“Las consecuencias del temporal podían haber sido mucho peores”
Gloria María Martín | Presidenta de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir
Al frente del organismo casi centenario se ha enfrentado a un tren de borrascas que ha puesto a prueba unas instalaciones controladas a tiempo real en toda la cuenca
Defiende la coordinación llevada a cabo durante los momentos más complicados entre todas las administraciones y el trabajo de sus técnicos
Gloria Martín Valcárcel asume la presidencia de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir tras la jubilación de Joaquín Páez
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La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha gestionado durante el último episodio de lluvias intensas un complejo sistema de 50 embalses principales para evitar una catástrofe mayor en Andalucía. La coordinación entre administraciones, la tecnología de monitorización y la experiencia acumulada en casi 100 años de historia han sido claves para minimizar los daños.
Pregunta.–Hemos aprendido muchas cosas estos días de borrasca. La última, la laminación, ese control de lo que hay en cada uno de los embalses y que se preparan para lo que viene según las previsiones.
Respuesta.–El Guadalquivir es como una gran espina de pez. Los embalses principales, aguas abajo, llegan todos al final de su curso. Hay que tener en cuenta todo ese aporte extraordinario y el efecto que puede tener. Cuando las previsiones de Aemet empiezan a decir que llega un episodio de lluvia que se va a dilatar en el tiempo, los 17 ingenieros de explotación trabajan con los datos de 8.000 señales del sistema de alerta de información hidrológica. Sigue lloviendo, empieza a producirse escorrentías y a llegar a los embalses. Hay que tener en cuenta también que los cauces que no están regulados, que no tienen ningún tipo de embalse, también van aportando al cauce en el que desembocan y con esas previsiones, hacen ese cálculo para tener ciertos resguardos.
P.–Menos mal que algunos embalses no llegaban ni al 40% de su capacidad.
R.–Conforme fue avanzando el temporal y este enjambre de borrascas, nos quedamos sin resguardo. Había embalses que ya llegaban al 100% de capacidad y comenzaron a aliviar. Con el poco margen que teníamos, hicimos cálculos en todos los embalses y en toda la cuenca para, sobre todo, laminar esas avenidas que hubieran sido mucho mayores en el caso de que no hubiera habido esos desembalses programados.
P.–¿Llegaron a pensar que iba a ser una catástrofe?
R.–Hubo mucha preocupación e incertidumbre. El último episodio excepcional que tuvimos fue en 2010, cuando se produjeron daños y hubo zonas inundadas. Las previsiones es que seguía lloviendo. Sabíamos que había zonas que se iban a inundar y todas las administraciones, hicieron desalojos preventivos. Se ha minimizado todo lo posible.. Creo que con esa anticipación hubo mucho control de la situación. No ha habido daños personales y los materiales, se han minimizado mucho porque hubo mucha coordinación tanto con Protección Civil, con la Junta y con los alcaldes que eran plenamente conscientes de la situación y de que tenían que anticiparse.
P.–La situación fue complicada en Córdoba.
R.–El caudal que pasó por Córdoba fue mucho mayor al que pasó por Sevilla. También aquí hubo un poco de preocupación en un día concreto, cuando venía esa punta de caudal, un aumento progresivo que se producía durante unas horas. Primero pasó por Córdoba y a las 24 horas pasó por Sevilla. Eso se laminó mucho, con lo que se dilató en el tiempo y no fue tan pronunciado. Las previsiones apuntaban a una cantidad de lluvia mayor a la que se estaba produciendo.
P.–¿Tienen relación con la otra parte, las cuencas gestionadas por la Junta?
R.–Se reunió el Comité Asesor del Plan de Emergencias ante inundaciones, declaró el nivel dos.
P.–La declaración fue inmediata.
R.–El nivel operativo nivel dos fue declarado el 3 de febrero y desde entonces hemos tenido asistencia por parte de la Junta, aparte del consejero de Agricultura y todas las cuencas implicadas. Nosotros abarcamos la mayor parte del territorio de Andalucía, pero también estaba el Segura, que tiene una pequeña parte, y el Guadiana. Y luego ellos sus cuencas internas, la Mediterránea y la Atlántica. Y ha habido Cecopi todos los días y los primeros días más críticos, incluso un par de veces.
