Nebrera y la líder del PPC mantienen abierto el cisma

  • Rajoy defiende la legitimidad del triunfo de Sánchez-Camacho

El Congreso del PP catalán no ha tenido el efecto balsámico que cabría esperar tras la proclamación de la nueva presidenta del PP, Alicia Sánchez-Camacho, la candidata oficial de Rajoy. Sánchez-Camacho y su rival por la presidencia, Montserrat Nebrera, que se quedó a tan sólo a 13 puntos de la vencendora, mantuvieron ayer viva la división que se escenificó la víspera con los abucheos de un sector de compromisarios, los afines a Nebrera, a los vicesecretarios del PP Ana Mato y Javier Arenas, que representaban a la dirección nacional que defendía la candidatura única de Camacho.

La euforia postelectoral llevó a la vencedora a intentar tener puentes con su rival nada más conocerse el resultado de la votación, la noche del pasado sábado. Sin embargo, tan sólo 24 horas después los ánimos parecían haber cambiado. Así cabe interpretar que la nueva presidenta del PPC advirtiera ayer que los resultados de Nebrera, que obtuvo un 43% de apoyos, no suponen un salvoconducto para imponer condiciones, ya que "no se puede reclamar nada de acuerdo a ningún porcentaje, porque ahora hemos de tener un proyecto común".

Una actitud que emuló su rival, quien animada por el gran apoyo -salió a hombros de sus fieles-, volvió a cargar contra la imposición de la candidatura de Sánchez-Camacho. "No sé con quién debo establecer este diálogo (para su encaje en la nueva ejecutiva), si con la ganadora o con el presidente nacional, Mariano Rajoy" ya que, al fin y al cabo, Camacho es, a su juicio, una "imposición" de Madrid.

Por su parte, Rajoy pasó de puntillas por la tensión en el PP catalán ayer durante la clausura del cónclave pero destacó la legitimidad de Sánchez-Camacho y emplazó al PPC a ser "alternativa de gobierno" en Cataluña. Dijo también que el peor momento para el PP ya pasó con el cierre del congreso de Valencia, de donde salió un partido "más fuerte".

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