José Tomás, un valor añadido

EN este acto de esperanza que es siempre una corrida de toros, Huelva hoy será centro fundamental de esa expectativa. Y lo es, porque Emilio Silvera, se vestirá nuevamente de luces en la Merced, el Cid vendrá dispuesto a comenzar la remontada de una temporada menos boyante de lo que a él, y a la afición, les gustaría y porque vuelve José Tomás, todo un acontecimiento, digno de agradecer a la Empresa.

Y es que José Tomás, aparte de su condición de torero para la historia -de esos de un antes y un después de él- se ha convertido en un referente frente al antitaurinismo, tanto por sus retos planteados en Cataluña como por la repercusión favorable de sus éxitos.

No cabe duda que la figura de José Tomás, trasciende más allá de lo puramente taurino, a pesar de su escurridizo perfil mediático y, sobre todo, porque su presencia en un cartel se convierte en todo un acontecimiento que genera enorme atracción taurina y social. Por eso es un valor añadido. Es así porque todos sabemos que hay gente que, incluso, va más a que los vean que están donde José Tomás que, propiamente, a ver el toreo del maestro. Y esto no solo se ve en la plaza sino en hoteles, bares, restaurantes, … en fin, que José Tomás, convierte en eje informativo y de actualidad taurina y social, aquella localidad en la que torea.

Y ya que hemos citado su toreo, convendremos que todo lo dicho es así, precisamente, por su forma de entender e interpretar el arte taurino, lo que le está llevando a rozar el mito, aún estando plenamente en activo. Su personalidad, su hieratismo, su sobriedad y su valor no están reñidos con el arte, como tampoco lo están, su ligazón, su lentitud, su ceñimiento... tras citar en las distancias adecuadas, que son los verdaderos promotores de la emoción que a todos nos invade cuando lo contemplamos y si a ello, unimos esa especie de sentido trágico que le acompaña y que nos asusta, comprendemos las afirmaciones del profesor Tierno Galván, cuando hablaba de la "superioridad del toreo -hombre en el ruedo- sobre el público -hombre en las gradas-" y que creo, todos asumimos.

Porque el torero, nos decía el maestro Domingo Ortega, "es artista, no suicida". Tiene, por tanto, conocimientos, normas y reglas para el ejercicio de su arte, ése que de forma efímera crea y, sin embargo, queda grabado de por vida en la memoria del espectador sobrecogido y entusiasmado.

En esto, fundamentalmente, se cimenta la figura de José Tomás y la repercusión trascendente de lo que hace ante el toro y que lo han convertido en figura de época, con todas las grandezas que ello suponen y las terribles servidumbres que, también acarrean. Por fin, un deseo, que Emilio, el Cid y José Tomás, triunfen para bien de todos y que, por una vez, no se cumpla el axioma: "corrida de expectación...", esto último, no quiero ni nombrarlo.

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