El gobernador de Nueva York dimite por un escándalo de prostitución

  • Según los investigadores citados hoy por la prensa, Eliot Spitzer "era un cliente habitual que llegó a gastar 80.000 dólares (51.600 euros) a lo largo de varios años en el pago de servicios de prostitución de lujo"

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El gobernador de Nueva York, el demócrata Eliot Spitzer, presentó el miércoles su renuncia del cargo, que será efectiva a partir del próximo lunes, tras hacerse público que contrató los servicios de prostitutas de lujo durante su mandato.

"Dimito del cargo de gobernador de Nueva York", declaró Spitzer en una breve comparecencia ante la prensa en Albany, capital del estado, precisando que, para facilitar la transferencia del poder, la renuncia "será efectiva el lunes 17 de marzo".

Spitzer expresó su "agradecimiento" a su familia por su "comprensión" tras conocer los hechos, al tiempo que sus "remordimientos" por lo ocurrido. Asimismo, defendió la importancia de "asumir la responsabilidad" de los actos de cada uno y pidió "disculpas" a sus electores "por no cumplir con sus expectativas".

Tras su renuncia, Spitzer será sustituido hasta la conclusión del mandato en 2010 por su adjunto David Paterson, de 53 años, un ciego, que se convierte además en el primer gobernador negro del estado.

El diario The New York Times reveló el lunes que Spitzer estaba mencionado en documentos de una investigación policial federal del FBI como cliente de la red de prostitutas "Emperors Club", que cobraba hasta 5.500 dólares por hora.

Spitzer, de 48 años, casado y con tres hijas, había respaldado a Hillary Clinton en la carrera por la investidura demócrata a la Casa Blanca y era considerado hace un año como una estrella ascendente de su partido.

El jefe de la minoría republicana en la Asamblea del Estado de Nueva York, James Tedisco, había dado el martes un plazo de "24 a 48 horas" a Spitzer para que renuncie o en su defecto exponerse a una destitución.

Desde su cargo anterior como fiscal general del Estado de Nueva York, Spitzer se había ganado a partir de 1998 una reputación de incorruptible y con ella una larga lista de enemigos, sobre todo en el mundo de Wall Street.

Tras ser objeto de numerosas consultas del New York Times durante el fin de semana, Spitzer supo que la revelación de su afición por las "call girls" era inminente y convocó una rueda de prensa para la tarde del lunes, durante la cual pidió perdón ante las cámaras de televisión junto a su esposa.

Pero las disculpas no fueron suficientes para calmar la ola de indignación nacional, en un país donde la conducta privada de los dirigentes --incluyendo su vida sexual-- es a menudo juzgada en la plaza pública.

El martes, el caso Spitzer ocupaba las primeras planas de todos los diarios norteamericanos, que abundaron en detalles sobre el funcionario irreprochable arrastrado por el escándalo sexual y reclamaron al unísono su renuncia.

Spitzer fue identificado como "Cliente 9" en los documentos judiciales que detallan sus contactos telefónicos grabados por el FBI con la red de "escorts" VIP y filtrados por las autoridades al New York Times.

El "Cliente 9" contrató los servicios de "Kristen", una joven norteamericana por la que pagó 4.300 dólares --viáticos incluidos-- para un encuentro el 13 de febrero pasado, víspera de San Valentín, en un hotel de Washington.

Según las revelaciones de la prensa y las conversaciones grabadas por los agentes federales, "Kristen" no era la primera chica contratada por Spitzer, que habría gastado hasta un total de 80.000 dólares en prostitutas.

El escudo moral que Spitzer esgrimió durante su ascendente carrera política se convirtió en arma de doble filo cuando la opinión se enteró de que el gobernador frecuentaba meretrices de lujo en sus ratos de ocio.

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