Cibeles, al más puro estilo John Galliano

"Les daré un pronóstico para el invierno: será frío, oscuro y durará... el resto de sus vidas". Ésta no es más que una frase, por exigencias de guión, de Bill Murray en Atrapado en el tiempo, pero... Ojalá fuese verdad y el invierno de Cibeles se eternizase para siempre.

Lo mismo pensarán Paola Dominguín, Massiel, Pastora Soler, Enmanuel Esparza y Miki Molina, que acudieron ayer a Ifema para disfrutar de "la locura" de Montesinos. Con él regresan los ochenta, más gamberros que nunca y llenos de colorido. Francis Montesinos rememoró aquellos maravillosos años en los que por sus desfiles pasaban figuras de la Movida madrileña como Almodóvar, Miguel Bosé y Bibiana Fernández. Esta vez su musa volvió a ser Laura Sánchez, que encarnó el ideal de mujer guerrera que pide a gritos esta colección. Puro entertainment que convenció al público, con baño de champán incluido.

El estrés, se queda a las puertas de los pabellones y cualquiera puede sentirse parte de la jet-set por un rato. Entre desfile y desfile, hay quien coquetea en los stands publicitarios con las manos expertas de un fornido masajista o se deja "restaurar" por una maquilladora profesional. También pueden seguirse, desde pantallas, cómo se lleva a cabo una sesión de fotos para las grandes revistas femeninas. En fin, el paraíso para una esclava de la moda, ¿qué les voy a decir?.

Ayer también se enfrentaron a su potencial clientela Devota & Lomba y Roberto Torretta. Los primeros presentaron una colección caracterizada por el monocolor y cortes arquitectónicos, adentrándose en la era robótica. El desfile de Roberto Torretta comenzó con una batalla con las azafatas de Ifema, que no se aclaraban a la hora de situar a la prensa. Aires tempestuosos para recibir su última colección, basada en el glam-rock. El diseñador, que estuvo arropado por Ana Botella, Mar Flores y Javier Merino, propuso diseños estilizados y rara vez se alejó del negro en su paleta de colores.

Horas antes de su "prueba de fuego", Delfín charlaba con la prensa después del desfile de Duyos y dijo haberse propuesto "volver a emocionarnos". El caso, es que lo consiguió. Años después de aquel polémico desfile, en el que joven diseñador presentaba a sus modelos con capuchas y sogas al cuello, sigue buscando la provocación, pero con una madurez inaudita. En esta ocasión transformó la pasarela en un campo de concentración nazi por donde desfiló, experta, Bimba Bosé. Los modelos, acompañados por una música al más puro estilo de El Orfanato, arrastraron cadenas de preso, mientras eran iluminados por un potente foco carcelero. Delfín desarrolló en esta colección un sarcasmo casi sádico y aprovechó para burlarse de todas las condenas de la sociedad actual, dibujando en sus camisetas abdominales perfectos, falsas barrigas de embarazada y algún 'Je t'aime' impreso. El suyo fue un desfile conceptual, donde el único resquicio de humanidad lo puso el rosa, que resaltó ante el gris de la alambrada. No extrañó que la cita hubiese sido tan multitudinaria. Allí se dejaron ver rostros conocidos como el de Alaska y su marido Mario Vaquerizo, el actor Javier Cámara y la intérprete Blanca Portillo, a quién vistió para la última ceremonia de los Goya.

Sobre lo que ha de venir, un apunte muy básico: podrán aprovechar las combinaciones de blanco y negro, las transparencias y la ropa de talle alto que tienen en su armario. Pero también hay novedades. Los tejidos tecnológicos y plásticos conviven con el punto gordo de las abuelas, las gabardinas se reinventan y el toque de distinción lo pondrán los peinados ahuecados a lo Brigitte Bardot.

En lo que va de Cibeles, hemos podido ver una moda coherente, urbana y fácil de llevar. Los diseñadores españoles se han convertido, por unos días, en voz de la mujer moderna. Una heroína chic, capaz de compaginar las prisas de la ciudad, con su actividad profesional y la maternidad. Nieves Álvarez y la 'supermodelo' Noelia López han pasado por la fashion week como estandarte de esta feminidad. Sin políticas de por medio, ni polémicas sobre tallas, las grandes firmas se esfuerzan en hacerles la vida un poco más fácil. Por fin la ropa se crea pensando en la mujer y no es ella, la que tiene que someterse a los rigores de las moda.

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