Deseos y ambiciones

Las figuras históricas de Enrique VIII de Inglaterra y Ana Bolena han originado desde antiguo una amplia filmografía, iniciada en 1920 por Ernst Lubitsch hasta Warris Hussein en 1972, con 'Enrique VIII y sus seis mujeres', pasando entre otras por 'La vida privada de Enrique VIII' (1933), de Alexander Korda, con un inolvidable e inefable Charles Laughton, encarnando al rey, y Merle Oberon a la Bolena; 'Un hombre para la eternidad' (1966), de Fred Zinnemann o 'Ana de los mil días' (1969), de Charles Jarrott, por citar algunas de las más destacadas. Como vemos el casquivano monarca y la ambiciosa amante siguen interesando a los cineastas.

Realmente la escabrosa historia del rey británico a la luz de los relatos más verídicos y a la leyenda que ha acompañado su azarosa vida, no deja de ser apasionante y lo es más a través de esta versión sobre la novela de Philippa Gregory, que ya fuera adaptada en 2003 a la pequeña pantalla, para dar otra vuelta de tuerca a la, en ocasiones, demasiado formalista visión del tema en forma de relato romántico en clave histórica. La realización de Justin Chardwick, con todo su aire suntuoso de escenarios naturales muy vistosos y de interiores fastuosos de entornos palaciegos, parece apresurar una historia con excesiva síntesis, cierto esquematismo y poca aportación imaginativa.

Los ámbitos históricos en el cine de nuestros días están ocupándose demasiado del continente y de lo atractivo de renombrados intérpretes del momento, para descuidar el contenido y el rigor de una narrativa que merece más inteligencia e imaginación. La versión de Justin Chardwick que dramatiza una rivalidad fraterna por ambiciones familiares, por encima del amor y de la nobleza humana, deviene así en un cuento moral con una sobrecarga de melodrama y golpes de efecto, para tratar de darnos una especie de corolario condenatorio de los excesos ambiciosos y los deseos prohibidos. De paso muestra una evidente competencia entre dos estrellas rutilantes de nuestros días, Natalie Portman y Scarlett Johanson, apresuradamente admiradas por la efímera fama de nuestro tiempo, lo que también alcanza al protagonista, Eric Bana, a quien el personaje de Enrique VIII viene demasiado grande.

Hay otro empeño erróneo en esta manía de darle carácter actual a los personajes históricos descontextualizándolos de su época y de su realidad existencial, para convertirlos en algo recurrente y que, en ocasiones tienen muy poco que ver con lo que nos cuentan los libros de Historia - ésta lógicamente con mayúscula -, escritos con rigor y autenticidad. 'Las hermanas Bolena' parece un anticipo de lo que ya vimos en las dos Elizabeth de Shekkar Kapur, donde, como aquí, la suntuosidad y empaque de su espectacular escenificación, no se correspondía con la evidencia histórica de lo que quiere contarnos.

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