Andalucía pone en funcionamiento la máquina electoral
La mayoría absoluta del PP, la influencia del ‘efecto Montero’, el previsible ascenso de Vox y la fragmentación de los partidos de izquierda son las claves
Las negociaciones pueden determinar el inicio de una legislatura influida por factores que determinarán su arranque
Moreno garantiza que agotará la legislatura: "La ley se cumple"
A partir de hoy, todo es campaña electoral. Cualquier iniciativa, idea o proyecto puesto encima de la mesa por cualquier representante político en las ocho provincias, habrá que tamizarlo por el cedazo de la cercanía de los comicios. Tampoco lo notaremos tanto. Desde hace meses la maquinaria interna de todos ellos se encuentra en ese modo. Todo se analiza bajo ese prisma, aunque aún falta algo tan esencial como es la propia fecha de la celebración de las elecciones.
En teoría sería en cualquier momento antes del 19 de junio, cuando se celebraron hace cuatro años. La práctica, sin embargo, dicta su propio paso. En las últimas, Juanma Moreno –no olvidemos que es la única persona sobre la que recae la responsabilidad de convocarlas– disolvió el Parlamento andaluz el 25 de abril. Esa puede ser la fecha límite. No obstante, el presidente del Ejecutivo ha marcado tres líneas rojas; los comicios no deben coincidir en ningún caso con la celebración de la Semana Santa (del 29 de marzo al 5 de abril), la Feria de Abril de Sevilla (del 21 al 26) y la Romería del Rocío (del 22 al 25 de mayo).
Esta misma semana, el presidente de la Junta dictó sentencia: agotará la legislatura. No obstante, aún la del 31 de mayo le permitiría sortear la idea del adelanto. También daría algo más de tiempo para paliar uno de los inconvenientes con los que arrancó esta legislatura. La toma de posesión del nuevo equipo de Gobierno se llevó a cabo el 26 de julio de 2022, con lo que la conformación de sus respectivos equipos se fue hasta bien entrado el mes de agosto. Cuando se inició el curso político, sólo la mayoría absoluta de la que disfrutaba en el Parlamento, ofreció algo de oxígeno a unos integrantes del Consejo de Gobierno que enlazaron meses sin descanso. De obviar esa posibilidad, emergería el 7 de junio como fecha más probable.
Tampoco hay que perder de vista la situación nacional. Moreno ha repetido en varias ocasiones que si el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, convoca elecciones generales, él haría que las andaluzas se celebrarán el mismo día. No obstante, las últimas declaraciones del jefe del Ejecutivo nacional, apuntan más a un agotamiento de la legislatura (en 2027). No obstante, se mira con el rabillo del ojo a las próxima tensión, escándalo o la evolución de los actualmente abiertos para abrir el calendario electoral nacional. Quién lo diría pero dos autonomías hasta ahora poco relevantes en el panorama nacional, pueden ser claves. Lo ocurrido en Extremadura –y las negociaciones todavía abiertas– y lo que pasará en unas pocas semanas en Aragón pueden determinar el futuro de la legislatura nacional.
Hay otro factor a tener en cuenta. La última encuesta del Centro de Estudios Andaluces (Centra) le ponen difícil repetir la mayoría absoluta al PP. De no conseguirlo, el papel de Vox y sus exigencias, pueden determinar el plazo para poder formar un gobierno con el suficiente margen de maniobra. Además, si se confirman los pronósticos electorales, la formación de Abascal sería la más reforzada en cuanto a la ganancia de escaños, con lo que esas peticiones aumentarían. Las manifestaciones del más que previsible candidato aunque todavía no está confirmado, Manuel Gavira, hablan de que “serán caros” los apoyos de su formación. Los últimos meses lo han confirmado y las críticas de Vox han ido dirigidas más hacia los populares (a quienes acusan de repetir los mismos esquemas que los socialistas); se trata de marcar distancias y, sobre todo, de hacer valer sus exigencias.
Tres escaños de margen
En 2022, pocos esperaban una victoria tan rotunda. Los populares supieron rentabilizar el rechazo a Pedro Sánchez para recuperar un mal resultado obtenido apenas cuatro años antes, pero que la aritmética parlamentaria les brindó el primer gobierno no socialista de la historia autonómica. Dependía de Ciudadanos y de Vox, pero consiguió un pacto de gobierno que le permitió poner fin a casi cuatro décadas de liderazgo del PSOE. Las siguientes consiguió que todo le saliera cara. Ocho escaños en cada una de las provincias, conseguidos por los caprichos de la ley D’Hondt cayeron del lado de Juanma Moreno.
