liga de campeones · el apunte

Una consagración constante

  • Vitolo se echa de nuevo el equipo a la espalda, esta vez como desahogo en punta tras la expulsión de Franco Vázquez. Con noches y ante focos así, verlo más años en el Sevilla se antoja complicado.

Vitolo trata de irse ante tres defensas juventinos. Vitolo trata de irse ante tres defensas juventinos.

Vitolo trata de irse ante tres defensas juventinos. / Antonio Pizarro (Sevilla)

Da igual quien no esté, Vitolo es el que no debe faltar a este Sevilla, pero va a ser difícil que eso pase si sigue  teniendo noches como las de este martes. Un jugador que Monchi trajo de Segunda División. Que ha madurado en Nervión. Paso a paso. Año a año. Éxito a éxito también. Se ha consagrado en toda una noche de Champions, aunque esa confirmación ya suene hasta rara para referirse a él.

Porque al sevilismo ya no le sorprende lo que ofrece el canario, pero a Europa quizás sí. Su evolución en los últimos tres años y poco ha sido de vértigo. En su haber europeo tiene partidos como la primera final de la Liga Europa lograda por el equipo de Emery, a la que llegó tras una recuperación casi milagrosa de una rotura muscular para vaciarse física y futbolisticamente hasta ser sustituido en la prórroga ante el Benfica.

En la Liga cada vez sorprende menos su fútbol y en la selección ha irrumpido de forma rotunda para hacerse un fijo para Lopetegui, después de que Del Bosque renunciase a sus recursos en la Eurocopa de Francia. Pero la máxima competición europea es otra cosa, y, hasta hoy, no había tenido una actuación tan excelsa pese a acabar sin gol y con derrota.

Ante todo un grande de Europa como la Juventus de Turín y con el pase a octavos por la puerta grande en juego, el canario se echó de nuevo el equipo a la espalda, esta vez desempeñando roles hasta ahora inéditos para él. La incomprensible pero no sorpresiva expulsión de Franco Vázquez -vista la notoriedad del argentino para ganarse amonestaciones que hasta a veces se quedan cortas por patadas a destiempo-, convirtió al ex de Las Palmas en la referencia obligada de un equipo que debía aguantar todo un tiempo en desventaja numérica a toda una leyenda del fútbol europeo.

Así, el extremo sevillista cambió en la segunda mitad su sociedad desestabilizadora con Escudero y el marcaje de cerca de Daniel Alves por la soledad ante Rugani y Bonucci y los balones largos. Pese a la talla y la experiencia de éstos, sobre todo las del internacional italiano, el canario sorprendió ganando más de un balón aéreo y haciendo funcionar a ratos arriba al Sevilla gracias a su juego de espaldas, asociándose sobre todo con N'Zonzi, Mariano y Sarabia. Tuvo incluso un par de arrancadas en balones al espacio, seguramente lo que buscaba Sampaoli situándole en punta, pero sus incursiones solitarias contra el mundo murieron en el área con poco peligro o en mirada atrás para reformular el ataque.

Su aportación no acabó ahí. Robó balones y dificultó como pudo la salida de pelota de los italianos. Ese desgaste y las secuelas de su peleas con los centrales no evitaron que llegara con suficientes fuerzas al tramo final para ejecutar su jugada maestra, el recorte hacia dentro en seco seguido de amagos para tirar a dos defensas hasta dos veces dibujando un centro que finalmente fue taponado hacia córner. Poco antes ya había avisado con una asistencia de volea que sorprendió hasta a sus compañeros, ya que ninguno estuvo en el área pequeña para aprovecharlo tras cruzar toda la defensa italiana. Pero sus desequilibrios no fueron suficientes para igualar el partido.

Como el Sevilla, Vitolo se fue sin premio futbolístico, pero sí el de una afición que debe atesorar cada encuentro que el canario dispute en el Sánchez-Pizjuán. Con noches así, ante focos de ese alcance, y con la conocida política del club, se va hacer difícil seguir disfrutando de él por muchos años.

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