acto del grupo prisa en homenaje a la constitución de 1978

Consenso en que no hay consenso

  • Carmen Calvo, Pablo Casado, Albert Rivera y Rafael Mayoral escenifican en el Oratorio que hay discrepancias entre los partidos para abordar una posible reforma constitucional

Un momento del debate entre Mayoral, Calvo, Casado y Rivera, con Bueno de moderadora. Un momento del debate entre Mayoral, Calvo, Casado y Rivera, con Bueno de moderadora.

Un momento del debate entre Mayoral, Calvo, Casado y Rivera, con Bueno de moderadora. / Fito Carreto

Imaginemos que tenemos un edificio de 40 años con una comunidad con cuatro vecinos y se pone encima de la mesa la posibilidad de hacer unas reformas. Salvo el telefonillo y las bombillas de los descansillos, no se ha hecho nada en ese tiempo porque el inmueble era de bastante calidad. Pero al edificio han llegado nuevos vecinos y en los corrillos se empieza a hablar de que hay que hacer algo, pero no se sabe muy bien cómo.

Está el dueño de uno de los pisos, pongamos que se llama Pablo Casado (Partido Popular), que tiene miedo de tocar la estructura del edificio porque, a su juicio, todo sigue funcionando bien y que los problemas que han ido surgiendo es por el bar que está a pocos metros del portal, por el alcantarillado público y que para eso no hace falta reformarlo. "No estamos para bromas" decía.

Hay otro que responde al nombre de Albert Rivera (Ciudadanos) que ve con buenos ojos hacer las reformas pero sin meterse demasiado a fondo. Lo que quiere es que se toque sólo lo necesario y siempre que sea con el consenso de todos los vecinos.

Una tercera propietaria ostenta la presidencia de la comunidad, Carmen Calvo (PSOE), cree que el edificio les ha traído muchas satisfacciones en todos estos años pero hay que tocar algunas cosas que se han quedado desfasadas, aunque no es algo que deba hacerse con urgencia.

Al cuarto, Rafael Mayoral (Podemos), que ha acudido con un poder notarial del verdadero propietario, directamente no le gusta el edificio y quiere que se haga una reforma a fondo pero además de consensuarla con los cuatro vecinos, desea que después le de el visto bueno los residentes de todos los bloques de la urbanización. Con ese panorama el único consenso es que no había consenso.

Ese debate se produjo ayer en el Oratorio de San Felipe auspiciado por el Grupo Prisa en homenaje a la Constitución de 1978, y estuvo moderado por la periodista de la Cadena Ser Pepa Bueno, ante un auditorio que estaba repleto con un cartel con primeros espadas.

En el lugar que vio nacer la Constitución de Cádiz de 1812 se habló y se ensalzó la de 1978 por parte de PSOE, PP y Ciudadanos. Carmen Calvo señaló ayer que "fue la mejor salida dentro de las circunstancias", mientras que Rivera daba un paso más al calificarla como "una de las mejores del mundo en lo jurídico, lo político y lo social".

Salvo el contrapeso en la opinión sobre la Constitución de 1978 que daba Rafael Mayoral, "la mejor es cuando el pueblo puede elegir qué forma de gobierno quiere", sí que había coincidencia en la discrepancia sobre si hay que reformar la Carta Magna, en qué puntos y cómo.

Carmen Calvo, por ejemplo, cree que no es un asunto "inminente" pero reconoce que "antes o después" se va a abrir ese debate. No obstante, Calvo no es amiga de hacer una reforma a fondo, de "abrirla en canal" como se puso encima de la mesa, "porque somos una democracia consolidada". En los retoques que se le debe dar, la número dos del Ejecutivo de Pedro Sánchez cree que hay que modificar "hechos como que no se hable de Europa" y que "no consagra el principio de igualdad".

Pero hay un tema espinoso y es que Calvo ha hecho referencia a que en la Constitución hay que darle encaje a Cataluña, algo que hizo saltar como un resorte a Albert Rivera, que en sus intervenciones hizo continuas alusiones al problema independentista de Cataluña: "Esta es una de las regiones de Europa con más autonomía. Para encajar a las nacionalidades, no podemos desencajar a España. Este es un país diverso pero necesita estar unido".

La tesis de Albert Rivera es que "el problema de España no es la Constitución". Para ello puso como ejemplo el asunto de la precariedad laboral: "Tenemos desde hace muchos años el mayor índice de paro junto a Grecia. Eso no es problema de la Constitución, sino de las leyes". A pesar de ello cree que la Constitución "es mejorable" y se puede reformar "pero siempre que haya consenso: "No tengo miedo a debatir, sino a que las minorías no respeten a las mayorías".

Casado defendió su pragmatismo, que no inmovilismo, como se encargó de dejar claro, para argumentar que no se debe reformar la Constitución porque "España no está para bromas, debates estériles ni tapar lo que está pasando". Además, a ello se le une que no es una demanda de la gente". Asimismo, ha alertado del peligro que puede suponer que "se aproveche para hablar" de otras cuestiones, como en quien reside la soberanía".

Rafael Mayoral insistió en que esa soberanía ya se perdió desde el mismo momento en que el PSOE modificó el artículo 135.

Al final, después de la junta de vecinos, todos se fueron como llegaron, es decir, sin encontrar un acuerdo sobre la reforma del edificio.

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