Un perfecto desconocido

  • Los políticos de EEUU no se pronuncian sobre el sucesor de Putin y los expertos dudan de que Dimitri Medvedev vaya a pilotar realmente el inmenso país

El nuevo presidente ruso, Dimitri Medvedev, es un perfecto desconocido en EEUU, aunque un desconocido del que de momento no se espera que imprima grandes cambios a una relación bilateral que hoy por hoy goza de la temperatura del hielo.

Medvedev, elegido personalmente por el presidente saliente, Vladimir Putin, logró la victoria en las urnas con el 70% de los votos, en unos comicios que los observadores occidentales han considerado irregulares.

Aunque su victoria estaba cantada, eso no quiere decir que en Estados Unidos alguien pueda presumir de conocerle. Apenas se sabe lo básico: abogado, de 42 años, y que se encuentra en el ala más liberal del círculo de allegados a Putin.

Incluso el propio presidente, George W. Bush, ha admitido no saber prácticamente nada de su nuevo colega. En un debate televisado, ninguno de los dos aspirantes presidenciales demócratas, Barack Obama y Hillary Clinton, pudo dar muchos datos sobre Medvedev. Clinton ni siquiera pudo pronunciar su nombre correctamente.

Pese al confesado desconocimiento, la primera reacción de Estados Unidos, por boca del portavoz de la Casa Blanca Gordon Johndroe, fue la de expresar su disposición a colaborar con el nuevo mandatario.

Aunque enfriadas notablemente en los últimos años, y en particular en los últimos meses a raíz del plan de EEUU para desplegar un escudo antimisiles en el este de Europa que Rusia ve como una amenaza, Washington concede una gran importancia a sus relaciones con Moscú.

En concreto, apuntan los expertos, si las relaciones no han ido a peor es por el interés que Washington tiene en lo que respecta a la lucha antiterrorista y la cooperación sobre el programa nuclear iraní, contra el que Moscú ha apoyado -aunque sin gran entusiasmo- la imposición de sanciones en la ONU.

O, como dijo el portavoz, "nos conviene tanto a Rusia como a Estados Unidos colaborar en áreas de interés común como la no proliferación nuclear, la lucha contra el terrorismo y el combate contra los delitos internacionales".

Bush reitera que él y Putin han tenido sus desencuentros pero "seguimos manteniendo una relación lo suficientemente cordial como para enfrentarnos a las amenazas y oportunidades comunes". "Será importante que el próximo presidente la mantenga", sostuvo Bush.

Pero los expertos no esperan grandes cambios en la relación, al menos de momento.

Habrá que esperar, indican, a ver la dinámica que se establece entre Medvedev y su mentor, Putin, que es el nuevo primer ministro, apunta Stephen Sestanovich, del Consejo de Relaciones Exteriores. En Rusia "hay otra persona en el despacho presidencial, pero no está clara cuánta autoridad presidencial independiente vaya a ejercer", explicó.

En el mismo sentido se expresa Sarah Mendelson, del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS), que opina que "hay grandes posibilidades de que Medvedev se convierta en alguien meramente simbólico, como es el presidente en Alemania".

Los expertos también opinan que la inminencia de las propias elecciones presidenciales en EEUU impedirá giros notables en la relación.

Según Sestanovich, "para un cambio de verdad en la relación es probable que tengamos que esperar hasta que los presidentes respectivos hayan asumido el poder en ambos países". Una vez ocurra esto, opina Sestanovich, "habrá un nuevo deseo de definirla de manera distinta, habrá otras opciones y tendremos que ver qué tipo de nuevas políticas surgen".

Washington, desde luego, examinará muy de cerca en busca de pistas el discurso que Putin ofrecerá, como presidente saliente, la próxima semana en la cumbre de la OTAN en Bucarest.

La composición que tenga la delegación rusa en la cumbre del Grupo de los Ocho en Japón, en julio, también será importante. Medvedev, como jefe de Estado, debe encabezarla, pero está por ver si un Putin primer ministro también acude y con qué relevancia.

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