días antes del accidente. Fue una revisión integral que afectó a frenos, bajos, suspensiones y bogies. En ella se dejó constancia de que el tren superaba el control “sin defectos ni averías”, según la información facilitada por fuentes conocedoras del expediente técnico. Los investigadores consideran especialmente relevante este punto: avala que la composición estaba apta para la circulación en el momento del siniestro y refuerza la hipótesis de que la causa no estuvo en un fallo del material rodante.

La vía, en el centro de la investigación

La Comisión ha señalado este viernes que las marcas encontradas en las ruedas del tren descarrilado son compatibles con el impacto contra un carril fracturado en el punto donde se inició la secuencia del siniestro. Aunque se trata de una hipótesis de trabajo pendiente de verificación, sostiene que la geometría de las muescas observadas y la deformación detectada en la zona cero coinciden con los efectos que provoca una rotura previa de la vía. El documento de la Comisión apunta, por tanto, a una causa externa al tren, por lo que se deduce que la composición circulaba en condiciones óptimas.

Las actuaciones sobre el terreno se completaron con la recogida de muestras de carril y la extracción de los registradores de ambos trenes implicados. El organismo investigador enviará ahora esas muestras a un laboratorio para determinar el origen de la fractura y analizará los datos de los registradores para reconstruir con precisión los segundos previos al descarrilamiento. La Comisión recuerda que sus investigaciones tienen un carácter exclusivamente técnico y que sus conclusiones definitivas se recogerán en el informe final.

Tres años de servicio y sin historial adverso

El tren 6189 acumulaba tres años en operación y no tenía constancia de fallos relevantes en su historial de mantenimiento. Todas las revisiones ejecutadas desde su entrada en servicio se habían completado dentro de los ciclos previstos y sin registrar anomalías significativas. La información conocida hasta ahora consolida la idea de que el tren estaba en perfecto estado para prestar servicio cuando se produjo la rotura del carril que investiga la Comisión.

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