Griñán advierte del final de las rebajas fiscales como mero reclamo electoral

  • El Ejecutivo hará prevalecer la normativa española sobre la directiva europea de las 65 horas

Si Pedro Solbes, ministro de Economía y tótem de la disciplina, elude la palabra crisis, José Antonio Griñán, su homólogo en la Junta y el ponente encargado de ahondar en el asunto, no iba a ser menos. Por suerte, respetar el tabú no conlleva ser parco en el resto del debate, tan amplio como complejo. Griñán, que es un tipo sólido y pedagógico, arrancó con la parte más difusa -los orígenes del desastre, claramente "internacionales"- y enumeró luego las medidas que marcarán la estrategia del partido y por extensión del Gobierno.

El PSOE marcó ayer otra línea de su oxigenado progresismo: se opondrá a la directiva comunitaria sobre la jornada laboral de 65 horas y lo hará con la ascendencia que el derecho nacional aún conserva respecto al europeo en algunos ámbitos. "Nos comprometemos a no modificar la duración de la jornada y a que los contratos entre el trabajador y el empresario no puedan derogar las normas españolas", explicó el consejero de Economía.

"La carrera competitiva sobre quién suprime o rebaja los impuestos" pasará a mejor vida. Al menos hasta que lleguen las próximas elecciones. Que el PSOE se empeñe en prometerlo no significa que pueda cumplirlo. Más sencillo será alargar la vida profesional para combatir el envejecimiento de la población y rebajar la carga económica de la Seguridad Social. El deseo socialista se materializa en un tránsito "más suave" entre la vida activa y la percepción de la pensión, de forma que se creen situaciones híbridas en las que el parné lo aporten conjuntamente el salario y la pensión. La jugada se redondea con la eliminación de las jubilaciones anticipadas.

La flexiguridad, concepto no demasiado triunfal entre las huestes de Zapatero, se mantiene como fórmula válida aunque con énfasis en la primera parte del vocablo. "La flexibilidad siempre debe nacer de la negociación", advirtió Griñán al empresario que sienta de cerca la tentación del despido libre.

La ponencia sobre cambio climático contaba con el aliciente de saber si el Ejecutivo suavizaría su posición sobre la energía nuclear. Novedades podía deparar asimismo la política del agua. Poco movimiento se produjo en la trastienda. Se agotará la vida útil de las centrales nucleares sin construir otras y crecerán las medidas de inspección. En el futuro sólo contará la carta de las energías renovables.

En el agua, como en la lengua, manda el anhelo de fraternidad. "Queremos un gran pacto nacional que elimine la confrontación política y entre territorios", anunció el ponente Enrique Guerrero. El paquete incluye un manual de medidas prácticas: mejora de las conducciones, reutilización, ahorro en el consumo y modernización de los regadíos.

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