La Platea

Juanma G. Anes

La infelicidad nuestra de cada día

Yo no sé si esta dichosa -el calificativo que apetece poner es otro- temporada acabará en ese fiasco que tan dignamente eludimos los dos pasados años y que tan orgullosos nos hizo acabar las ligas, cuando terminamos poniendo las banderillas a los que nos querían hundir y en las que sacamos a hombros a quienes nos libraron del batacazo dejándose la piel tan dignamente (lo de la milagrosa paralela salvación institucional ya ni les cuento). Cuando en esos dos cursos la caída al precipicio parecía inevitable uno siempre acababa refugiándose en lo mismo: "Si hay que ver a mi equipo en Tercera, pues que así sea; allí estaremos. Por ahí han pasado Oviedo, Granada, Málaga … Y si es lo que toca por no haber podido vencer a los malos, pues que toque. Ya saldremos como sea y cuando sea". Pero…

… Pero claro, es que, en esos momentos, lo del Decano no era una cuestión de pulular por una división u otra; descender a Tercera pero seguir viendo competir al Recre se convertía, por aquel entonces, en una magnífica señal: seguíamos vivos, cosa que en más de una ocasión (y en más de mil) parecía un imposible. Ahora ni Hacienda nos apunta con un Kalashnikov a la nuca, ni tenemos inexpertos chavales de la casa en primera línea de batalla dando la cara por nosotros ni los demonios de entonces siguen entre nosotros, aunque las consecuencias de sus actos nos vayan a acompañar lustros. Caer este año sería de las cosas más lamentables -si no la más- vividas en más de 128 años, y de esa vergüenza no se libraría nadie, ni aquí ni en Madrid.

Las cuentas de la lechera nos dicen que ganando los dos partidos de casa, donde, a veces, tenemos la vergüenza torera de no hacer tan a menudo el espantoso ridículo como lo hacemos fuera (recuerden Villanueva, Sevilla, La Línea, Almendralejo, Las Palmas o lo de Marbella mismo) la pesadilla se acabaría, pero con este equipo y con el sustituto del sustituto, que demuestran cada dos jornadas ser cada vez más mediocres, estamos como para echar cuentas. El karma nos debe estar preparando una gorda, pero gordísima, aunque sea dentro de veinte años, porque esto es insoportable. Hasta entonces, que Dios nos coja confesados. Y si nos coge confesados ya este domingo, mejor.

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