Nombramiento Adelaida de la Calle, nueva presidenta de la Corporación Tecnológica de Andalucía

Arias Breves

Rafael Ordóñez

Sí lo sabemos

NO hay recomendación mejor para un político que no hacer nada. La inanidad, la ineficacia y la inactividad más indolente son verdaderos activos para asegurase la permanencia en el poder. Naturalmente que si actúas, haces algo, te mueves, te puedes equivocar. Eso lo sabe muy bien don Pedro Solbes, nuestro fantasmal ministro de Economía. ¿Dónde está? ¿Qué hace? Miren por donde, nuestro personaje infiel a sí mismo, ha hablado, ha opinado, ha depuesto unas declaraciones. Y, cómo era de esperar, en semejante caballero, hubiese sido preferible que siguiese mudo, callado. Como no tiene la menor idea, intención ni redaños para contener el desbocamiento de la inflación por encima del 4% interanual, ni el encarecimiento de los alimentos más allá del 6% en los últimos doce meses, ni el del pan en un 14%, ni el de la leche en un 30% pues va y se deja resbalar por la pendiente del disparate. Es más, como presa de su inanidad, no está dispuesto a encarar que el incremento medio de los salarios es la mitad que la subida de los alimentos, pues nada, a decir paridas. Aún más, como a él no le afecta el estancamiento del poder adquisitivo de los españoles en los últimos diez años, pues rienda suelta a la lengua y a decir cosas tan graciosas como que la causa de la calamitosa situación de la economía doméstica es de los españoles que aún no sabemos lo que significa un euro. Que vamos por ahí, locos perdidos, dejando propinas que ni las del monarca saudita en Marbella

Nunca creí que fuese a escribir un artículo dedicado al señor Solbes. Es uno de eso personajes que no da nunca ni para escribir una línea que pueda interesar a los lectores; mucho menos una columna. Y aquí estamos. Y es que, don Pedro, aquí en Huelva, y en toda España, sabemos muy bien lo que es un euro. Un euro es ese invento luciferino del rampante y dominante eje franco-europeo de la Unión Europea, que Belcebú confunda, con el que nos tienen a los demás miembros como los caballitos de un circo, a trote o a galope, según ellos digan. Prueba de ello es que la presidencia del Banco Europeo, que Manitú ciegue, no sale de las manos de un francés o de un alemán. Mío, tuyo. Tuyo mío. Un euro, señor Solbes, con tres o cuatro más es lo que le pagan a un licenciado universitario por una hora de trabajo en ese invento infame que su gobiernito consiente y que se llaman los becarios. Un euro, don Pedro, es eso que los españoles que tomamos café en un bar, no como usted, no dejamos, ni locos, de propina. Un euro, multiplicado por seiscientos es lo que un amigo suyo, conmilitón y compañero de fárrago político se gasta en una botella de vino. Usted sabe quien es. Para qué seguir. ¿Verdad, don Pedro, que sí sabemos lo que es un euro

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