P.–Se ha destado mucho la coordinación entre todos.
R.–Ellos tienen nuestra información de forma continua y automática, pero les poníamos un poco la situación del día, cuáles eran los embalses que estaban desembalsando, y los sitios que nos preocupaban más. La información ha sido muy fluida.
P.–Todo ha funcionado como debería, incluso mucho mejor.
R.–En las reuniones, independientemente que hubiera un consejero, presidente de la Junta o de la Confederación, se hablaba de las cuestiones técnicas. Nosotros exponíamos cómo teníamos los embalses y qué desembalses importantes íbamos a hacer, para que tuvieran todos los datos. Ellos hablaban de sus cuestiones de su competencia, de si había zonas afectadas, colegios cerrados y de decisiones que se adoptaban con los datos que les exponíamos en el Cecopi.
P.–Y que cambiaban a tiempo real.
R.–No se trata de ver una señal, sino de su interpretación. Las señales tienen tres umbrales, amarillo, naranja y rojo. El rojo es cuando ya se producen desbordamientos. Pero que haya nivel rojo no significa obligatoriamente que haya daños a personas o a viviendas, sino puede haber afecciones a los campos ribereños, o zonas de cultivo. No tiene que ser exactamente a poblaciones. Hubo momentos con más de 20 señales en rojo.
P.–Era muy alarmante verlo.
R.–Hay que ver dónde exactamente está en rojo o en naranja, saber interpretarlo, saber qué hay aguas arriba, dónde confluyen los cauces.
P.–¿Cuándo llegaron a la conclusión de que la situación estaba controlada?
R.–Cuando la Aemet dio una previsión de que ya había pasado lo peor, la verdad. Cuando dijeron que venía alguna borrasca más, pero que no era de la misma intensidad. Ahí es empezamos a ver un poco de luz.
P.–Se han apresurado a asegurar que esto no es, ni mucho menos, el fin de la sequía.
R.–Sí que estamos más tranquilos.
P.–¿Temen que ahora, agricultores y regantes pidan más agua?
R.–Hacemos una reunión de la comisión de desembalses, en la que están representados la gran mayoría de los usuarios, alrededor de marzo o abril. Se ve cómo ha sido el año o con qué recursos contamos y se hace una planificación de la campaña de riego del verano. Y el año pasado se autorizaron 1.200 hectómetros cúbicos.
P.–Casi el pleno.
R.–Casi como una campaña normal, que no era así desde hace bastantes años. Este año, la campaña será normal. La dotación que se autorizará será el 100%. Eso no significa que hayamos resuelto todos los problemas de la cuenca. Ésta tiene un déficit estructural que creo que los regantes saben que es así. Saben que tienen esa responsabilidad y saben, como sabemos todos, que vendrán otros años complicados, pero sí es verdad que esto nos ayuda a tener varios años de campañas normales.
P.–Siempre han rechazado la construcción de más presas.
R.–Hay dos presas que están en nuestro que son Cerrada de la Puerta, que está entre límite en las provincias de Jaén y Granada y está pendiente de licitación y de redacción del proyecto. Y luego hay otra que es la de San Calixto, entre Puente Genil y Écija, que se va a adjudicar. Esas dos están planificadas y cuando se redacten los proyectos se licitarán las obras que son de varios años.
P.–¿Son para evitar inundaciones o para conseguir más recursos?
R.–Para aumentar la garantía de la cuenca y para laminar avenidas. El resto de presas, no es que no queramos hacerlas, es que no se han visto más sitios viables en los que se puedan poner. Estamos en una cuenca ya muy regulada y no es tan fácil que se cumplan todos los criterios ambientales. Sí solicitan balsas, que son pequeñas y que pueden ayudar a regular de alguna manera, pero grandes presas, aquí ya no se pueden hacer muchas más.
