Las familias también están en crisis

  • El enfrentamiento entre los Thyssen y los Morales-Dúrcal acapara el interés de las revistas y las crónicas sociales

¡Pobre Sacha Thyssen! Su primer cumpleaños, en el que todos los niños disfrutan siendo el centro de atención de la fiesta, se convirtió en un escaparate mediático de intrigas familiares y de ir y venir de famosos. Desde la portada de ¡Hola!, el benjamín de este clan, ajeno a mundanales ruidos, parece pedir normalidad. Con carita de pocos amigos y sin asomo de sonrisa, la criaturita lo que quiere es comerse la media noche. A su lado, la abuela baronesa le sostiene el bracito. ¡Ay, si Sacha hablara ya! Le diría: "¡Abuela, déjate de pruebas de paternidad y de exclusivas aparentes! Tira del pelo a mamá si es lo que quieres. Y a mi déjame comerme esta media noche tan rica". Ya se sabe; los más pequeños no entienden de poses.

El chiste esconde, sin embargo, una realidad dramática. Porque que la abuela pida una prueba de paternidad para saber quién es el padre del nieto, normal, lo que se dice normal, no es. Aún menos lo es que acto seguido y después de un cruce mutuo de enfrentamientos, se pongan delante de la cámara para hacer de familia feliz. Es el colmo del engaño. Seguir mintiendo cuando ya no hay nadie que lo crea.

Pero si de los problemas de esta familia ya se sabe, los de la desaparecida Rocío Dúrcal están ahora sólo empezando a destaparse. Padre e hijos tirándose los trastos a la cabeza por el dinero. ¿Puede haber algo más feo? Independientemente de quién tenga la culpa, el espectáculo televisivo es dantesco. Las revistas no se quedan atrás y dedican páginas y más páginas a profundizar en los motivos de la discusión que se encuentra ya en manos de los abogados y del juez.

De juzgado de guardia son desde luego algunos de los modelitos que desfilaron por la alfombra verde de los Goya. Aunque en líneas generales el nivel de elegancia y calidad, comparado con ediciones anteriores, ahora sí que puede equipararse a los Óscar (salvando las distancias, eso sí). Consecuencia, quizás, de que el cine español también está saliendo del coma. Aunque, ahora, con la crisis... Virgencita, virgencita, que me quede como estoy.

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