santiago hierro

Elegía para don Hermenegildo desde su gloria

Fue en los principios de aquel nuevo año 2000 cuando nos dejó para siempre de este mundo, el dilecto don Hermenegildo de la Corte Mora, prócer profesor, historiador y columnista de la prensa onubense.

El traer de nuevo a las páginas rotativas del periódico a esta ilustre persona, que fue de mi mayor amistad, colega de las letras impresas, en donde su pluma inquieta nos deleitaba con sus narraciones.

Fueron aquellos tiempos de su vida, que con el cuarteto que lo formaban: Martínez Navarro, historiador; Francisco Rodríguez (ya fallecido), incansable crítico de los proyectos urbanísticos y cómo no, buen caricaturista, que en un santiamén se la hacía al más "pintado", que estuviera sentado a su lado y por último, este servidor de ustedes, que suscribe estos datos.

Aparte de nuestros escritos para el periódico, pasamos también por la pequeña emisora de radio que se llamó Ondas Marismeñas, dirigida por Rafael Ortiz, en donde nos reuníamos algunas veces, para entrevistar a algunos concejales de aquel Ayuntamiento y a otros personajes onubenses, con distintos hechos de aquel entonces, que se cernía por la ciudad.

Pero a pesar de haber pasado una buena década, el hecho de reiterar las noticias que ya en su tiempo fueron comentadas, ha dado ocasión a caer en mis manos un libro que en el año 1999 publicó don Hermenegildo de la Corte, habiéndome planteado de nuevo volver a dedicarle un inmemorial.

Espero, se sirvan excusarme, por haber traído de nuevo, a nuestra época actual, una semblanza de aquella persona, que se llamó Hermenegildo de la Corte, que dejó constancias bien repletas de hechos históricos de nuestra ciudad.

Fuiste elegido, culminado el final de tu existencia, para que en aquella vida espiritual y celestial, gozara de la grandeza de tu alma, que te premiaran por derecho propio, a una mayor gloria, porque fuiste en la tierra, un hombre generoso, bueno y sociable, con todo el cómputo de tantos compañeros que siempre te rodeaban.

Eras también maestro de maestros que nos donaste, con tus aleccionadas palabras, con tus excelentes columnas periodísticas y libros que con esa sapiencia literaria, llena de amor y poesía.

Pasaste en aquellos años de tu vida de haber sido un esposo ejemplar, padre y abuelo, de tus hijos y nietos y demás familia.

Arquetipo profesional bien documentado de cuya función docente supiste granjearte del respeto y cariño de todo tu alumnado.

Te asomaste a este mar que tanto te atraía y te amaba, al que le dedicaste la mayor égloga que tu corazón te dictaba, recibiendo los mayores laúdes y distinciones que tú Hermenegildo supiste ser un buen merecedor y mejor cristiano.

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