Camarero por vocación

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La hostelería se ha convertido en su modo de vida. Tiene 24 años pero lleva desde los 16, "cuando acabé de estudiar la ESO", dedicado en cuerpo y alma a su vocación: ser camarero. Dice que "desde pequeño ya me llamaba la atención y me fijaba mucho en la gente que trabajaba detrás de la barra y en el momento en el que echaban la cerveza".

Comenzó hace ocho años a trabajar en una cafetería, luego en una brasería y, desde 2001, "soy camarero en los salones de juego de Seronuba, como el que estoy ahora, el salón de juego Gran Vía".

Entre sus aficiones se cuenta su amor por el fútbol y por el Recreativo de Huelva, un club "con el que estamos sufriendo mucho esta temporada pero que nos ha hecho pasar muy buenos momentos".

Aunque su juventud le permite aún disfrutar al máximo de la vida nocturna de la capital, "también me gusta mucho la tranquilidad, ir al cine a ver buenas películas o pasar el tiempo libre de los fines de semana en el campo que tiene mi novia en su pueblo", ubicado en la localidad onubense de Paymogo.

Su tiempo libre lo emplea también en "jugar a los videojuegos, es algo que me gusta mucho y una afición que tanto mis hermanos como yo tenemos desde que éramos pequeños. Ahora tengo la X-Box 360 y me encanta jugar".

Ismael es el mayor de tres hermanos, "y sólo nos llevamos un año y medio de diferencia, algo que nos ha unido mucho desde siempre". Cuando eran pequeños, "solíamos ir de cacería para cazar pajaritos, jugábamos en la calle durante todo el día y nos encantaba hacer cabañas, como a todos los niños de nuestra generación".

Viene de una familia numerosa, pero Ismael se conformaría el día de mañana con tener sólo dos retoños, "con la parejita me basta", explica. No tiene en mente casarse, porque "no soy muy partidario de eso de las bodas, no es lo mío", aunque le encantaría formar una familia junto a su novia, vivir felices y comer perdices.

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