Horacio Galea Pardo

Nuestro compromiso

Quizá el enunciado pueda sonar un poco fuerte, pues en la palabra compromiso, se basa el desarrollo de nuestra fe como cristianos, y como tal, la pertenencia y participación en la vida de nuestras hermandades.

Trescientos sesenta y cinco días al año, dan para mucho, según se mire, dado que nuestra asistencia, el compromiso y el desarrollo en el buen hacer de las cofradías, a veces deja mucho que desear, ya que en muchas ocasiones por un motivo o por otro, no participamos en la vida de la hermandad. Esto marca negativamente, el desarrollo y la participación activa de la gran mayoría de las corporaciones cofradieras.

Nada de esto es nuevo, pues lo oigo comentar en algunas hermandades desde hace años. Si nos detenemos a analizar las causas que llevan a estos acontecimientos, puedo argumentar diversas razones; a saber:

Falta de interés personal, carencia de motivación en la participación, olvido circunstancial o de hecho, enfrentamientos personales o simplemente, resentimientos por diferencias de criterios en la realización de algún que otro proyecto, que llevan a que toda persona disconforme, haga de su ausencia el valor absoluto presencial en su falta de participación, eso por no hablar de algunas de las actuaciones de miembros de gobierno, los cuales deberían medir en muchas ocasiones sus palabras o hechos, utilizando el valor de la prudencia. Que nadie se moleste ni se rasgue las vestiduras, pues sabemos y conocemos de estos casos; y es que al fin y al cabo, todo esto forma parte de nuestras debilidades, de nuestras luces y nuestras sombras.

Observar que en los cultos de una hermandad no acude ni el diez por ciento de su nómina de hermanos, es bastante lamentable, por otra parte, la asistencia a cualquiera de los cabildos, suele ser meramente testimonial y a veces, casi no hay ni el mínimo quórum para aprobar propuestas, y como reseña final, a la hora de obtener la papeleta de sitio, cada vez son menos los hermanos que pasan por las casas de hermandad para su retirada, y eso, que algunas de las hermandades ya las han incluido en la cuota anual. Díganme ustedes, si estos hechos no son para un análisis que invite a una seria reflexión, eso por no hablar, del capítulo en el que podamos debatir, de ese papel tan importante que juega la mujer en nuestras cofradías.

Visto y leído lo anterior, dónde está nuestro compromiso.

Por otra parte, si somos curiosos observando la parca asistencia a las celebraciones dominicales en nuestros templos, cómo definiríamos a esta situación: Crisis de fe, mal momento de las hermandades, inducciones de una sociedad demasiado material, apatía en el desarrollo de nuestras creencias, falta de formación individual o colectiva.

Esto no es ficción o un sueño pesimista, es algo que pertenece a la realidad, a lo cotidiano del día a día.

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