P.–Se dice que el mar reclama su título de propiedad. El río también. ¿Están adaptándose a la nueva realidad del cambio climático?
R.–Eso ya es una realidad. En nuestro plan hidrológico que abarca el ciclo de planificación del 2028 al 2033, ya se incluye la variable. Ya se tenía en cuenta, pero ahora se incluye como una variable fundamental. Esos abarcan muchas cosas, aguas regeneradas, garantías, aguas subterráneas y zonas protegidas. Todas llevan un apartado de cambio climático.
P.–También han conseguido que la gente tenga más confianza en las instituciones y en los técnicos.
R.–La Confederación el año que viene cumple 100 años. Tenemos experiencia.
P.–¿Cómo fue la situación en Sevilla? ¿Hubo peligro de desbordamiento del río?
R.–El caudal punta fue un sábado por la noche. Estuvimos toda la tarde trabajando para intentar laminar esa punta, tanto desde nuestros embalses como los que gestiona Emasesa y el embalse de Cala que lo gestiona Endesa. En ese momento puntual conseguimos rebajar unos 400 metros cúbicos por segundo lo que pasó por Sevilla. Llegaron a pasar 4.700 metros cúbicos por segundo. Hubieran sido 400 más si no hubiéramos hecho todas esas actuaciones concretas en esos embalses que además están muy cerca del Guadalquivir.. Cuando se para un desembalse se nota mucho el caudal que deja de llegar. Y eso se ha hecho en todos los sitios, en todas las provincias, se ha hecho en Córdoba, se ha hecho en Jaén, que también hubo bastantes problemas. Estoy totalmente convencida que esto podía haber sido mucho peor.
P.–¿La gente es consciente de ello?
R.–Tenemos un plan de gestión de riesgo de inundaciones que se tramita en la Comisaría de aguas, donde están identificadas las zonas de riesgo, las zonas inundables y las medidas que todas las administraciones tenemos que hacer, como el plan hidrológico, pero enfocado a las medidas para disminuir el riesgo. Eso es una cuestión en la que trabajamos durante años, pero claro, cuesta llegar a la gente. Lo que hemos visto es que nuestros mapas, nuestras zonas de inundación coinciden con la zona que se ha inundado. Esos modelos concuerdan y si no, nos vale también este episodio para calibrarlos y ajustarlos. También hemos tenido que gestionar una sequía durante varios años, que es muy complicado.
P.–Antes tuvieron que gestionar una sequía
R.–En la cuenca del Guadalquivir tenemos 900.000 hectáreas de regadío. Es la cuarta parte de todo el regadío de España. Eso no es un milagro, es una cuestión de mucha gente trabajando, inversiones e infraestructuras que hacen que el sistema funcione incluso cuando haya varios años que no ha llovido mucho o ha llovido muy poco. Hace un par de años o tres, la situación era la contraria y muy complicada. Eso también hay que gestionarlo y además con una cuestión fundamental, que es que trabajamos con un grado de incertidumbre muy grande, no sabemos cuáles van a ser los recursos del año que viene en cuanto a precipitaciones.
P.–¿Qué previsiones hay para esta primavera?
R.–En marzo, estos dos últimos años, ha llovido mucho. El año pasado hubo cuatro borrascas seguidas que nos vinieron muy bien porque aumentaron bastante los recursos. Ahora esperemos que no sea tanto, pero nos pilla otra situación totalmente diferente.
P.–Sin entrar en polémicas. ¿Tablada es una zona inundable?
R.–Sí. Como muchas otras. Respecto a nuestros estudios, esto ha sido una avenida más o menos de un T10, es decir, un periodo de retorno de 10 años. Ahora no se ha inundado, pero eso no quita que no se pueda inundar. Las zonas inundables no cambian. En el plan de gestión de riesgo de inundaciones están esos mapas identificados que tienen su tramitación administrativa. No lo vamos modificando, tiene su tramitación.
P.–Vamos a Doñana. Tampoco es para celebrar nada, pero lo que ha caído es bueno para el acuífero, ¿no?
