Los papeles del Golpe del 23F nos aclaran cómo eran los fachas
Más mayores y más diversos
La radiografía de la comunidad ha cambiado: con más estudios, menos matrimonios y menos hijos
El PIB per cápita ha crecido en veinte años en más de 18.000 euros y está en 26.896 euros
Cuarenta y seis años después de que los andaluces dijeran sí en las urnas, la comunidad tiene mucho que contar. Ahora somos 2,2 millones de personas más. Más diversos (cerca del 11% de la población es extranjera), más mayores (los andaluces tienen ahora casi 12 años más de media), más formados (ahora 586.000 personas no tienen estudios; en 1980, eran 4,4 millones).
También puede conjugarse a la inversa: nos casamos menos (un 45% menos), tenemos menos hijos (un 61,3% menos, porque las mujeres tenían de media casi tres hijos en los ochenta, y ahora poco más de uno), tenemos -inevitablemente- menos jóvenes: el porcentaje de menores de 16 años ha pasado del 31% de la población a menos del 15%.
Bajan los artistas que declaran una propiedad intelectual. En catorce años hay dos centenares menos, más mayores y aún con predominancia masculina: en 2010 más del 70% de la autoría recaía en los hombres; ahora es algo menor del 65%.
Desconocemos el producto de estos artistas, pero lo que sí es certero es que suben los visionados en el cine y no crecen al mismo ritmo los préstamos de libros en las bibliotecas. Se han triplicado las salas de cine y ahora vemos más películas españolas que en los noventa: dos millones de visionados respecto a los 683.000 de antaño (un 16% de los espectadores se decantan por el producto nacional frente al 9% de entonces). Andalucía también triplica sus bibliotecas y puede presumir de doblar los visitantes a sus conjuntos monumentales y museos: en 2024, último año de datos disponibles, se registraron 2,3 millones de personas.
Más ancianos solos
A finales del siglo pasado, un 10% de los andaluces era mayor de 65 años, grupo que hoy duplica los puntos porcentuales. También hay más ancianos solos: si en 1988 eran casi 42.000 las personas que vivían sin compañía, ahora suman 248.000 (490% más personas). Cerca de 1,2 millones de mayores reciben ayuda de los servicios sociales, frente a los 845.000 de 1995. Los jóvenes también están más atendidos: si entonces había veinte centros destinados a atenderlos, ahora hay 467.
Se ha recortado la disparidad de la esperanza de vida entre hombres y mujeres, ciñendo los seis años de diferencia de 1980 a los cinco años y tres meses que los separan en la actualidad, más cerca de la media de otros países. Las andaluzas nacen con una esperanza de vida de casi 85 años y medio (respecto a los 77,4 de entonces) y los hombres, con poco más de 80 años, pero en una importante subida desde los 71,5 del pasado.
Si aún hablamos de brechas, los hombres andaluces y residentes en la comunidad cobran una media de 22.600 euros anuales, mientras que las mujeres no llegan a los 18.000; una diferencia de algo más de los 4.000 euros que los separaban en 1999.
La economía ha ido ganando músculo. El PIB per cápita ha crecido en veinte años más de 18.000 euros (hasta los 26.896 actuales) y el saldo de la balanza comercial es positivo: en los noventa, Andalucía tenía una deuda de 533.000 miles de euros, que en 2025 había convertido en un saldo positivo de 572.181 miles. La industria andaluza ha crecido mucho, pero hay cosas que no cambian: el 75,5% del PIB recae en el sector servicios (con un peso en 1995 del 67,3%), al que miran de lejos la industria (11%, 14,5 antaño), la agricultura y la construcción, que intercambiaban puestos a finales del siglo XX.
La comunidad también es más verde: aunque hay 50 vehículos más por cada cien habitantes, cada vez hay más transportes eléctricos, Andalucía tiene más hectáreas de agricultura ecológica que nunca (casi triplica la superficie del 2006), se registra una mayor calidad del agua y se han multiplicado las playas con banderas azules y las estaciones de control de la contaminación: parece que los andaluces quieren cuidar de su tierra.
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