La llegada de inmigrantes atenúa el éxodo rural en la Cuenca Minera

  • La población extranjera censada en los siete municipios de la comarca se ha multiplicado por 5,6 en la última década · La mayor parte procede de Bulgaria (34,05 por ciento) y Rumanía (23,78 por ciento)

Si bien la población de la Cuenca Minera ha experimentado un acuciado retroceso en las dos últimas décadas, como consecuencia directa del clima de crisis socioeconómica establecido por el cierre de la línea del cobre, la paulatina llegada de inmigrantes emerge como un agente atenuante del grave problema que el éxodo rural representa para la subsistencia de la zona. Los negativos registros de los veinte últimos años, en los que una disminución progresiva del número de habitantes ha reducido en un 20,31 por ciento los 21.975 ciudadanos que constituían los padrones municipales de la comarca en 1986, se han visto suavizados en los ejercicios 2005 y 2006, gracias, en parte, a un cambio de tendencia que se ha traducido en la cada vez mayor entrada de extranjeros. Un fenómeno, el de la inmigración exterior, que, de ser testimonial, de pasar desapercibido para la Cuenca en su conjunto, empieza a adquirir un grado significativo.

El mantenimiento de las cifras de población de la comarca por encima de los 17.500 vecinos en los dos últimos años (los 17.810 habitantes que cerraron 2004, según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, INE, apenas habían bajado a 17.511, un 1,67 por ciento, al finalizar 2006) guarda relación, en buena medida, con la expansión de la cantidad de inmigrantes afincados en la zona. Mientras que los 33 extranjeros censados en 1996 tan sólo habían crecido hasta los 50 en 2004, el año 2005 concluyó con un total de 117, ampliados hasta los 185 en 2006, de modo que, aunque en los últimos diez años la incidencia de la inmigración se ha multiplicado por 5,6, es a partir de 2005 cuando este fenómeno cobra un mayor protagonismo.

Bulgaria y Rumanía se consolidan, en este sentido, como la principal fuente de nuevos residentes de la Cuenca Minera, hasta el punto de absorber el 57,84 por ciento del total de extranjeros asentados en la zona. Entre El Campillo (26), Minas de Riotinto (16), Nerva (16) y Zalamea la Real (5) se contabilizan 63 búlgaros. La población rumana (44), por su parte, se concentra en los términos zalameño (33) y, en menor medida, riotinteño (11). Un grupo de 36 personas oriundas del resto de países de la Unión Europea; 29 americanos, de los cuales 9 son colombianos (6 de ellos habitan en Zalamea la Real) y 6 africanos completan el censo de extranjeros de la zona, en blanco en los casos de Berrocal y La Granada de Riotinto.

Al margen de estos registros, la Cuenca Minera cuenta, durante los ocho o nueve meses de la campaña agrícola, con un contingente de jornaleras procedentes de Polonia empleadas, bajo la modalidad de contratación en origen, en las tareas de recolección de cítricos de la empresa Río Tinto Fruit. Este grupo, formado por unas 50 temporeras en 2005 y alrededor de 100 en 2006, asciende a 150 en la presente temporada. Una circunstancia que deriva en la convivencia y la participación en la vida cotidiana de la comarca de más de tres centenares de ciudadanos foráneos.

La trascendencia de la integración de extranjeros en los municipios mineros adquiere tal nivel en la lucha contra la despoblación que, en algunos casos, ha favorecido, de manera determinante, no sólo la paliación del éxodo, sino, incluso, algún esporádico incremento de los números del padrón de las localidades en las que este fenómeno tiene una mayor incidencia: El Campillo y Zalamea la Real, donde los inmigrantes representan el 1,8 y el 1,65 por ciento de la población de forma respectiva. Estos núcleos mineros vieron cómo el tránsito de 2004 a 2005 vino acompañado de un aumento ligero, pero excepcional, de sus habitantes. Los 2.293 campilleros con los que se clausuró el ejercicio 2004 eran 2.318 al cerrarse 2005, un 1,09 por ciento más. Y los 3.523 zalameños de 2004 eran 3.547, un 0,68 por ciento más, un año después. Una evolución positiva que se produce en el preciso instante en el que empieza a ser más patente la llegada de inmigrantes. Los 12 que residían en El Campillo pasaron a ser 23 y los 12 asentados en Zalamea la Real rozaban ya el medio centenar.

Algo similar ocurrió en Nerva entre 2005 y 2006, un incremento de la población en 11 personas paralelo a la aparición de 20 nuevos foráneos en los registros del padrón. Sin embargo, el caso de Berrocal es opuesto, ya que, entre esos mismos dos cursos, vio incrementado su tamaño en 6 habitantes, una tasa de crecimiento del 1,62 por ciento, sin ser objeto de la llegada de extranjeros. Un dato que añade a las causas de la paliación de la despoblación factores como los incentivos a la cultura emprendedora o las políticas de desarrollo rural ejecutadas en la zona, sobre todo, como compensación por los incendios que asolaron la comarca en el verano de 2004.

Otro pueblo como Minas de Riotinto, sin beneficiarse de ningún aumento del número de habitantes, ha tornado en los dos últimos años una situación que, a nivel local, parecía insostenible, puesto que entre 1996 y 2006 había perdido 811 vecinos, un 15,56 por ciento. La suma de 40 inmigrantes a los 6 que vivían en su término municipal al cierre de 2004 ha contribuido a ralentizar un éxodo medio, sobre la base de los diez últimos ejercicios, cifrado en 80 habitantes al año, hasta el punto de sufrir entre 2004 y 2006 la marcha de 108 personas (54 por curso, casi la mitad de la media de la última década).

La duda radica en si las próximas actualizaciones demográficas del INE certificarán esta evolución tendente a una creciente inclusión de inmigrantes en los padrones municipales de los pueblos mineros o si, por el contrario, queda frenada o mitigada su incidencia en la lucha contra la despoblación. De las propias previsiones de la empresa Río Tinto Fruit, que vislumbra que, en un futuro no muy lejano, la práctica totalidad de los recolectores de cítricos provendrán del exterior de las fronteras nacionales, ante la dificultad de hallar mano de obra dispuesta a desempeñar las labores propias del campo, se desprende, sin olvidar la plena integración de países como Bulgaria y Rumanía en la Unión Europea, que el fenómeno de la inmigración se puede generalizar a corto plazo.

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