Hoy pocos apuestan porque se repita. La irrupción de los fallos en los diagnósticos de cáncer de mama a más de dos mil mujeres ha crujido la capacidad de reacción de un Ejecutivo que hasta ese momento nadaba a favor de la corriente. Llegó a tal extremo que Moreno cruzó una de sus líneas rojas y acometió el relevo de una de sus consejeras. La repercusión del caso Mascarillas en Almería, puede resultar también significativa. Es cierto que los populares reaccionaron rápido (y de ello presumen), pero también lo es que se trata de una de las provincias donde más tienen que perder. La almeriense ha sido uno de los graneros de votos para los de Moreno. Tampoco conviene olvidar la herida aún no cerrada en Algeciras, con un alcalde fuera de su partido, pero dentro en todos los sentidos y sin plazos para solventar ese caos.
La política andaluza parece en demasiadas ocasiones una segunda lectura de la nacional. Plenos casi monográficos sobre la corrupción ligados al Gobierno central y el entorno de su presidente, del fiscal general del Estado, de las concesiones dadas a independentistas vascos y catalanes, han centrado buena parte de los debates en la Cámara andaluza. En las próximas semanas, la apuesta casi ganadora es que esta tendencia se incrementará de manera notable. Pocos pueden atinar por dónde irán los siguientes, si serán los determinantes para precipitar la disolución del Congreso.
Y en eso llegó Montero
El papel de la secretaria general de los socialistas, María Jesús Montero, es una de las grandes incógnitas de los próximos comicios. A ella van dirigidas todos los dardos que emanan del Gobierno andaluz y del partido que lo sustenta. A ella se le atribuyen todos los males económicos de Andalucía (recordando cuando fue consejera de Hacienda) y del mal estado de la sanidad (de su etapa al frente de la Consejería de Salud). Su cercanía a Pedro Sánchez, hace que la mala imagen de éste, se extienda a quien es su mano derecha en un Gobierno en el que todavía permanece. Montero repite el comportamiento que tuvo Javier Arenas cuando era integrante del Gobierno central y al mismo tiempo, concurría a los comicios andaluces. Sólo hay que recordar el resultado.
Su llegada ha coincidido con la reestructuración del partido en todas las provincias. Salvo en algunos casos en los que su candidato no consiguió el respaldo mayoritario de los militantes, tiene el equipo que buscaba. Cualquier resultado que consiga, le será por completo atribuible. Los últimos sondeos le auguran un mal resultado, pese a que éstos mismos le conceden un rayo de esperanza en la recuperación del voto popular. Una de las incógnitas a resolver, sería cuál es este límite.
A la izquierda del PSOE, el caos habitual. Andalucía es uno de los pocos lugares donde la coalición de Sumar funciona como tal. Integra a Podemos de una manera fluída a pesar de que en el Congreso sus diputados abandonaron el grupo y pasaron al mixto. En las próximas elecciones, el punto de partida será diferente. Habrá candidatura de Sumar (Por Andalucía), de Podemos, de Izquierda Unida con Antonio Maíllo al frente y de Adelante Andalucía. Éstos salen de su refugio gaditano y presentarán candidaturas en todas las provincias. La fragmentación aboca al desastre electoral. Miles de votos se quedarán sin representación en el Parlamento.
Paisaje tras las urnas
Política ficción electoral para el día siguiente de las elecciones. El PP depende de Vox para conformar una mayoría absoluta, a imagen de lo sucedido en Extremadura; los de Abascal aumentan de manera notable su presencia en el Parlamento; el PSOE se mantiene como segunda fuerza pero muy dañado; la izquierda refuerza su presencia, pero su fragmentación hacen que sean poco más que testimoniales. ¿Cuál sería ese escenario y cómo se sale de él?
La idea de una vuelta a las urnas no es descabellada. Si el PP pierde la mayoría absoluta, habrá que ver a qué distancia se queda de la misma. Podría servir con una abstención de Vox para la investidura de Moreno, con lo cual el precio a pagar sería notablemente menor. Las concesiones de los populares a los de Abascal, es otra posibilidad aunque dependerá de en qué materias y con qué límites. Volver a votar, históricamente, no suele variar demasiado las intenciones de los electores y la sensación de inestabilidad sería un escenario poco deseable.
La presencia de María Jesús Montero como líder de la oposición es poco imaginable. De hecho, ella misma ha declarado que no quiere ni oír hablar del asunto. De confirmarse lo adelantado por las encuestas, va camino de conseguir un mal resultado, con lo que su continuidad en la política andaluza está más que en entredicho.
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