en tránsito

Eduardo Jordá

¿Genocidio?

VEO una pancarta de unos estudiantes en Barcelona que protestan contra "el genocidio educativo". Me quedo de piedra. ¿Saben esos estudiantes lo que significa la palabra "genocidio"? ¿Conocen su dimensión real, su trágica, su monstruosa dimensión real? ¿Saben lo que ocurrió en Auschwitz? ¿Han oído hablar de lo que pasó con los armenios en Turquía entre 1915 y 1916? ¿Y saben lo que ocurrió en Ruanda y Burundi, cuando bastaba ser alto o bajo, de una etnia o de otra, para que te cortaran las piernas y luego la cabeza?

Comprendo la rabia de los jóvenes que se manifiestan estos días, ya que resulta obvio que el bienestar social de los últimos treinta años -un bienestar que ha disfrutado una gran parte de la población a base de jubilaciones anticipadas y pensiones para todos- se ha construido viviendo a crédito e hipotecando el futuro de dos o tres generaciones, empezando por la de los que ahora tienen 20 años. Nos guste o no, los jóvenes tienen que sostener a una sociedad envejecida, y para ello deben soportar unas condiciones precarias de trabajo y vivir en una insalvable incertidumbre acerca de su futuro. Es cierto que se les permite disfrutar del sexo más o menos indiscriminado y de la falta de control familiar, cosas que les sirven de válvulas de escape para unas condiciones de vida que les parecen pésimas. Y me apresuro a aclarar que sus condiciones de vida no son pésimas en absoluto, porque son las mejores que ha disfrutado nunca una sociedad a lo largo de la Historia. El problema es que muchos jóvenes las sienten como pésimas porque han sido educados en la extraña idea de que todo puede conseguirse gratis o con muy poco esfuerzo. Y de hecho, parece evidente que unos universitarios que no saben con exactitud en qué consiste un "genocidio" no han tenido que someterse a una enseñanza demasiado exigente. Y lo digo porque esos universitarios serán los jueces y abogados y legisladores del mañana.

Por lo demás, convendría aclarar que no se está cometiendo ningún genocidio contra la enseñanza pública. Hoy por hoy, los estudiantes disfrutan de unas condiciones de trabajo envidiables. Jamás en la historia ha habido tantas universidades ni tantos institutos públicos, ni tantas bibliotecas ni tantos laboratorios ni tantas becas. Y jamás en la historia han podido disfrutar los jóvenes de la misma libertad que tienen ahora. Por mal que estén las cosas, todavía vivimos de una forma más que aceptable y no tenemos que soportar genocidios de ninguna clase. Y que alguien, por favor, les explique a estos chicos qué diablos es un genocidio, no vaya a ser que el verdadero genocidio educativo lo protagonicen esos mismos universitarios que no son capaces de entender qué es un genocidio de verdad.

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