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Prioridad a dos velocidades

  • Sampaoli dijo que Riazor era más importante que la visita de la Juventus, pero con la boca pequeña

  • Los titulares que reservó para el martes fueron los que remontaron en la recta final

Arribas se lamenta mientras Vitolo, Vietto, Kranevitter, Mariano y Pareja vuelven a su campo tras celebrar el gol del triunfo. Arribas se lamenta mientras Vitolo, Vietto, Kranevitter, Mariano y Pareja vuelven a su campo tras celebrar el gol del triunfo.

Arribas se lamenta mientras Vitolo, Vietto, Kranevitter, Mariano y Pareja vuelven a su campo tras celebrar el gol del triunfo. / cabalar / efe

En tiempos de Unai Emery se le afeaba al técnico guipuzcoano ciertas alineaciones en partidos de Liga inmediatamente anteriores a citas de enjundia en Europa. Reservó a titulares en encuentros con menos trascendencia en los que el día que menos críticas recibía era que había tirado el primer tiempo. Humano es protegerse y humano es dosificar las fuerzas como las reparte un corredor de maratón si no quiere desfallecer en el kilómetro 10 o para cualquier atleta que compite en una prueba de fondo.

"Es un criterio que respeto, pero yo estoy pensando mucho en el partido del sábado". La frase de Sampaoli el mismo viernes, horas antes de volar hacia La Coruña y referente a la cercanía de un duelo de mayor fuste que el de ayer, cumplía punto por punto todos los requisitos del guión. La Juventus es la Juventus, la Champions puede ser la Champions, pero la filosofía del partido a partido no se pierde, y menos aun, no la puede perder un bielsista. En realidad, esto es una coctelera en la que todo tiene su importancia en su dosis adecuada. El secreto está en acertar, utilizar los ingredientes con arte y destreza y dejar a todo el mundo contento sin alejarse de los principios de uno mismo. Acercarse a la excelencia lo llaman algunos en un alarde de cursilería. Otra cosa es que un director de grupo pueda en un momento dado exigir rendimiento al individuo al que, por sistema, le ha ido negando la confianza a diario o, mejor dicho, mientras ha tenido disponible lo que ha considerado su primer plato.

El Sevilla partió de inicio en Riazor con un once que en cualquier otro momento de la historia de este club -y quedémonos con la referencia de los tres últimos años y medio- hubiera sido de total garantía. Suplentes que no eran tales, sino titulares camuflados, futbolistas comprometidos y rendimiento cíclico continuo en cada elección del técnico.

Sampaoli, aparte de un jugador como Pareja que lleva un mes sin competir, alineó ante el Deportivo a tres futbolistas que, en teoría, no deben estar en el once del martes ante la Juventus, aunque lo que de verdad ha de interesar, lo que significa salir a jugar a una velocidad o a otra, tiene más que ver con el arsenal que se quedó en la caseta. Ni Rami, ni Vitolo, ni Franco Vázquez... ni por supuesto el reservado Nasri, que se quedó en Sevilla, salieron a empujar con sus compañeros desde el inicio en tierras gallegas. ¿Podría decirse entonces que Sampaoli tiró el primer tiempo? Sería injusto por mucho que el Deportivo adquiriera una ventaja de dos goles que podía verse como inalcanzable. Fútbol es fútbol y si fuera predictible en su totalidad sobrarían un montón de profesionales.

Lo que sí es cierto es que, participantes en los dos goles finales que valieron la remontada, los tres hombres que salieron tras los cambios de Sampaoli, aceleraron el ritmo de un equipo que no pierde su sello, pero que sin determinadas piezas se ahoga en su propia posesión. Como defendía Sampaoli el viernes, la prioridad siempre está en lo inmediato, pero hay prioridades a unas revoluciones y prioridades a otras bien distintas.

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