R.–Es verdad que con un año bueno parece que todo se soluciona. Doñana no se soluciona en un año. Ayuda, pero es que lleva 10 años muy malos. Ahora mismo, por ejemplo, la superficie inundada de marisma, se ha pasado de unas 17.000 hectáreas en febrero del año pasado a unas 32.000 ahora. Eso es una buena noticia, pero luego, por ejemplo, tenemos los datos de nuestros piezómetros y también han aumentado. Pero sí vemos, por ejemplo, al sur de Villamanrique, que es una de las zonas de explotación intensa, no ha mejorado mucho.
P.–Se sigue extrayendo agua, claro.
R.–Por supuesto y ahora, es la época en la que se extrae más por los cultivos de frutos rojos. Doñana es un sitio muy concreto, que nos obliga a estar muy pendientes, pero evidentemente es una parte pequeña de una cuenca muy grande y con muchos problemas.
P.–¿El Acuerdo vale para algo?
R.–Nosotros venimos trabajando en Doñana en cuanto a inspecciones y a revisiones de derechos de lo que hay otorgado, muchos años. El marco de actuaciones de Doñana nos ha ayudado a darle visibilidad, a avanzar y a impulsar unas medidas que algunas ya se venían haciendo. En los últimos 20 años la situación ha cambiado radicalmente. La gente ya sabe que allí no puede tener un pozo ilegal o que si lo tiene se lo van a cerrar. Y eso, es verdad que hace unos años quizás no había esa sensación, eso es verdad. Pero ahora mismo nosotros tenemos que tengo por aquí los datos, hemos cerrado 816 pozos desde 2019. Para cerrar un pozo, primero, hay que verlo y en eso nos ayuda mucho la teledetección que permite que todo el mundo pueda verlo. Eso también es un efecto disuasorio importante. Revisamos cuáles son las superficies, las cruzamos con los derechos que tenemos nuestra cartografía, y luego van los guardas a las zonas en las que creemos que hay una superficie ilegal. Se inicia un procedimiento sancionador, unas actuaciones previas; ellos pueden pedir medidas cautelares para las que se requiere un procedimiento muy largo, muy garantista para el titular de la explotación. El procedimiento se judicializa y suelen pedir que se suspenda la ejecución hasta que se resuelva el contencioso. Se tarda años. Desde ese mismo año, 2019, hemos reducido el regadío ilegal a casi la mitad.
P.–Suena bien.
R.–El último dato que tenemos de superficie irregular fuera de la superficie agrícola regular era 476 hectáreas. El 2019 era casi el doble.
P.–¿Se han concienciado todos de que el agua no se puede extraer si no se está autorizado para ello?
R.–Al final, son explotaciones que llevan tiempo funcionando y la gente necesita una alternativa también. En base a eso, el marco de actuaciones no sólo tiene carácter ambiental, que es donde están el grueso de las medidas que hace Confederación, que lleva a cabo la CHG. Luego hay otro marco socioeconómico. Una cosa sin la otra es muy complicado, hay que dar una alternativa para que esto se reordene de una vez.
P.–Lo que están haciendo en Los Mimbrales es impresionate.
R.–Lo está haciendo la dirección general de Biodiversidad. La finca se compró precisamente para disminuir las extracciones. Se dejaron de extraer 7,9 hectómetros y ahora ellos están haciendo un proyecto muy interesante.
P.–¿Qué trabajos tiene la Confederación en cartera a corto plazo?
R.–Lo primero son las obras de emergencia que tenemos que realizar; hay muchos daños en cauces que hay que priorizar, pero hay que actuar de forma inmediata porque si vuelve a llover o hay algún problema, podría haber más daños. Aparte de eso, tenemos muchas cuestiones pendientes, también de tramitación administrativa, zonas por regularizar en Jaén, en fin, hay m. Somosomos un organismo muy técnico, pero tenemos una carga administrativa importante, de autorizaciones de concesiones, de pozos, de informes urbanísticos y hay que dar respuestas de forma ágil, porque de eso dependen otras actividades. Eso nos obliga a estar intentando siempre agilizarlos en la medida de lo posible.
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