La carrera hacia la casa blanca Pasó más de cinco años en un campo de prisioneros de guerra en Vietnam

John McCain, de héroe a candidato

  • El senador por Arizona, un político experimentado, temperamental y famoso por defender sus ideales contra viento y marea, demostró con su victoria que, para ganar, lo importante es no darse por vencido

Comentarios 1

El senador por Arizona, John McCain, que se convirtió el martes oficialmente en el candidato republicano a la presidencia, es un político experimentado y temperamental, famoso por defender sus ideales contra viento y marea.

El ex militar, condecorado héroe de Vietnam, demostró con su victoria que, para ganar, lo importante es no darse por vencido.

Hace tan sólo seis meses su campaña iba tan mal que tuvo que reorganizarse y reducir personal para poder mantenerse a flote. Sus arcas electorales estaban hundidas, el senador llevaba su propio equipaje y muchos de sus colaboradores trabajaban a cambio de un "muchas gracias". Las razones fueron variadas: no fueron pocos quienes consideraron que, a sus 71 años, era sencillamente demasiado mayor; su posición sobre la guerra de Iraq, alineada con el presidente George W. Bush; y su enfoque sobre la inmigración y la tortura le hacían demasiado centrista a los ojos del sector más duro del Partido Republicano. Hoy el panorama es bien distinto.

Para algunos analistas, ni su pasado como héroe de guerra ni sus propios méritos bastan para explicar el triunfo de McCain.

"No se puede negar que su candidatura se vio favorecida por una buena dosis de suerte", escribe la revista estadounidense Time. Ya al comienzo de la campaña, el triunfo de Mike Huckabee en las primarias de Iowa comenzó por complicar las aspiraciones de Mitt Romney, principal rival de McCain. Rudy Giuliani provocó su propia caída con una confusa estrategia electoral, y Fred Thomson también se vio perjudicado por la competencia con Huckabee.

Hijo y nieto de almirantes de la Marina, el senador es un luchador nato a quién se conoce por su sentido común y su carácter franco, que lo ha llevado a enfrentarse con su partido en temas como la tortura o la guerra de Iraq. Todavía tiene que convencer a los republicanos de que es uno de ellos.

Es uno de los pocos candidatos que conocen de cerca la guerra ya que pasó más de cinco años, tres de ellos incomunicado, en un campo de prisioneros en Vietnam donde fue torturado e, incluso, intentó suicidarse.

Fue apresado en octubre de 1967, a los 31 años, después de que su bombardero A-4 Skyhawk fuese derribado sobre Hanoi.

Le rescataron de un lago con los dos brazos rotos y una rodilla destrozada. Los vietnamitas le hubieran dejado morir si no hubieran comprobado que se trataba de un McCain.

Los norvietnamitas trataron de utilizarlo como arma de propaganda al enterarse de que era hijo de un almirante, pero McCain se negó a seguirles el juego.

Recuperó la libertad en 1973, cuando regresó a EEUU en muletas y convertido en un héroe.

Le esperaba Carol Shepp, una ex modelo de Filadelfia con la que había contraído matrimonio antes de partir para Vietnam, y de la que se divorció en 1980. La pareja tuvo un hijo.

Un mes después de separarse de Shepp se casó de nuevo, esta vez con la hija de un magnate cervecero de Phoenix (Arizona), Cindy Hensley, su actual esposa, con la que tiene cuatro hijos: Meghan, Jack, Jimmy y Bridget, esta última adoptada en Bangladesh.

Los recién casados se asentaron en Arizona, el Estado en el que despegó la carrera política de McCain.

En 1982, un año después de dejar su puesto de director de enlace de la Marina con el Senado, obtuvo un escaño en la Cámara Baja del Congreso como legislador por Arizona. Cuatro años más tarde fue elegido senador y reelegido en tres ocasiones, la última en 2004.

En 2000, se enfrentó al actual inquilino de la Casa Blanca, George W. Bush, pero le fue mal.

El senador confesaría posteriormente que cuando perdió, lo pasó fatal: "Me comportaba como un bebé: dormía ocho horas, me despertaba y lloraba. Dormía ocho horas, me despertaba y lloraba".

Tras su derrota en las primarias, regresó al Senado como el republicano de mayor rango del Comité de Servicios Militares.

Sus viejas heridas de guerra y las secuelas de la tortura, agravadas ahora por la artritis, hacen que cojee ligeramente. Además, ha tenido tres episodios de melanoma, la forma más agresiva del cáncer de piel, que le ha dejado marcas en la mejilla izquierda.

"Tengo más cicatrices que Frankenstein", reconoció recientemente, a lo que añadió que esas marcas y sus arrugas no implican que sea demasiado viejo para gobernar, sino lo suficientemente sabio para vencer a rivales más jóvenes como el demócrata Barack Obama.

La confirmación de su candidatura promete aumentar el escrutinio sobre él. De hecho, ha tenido que afrontar ya algunos asuntos espinosos como los supuestos lazos inapropiados con la miembro de un lobby hace ocho años.

De llegar a confirmarse, la historia podría resultar devastadora para el senador por Arizona, que se ha erigido en luchador contra los intereses creados y las influencias indebidas.

A esa polémica se suma la todavía abierta sobre su nacimiento en 1936 en la Zona del Canal de Panamá administrada por Estados Unidos, lo que ha llevado a cuestionar si el senador es constitucionalmente apto para ejercer como presidente.

Lo cierto es que el Ave Fénix, el hombre que resucitó de sus cenizas tras dársele casi por muerto políticamente el pasado verano, será el presidente más viejo si gana la carrera a la Casa Blanca en noviembre.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios