Los restos de crudo se alejan sin causar daño alguno en la costa

  • La inspección aérea de ayer por la tarde no detectó ningún efecto nocivo en el litoral y apenas en el mar · Las secuelas del derrame consistieron en irisaciones oleaginosas recogidas por los barcos

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Todo quedó en poco más que un susto; un sobresalto que puso en alerta todos los dispositivos con los que cuentan las administraciones y la propia empresa Cepsa. Afortunadamente, en la tarde de ayer se confirmaba la positiva evolución de los restos del crudo tras la fuga del pasado jueves desde la monoboya de la refinería: la mancha se iba mar adentro y la poca densidad del crudo se diluía en buena medida.

De hecho, ayer por la tarde se hizo una inspección aérea de la costa. El capitán marítimo, Luis Dacal señaló que ya casi ni se divisaban los pequeños restos que se veían por la mañana y que la línea de costa estaba exenta de cualquier material sospechoso. El avión Sasemar, dotado de unos sensores para detectar hidrocarburo, sólo se activaron débilmente en la zona donde actúa el remolcador Miguel de Cervantes, que se quedó fondeado a unas 5 millas de la costa, terminando de coger los pequeños restos del vertido y por carácter preventivo. Ante esta situación positiva, anoche se quedaron en el litoral retenes para prevenir cualquier aparición de restos dispersos. El número previsto inicialmente, 60 en activo más 30 en prevención, no han tenido que actuar salvo el jueves en el dique Juan Carlos I.

Unas horas antes, se comunicaba en rueda de prensa, que los restos del crudo se encontraban a una distancia mínima de 3 millas náuticas y suponían un área marítima afectada que llegaba hasta las 7 millas. Trasladándolo a kilómetros, entre los 5,4 y los 12,6 kilómetros de la costa entre las localidades de Mazagón y Torre de la Higuera.

Todos estos datos los proporcionaron el subdelegado del Gobierno, Manuel Bago; el delegado del Gobierno andaluz, José Alfonso Jiménez Luis Dacal y el máximo responsable del 112, Francisco Huelva. Otro dato importantísimo que los responsables de la Administración transmitieron fue que la mancha no consistía en un engrudo compacto que pudiera provocar la llegada de galletas de chapapote a la costa. Nos encontrábamos, según recalcó tanto Alfonso Jiménez como Bago, con irisaciones o en otras palabras, componentes oleaginosos traslúcidos que incluso puestos en el peor de los casos de llegada al litoral, "no supondrían riesgo alguno para la población".

El vertido realizado se cuantificó en 30 metros cúbicos de hidrocarburo que es decir lo mismo que 30 toneladas de crudo que en esta ocasión era de tipo Maya.

Manuel Bago apuntó a que una de las causas que también han corrido en favor de la resolución del percance ha sido las altas temperaturas de estos días y la fuerte irradiación solar correspondiente a esta época del año, que ha favorecido la volatilización del hidrocarburo.

El capitán marítimo por su parte, añadió que la zona afectada por el crudo estaba segmentada en tres partes entre los que hay bastantes espacios libres.

La evolución por lo tanto, de la mancha ha sido la siguiente: en la tarde de ayer tras la fuga de la que se da constancia a las 12:45 horas, se localizan dos manchas. Una de ellas era de 8,5 kilómetros de longitud por 50 metros de anchura, mientras que la segunda era una mancha circular situada a unos 3 kilómetros de la costa y de 1,2 kilómetros de tamaño. Algunas galletas de chapapote alcanzaban el dique Juan Carlos I y eran rápidamente retiradas y ya en la tarde de ese jueves se percibió con claridad que el rumbo que llevarían los restos de petróleo sería hacia el Este. Sólo quedaba saber cómo afectarían las mareas y si éstas provocarían un acercamiento al litoral, lo que no ha ocurrido.

Tanto Bago como Alfonso Jiménez enfatizaron en que no se han escatimado recursos y que no se bajaría la guardia en ningún momento, por lo que tanto sus efectivos como los de la propia Cepsa quedarían de guardia para dar respuesta a cualquier contingencia.

Junto a la propia acción natural de 'descontaminación', ayer estuvo trabajando un dispositivo en el mar, mientras que en tierra estaba previsto otro ante la hipotética circunstancia de que los restos llegaran a la costa. De hecho en Mazagón se contaba con una barrera lista para ser desplegada, con el objetivo de detener esos restos oleaginosos antes de que tocaran el litoral.

Luis Dacal explicó que el remolcador Miguel de Cervantes, cuenta con skimmers y capacidad de almacenaje. Asimismo estaban trabajando dos current busters, que tienen una función parecida a la pesca de arrastre y que eran remolcados por dos barcos pertenecientes a Cepsa. Los responsables de las administraciones no se cansaron de enfatizar en que el percance no ha supuesto riesgo alguno para la población y lanzaron un mensaje de confianza y tranquilidad absolutas.

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