El Rocío vuelve a dar 'la campanada' más popular para el Fin de Año

  • La aldea almonteña reunió a miles de personas en una de las noches más festivas del año · La puerta de la ermita volvió a ser lugar clave de concentración

Siempre igual, pero siempre diferente. La ya clásica fórmula de despedir el año en la aldea de El Rocío cumplió anoche una nueva edición sin que tuvieran que lamentarse incidentes de importancia, pese a que el núcleo almonteño multiplica casi por quince su población habitual durante estos días.

En la tarde de ayer llegaron los últimos pobladores, maleta en mano, sin contar los que se acercaron directamente tras la cena, provocando algunos atascos en los accesos a la aldea controlada durante estos días por más de 200 agentes de las policías Local y Autonómica y de la Guardia Civil, un dispositivo que permanecerá activo hasta el próximo 7 de enero.

Centraron la vigilancia las inspecciones para controlar la existencia de petardos y el control rutinario en los establecimientos de la aldea, competencia de la Policía Autonómica, mientras que los controles de circulación conjuntos se realizaron tanto dentro de la aldea como los accesos, así como en la A-483 y en las entradas a Matalascañas, además de controles de alcoholemia, de velocidad y de documentación.

El Ayuntamiento de Almonte repartió, por otra parte, una carta a los ciudadanos con una lista de consejos encaminados a mejorar la circulación en las calles de El Rocío y los núcleos cercanos.

A últimas horas de la tarde del 31, los establecimientos de la aldea hicieron su agosto. Colas en los junto a las cajas de los supermercados para hacerse de provisiones para la cena. Junto a comidas, bebidas alcohólicas, pan o hielo, las uvas para los más rezagados fueron unos de los productos más vendidos, a un precio de casi cuatro euros el kilo.

Al término de la Nochevieja, hecho el balance de incidencias, los responsables del dispositivo de seguridad destacaron el "descenso progresivo" de los percances registrados, lo que achacaron, en parte, a "la labor de prevención e información que se realiza antes de las fiestas y que provoca que cada vez se cojan menos los coches porque los usuarios saben que hay controles diarios".

Aún así, un año más, encontrar aparcamiento junto a las casas durante la Nochevieja fue de las tareas más difíciles, si bien el tránsito de vehículos por las calles fue algo menor que en ediciones anteriores, en parte, por la entrada en vigor de la nueva Ley de Tráfico, que invitó a los visitantes a separar alcohol y conducción, siempre con excepciones.

Durante la noche, el interior de las casas fue, una vez más, el lugar preferido para tomar las uvas. En torno a medio millar de personas, algunos disfrazados, optaron por el llano de la ermita para oír los doce tañidos que dieron la entrada a 2008. "Hace mucho frío y en casa estamos todos los amigos, además en la ermita tiran muchos petardos y no estamos tranquilos", argumentaban los moradores de la calle Romero, 112, a quienes el llano que linda con la marisma les quedaba, además, a una buena caminata.

Con los primeros minutos de 2008, estruendo de petardos y cohetes en toda la aldea que, envuelta en una nube de humo blanco, volvía a la fiesta. Para todos los gustos. En las casas música disco, enlatada, o flamenca, esta en directo pero en unas gargantas castigadas por los rigores de varios días de fiesta, que ya anoche hacía mella.

Después de felicitar el año a quienes estaban alrededor, todos tomaron móviles en mano para mandar mensajes y llamar a familiares y amigos que estaban fuera y misión casi imposible debido a unas líneas saturadas, algo muy habitual no sólo en El Rocío.

A partir de la una de la madrugada, la aldea se fue llenando. El bus nocturno gratuito habilitado por el Ayuntamiento de Almonte estuvo activo durante toda la madrugada conectando la localidad con los núcleos de El Rocío y Matalascañas, lo que posibilitó, como ya ocurrió en Nochebuena, que muchos pudieran prescindir del coche para los desplazamientos.

Los servicios médicos no tuvieron que realizar estos días ninguna atención de importancia, tan sólo las habituales intoxicaciones alcohólicas, cortes, quemaduras leves y alguna que otra lesión producida por la colisión de vehículos en el interior de las calles, que deslució el ambiente en algunas casas.

Sin embargo, y aunque se produjeron al menos un par peleas de grupo sin graves consecuencias, la cordialidad fue un año más la tónica dominante. Deseos de felicidad para el nuevo año en forma de besos o abrazos se regalaron en las casas, en muchas de las cuales había que hacer verdaderos esfuerzos para conseguir llegar al fondo sorteando al gentío.

A eso de las seis de la madrugada, cuando poco tránsito se veía ya por la arena de las calles, la animación se limitó al interior de las casas, al calor del fuego. La hoguera congregó a los que visitan El Rocío desde hace años y a los que optaron por la aldea en Nochevieja por primera vez. "Llevamos cuatro días aquí y estamos ya muy cansados porque dormimos poco, pero lo estamos pasando muy bien, habrá que repetir el año que viene", aseguraban los jóvenes de Tomillo, 8, que compartieron juntos la última cena del año y las campanadas.

A partir del mediodía la aldea comenzó de nuevo a tomar vida, esta vez para buscar el sol en las puertas de las casas, en las que se compartieron las últimas charlas. De nuevo un ir y venir de coches, esta vez cargados para la vuelta a casa, que se ralentizo por el tráfico denso que abandonaba la aldea a eso de las seis de la tarde, antes del anochecer. En las despedidas, referencias a los planes para las navidades del próximo año que, al menos para más de 40.000 personas, les devolverán a El Rocío. La próxima Nochevieja… más.

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