José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía

"Andalucía todavía está por terminar"

  • Griñán mantiene que al final de esta legislatura habrá un adelgazamiento de la Junta, con menos consejerías y mayores competencias para las provincias y los municipios

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Lleva poco más de dos semanas instalado en la sede de la Presidencia de la Junta, en la Casa Rosa, pero no parece un presidente bisoño. Nacido en Madrid en 1947, pero de vivencia plenamente andaluza, ha sido viceconsejero, consejero, ministro y vicepresidente andaluz antes de suceder a su amigo Manuel Chaves.

-A excepción del PP, su llegada a la Presidencia ha sido recibido con cierto agrado general. ¿No teme que estas expectativas sean su principal enemigo si la crisis económica se sigue prolongando a lo largo de su mandato?

-Alguna gente del PP también me ha elogiado, eh. Juan Ojeda, por ejemplo. Mire, yo no he ocultado nunca que la situación es difícil. Todo lo contrario: he dicho que vivimos un momento de gran incertidumbre económica, y que nadie, ni en los centros más relevantes del mundo, es capaz de explicar cuándo vamos a tocar fondo y, por tanto, no podemos lanzar las campanas al vuelo. Se seguirá destruyendo empleo en los próximos meses, a pesar de que llevamos ya dos meses de aumento de las afiliaciones a la Seguridad Social en Andalucía. Las expectativas hay que analizarlas desde una visión realista, y yo siempre lo he hecho.

-Usted ha explicado que quiere ser un presidente viajero, como algunos Papas. ¿También lo será de transición?

-Todos los presidentes son de transición. Todos. No conozco a ninguno que aspire a ser presidente toda la vida porque eso no se da en la democracia. Soy presidente, me voy a presentar a las próximas elecciones y, después, ya veremos lo que ocurre.

-¿Y se presentará en 2012 con la intención de agotar todo su mandato?

-Si el cuerpo aguanta, sin lugar a dudas. Pero la vida política es una vida temporal. Tengo un proyecto que va mucho más allá de los tres años de legislatura.

-Como Manuel Chaves, su antecesor, usted también ha sido ministro en algunos gobiernos de España, ¿le viene de ahí su concepción poco andalucista de Andalucía?

-Creo que fue Carlos Castilla del Pino quien decía hace unos días que lo peor para entender Andalucía era considerarse andalucista, porque te encierras en una sola realidad. Yo, cuando defiendo a Andalucía, la defiendo en el conjunto de España y de Europa. Y digo siempre que España es el mejor proyecto para Andalucía como Europa es el mejor proyecto para España. Ésta es mi idea general: no creo en el aislamiento, no creo que Andalucía siempre tenga razón, no creo que siempre tenga que ganar por encima de todas las demás porque nos lo merecemos. Lo que siempre digo es que Andalucía nunca va a aceptar que la traten con injusticia, que no le den aquello que le corresponde.

-¿Se puede decir que usted es el menos andalucista de todos los presidentes de la Junta?

-O todo lo contrario, porque me empeño en defender a Andalucía de la manera más inteligente. Pero le añado algo más: cuando defiendo a Andalucía en el conjunto de España es porque sé que Andalucía necesita a España. Los que tienen tendencias nacionalistas, y por tanto separadoras, son las regiones europeas que han sido más ricas, porque dentro del nacionalismo siempre hay egoísmo. Andalucía no está todavía en la media de España, luego necesita al conjunto, necesita la solidaridad; por tanto, lo contrario, sería una estupidez. Si no hay cosa más tonta que ser un obrero de derechas, ser nacionalista en una región que todavía no está en la media no es tampoco muy inteligente.

-¿Andalucía existe como tal o sólo somos un conjunto de identidades provinciales?

-Siempre que dicho que existen los andaluces, pero que poco a poco hay que construir Andalucía. Hay malagueños que se sienten andaluces y españoles, no digo que no. Hay sevillanos que se sienten andaluces y españoles, y onubenses en esas mismas circunstancias, pero el concepto de Andalucía todavía está por definir, por perfilar y por terminar. Y ese concepto lo vamos a hacer mucho más fértil cuando hagamos una descentralización profunda. Que no consiste en quitar la capital de Sevilla. Eso es una barbaridad, pero haremos una Andalucía más identificada consigo misma cuando un ciudadano pueda resolver sus problemas sin tener que apelar a la capital. La capital es donde se establece el marco del debate político, pero los problemas se deben resolver en el territorio. Casi todos. Unos por los ayuntamientos y otros por la administración, pero no por la central, sino por la territorial.

-Ponga un caso.

-Hay competencias, como la vivienda o los servicios sociales, que pueden ser desarrolladas plenamente por los ayuntamientos, pero eso se tiene que acompañar de una buena financiación. Y ése es el proyecto que tiene encomendado el consejero de Gobernación.

-¿Y eso cómo se hace?

-Mediante tres leyes: una es de financiación local, otra es de transferencia de competencias y otra es de organización de la administración autonómica. Y éstas harán que muchas de las actuales competencias de la Junta se resolverán en los ayuntamientos o en las diputaciones. Y otras que todavía se resuelven en las direcciones generales se tratarán en las delegaciones. Es que aún tiene que venir un almeriense a Sevilla para resolver algunos asuntos. Bueno, vamos a hacer que lo resuelvan en su territorio. Y ya verá cómo construimos esa Andalucía. -¿O sea, que usted, como presidente, está dispuesto a detraer dinero de la Junta para dárselo a los ayuntamientos?

-No es que esté dispuesto, es que lo vamos a hacer: competencias y dinero. Naturalmente.

-Habrá, por ejemplo, dinero de la Consejería de Asuntos Sociales que irá a las arcas de los municipios.

-Y de Vivienda y de muchas más. Eso es precisamente lo que estamos viendo ahora, pero no se detraerá de una consejería en concreto, sino del conjunto del presupuesto andaluz y eso nos llevará a un adelgazamiento de los servicios centrales. Claro, que el Gobierno central también tendrá que financiar mejor a las comunidades autónomas.

-Usted parte con un índice de conocimiento bastante bajo, de entorno al 30%, y el señor Arenas le ha echado en cara que haya viajado poco por Andalucía. ¿Cuál es su índice de conocimiento de Andalucía?

-Me la conozco desde Pulpí a Ayamonte, pero voy cuando debo ir, a veces oficialmente y a veces privadamente, que también tengo derecho a hacerlo. Lo que pasa es que yo no voy con un atril ambulante.

-Luis Pizarro ha revelado que supo hace un año que ésta sería la última legislatura de Manuel Chaves. ¿Cuándo lo supo usted?

-Tres semanas antes de que lo anunciara.

-¿Y no intuyó que se retiraría?

-Las intuiciones y las conversaciones personales se quedan en el ámbito privado. He tenido muchas conversaciones con él, que es mi amigo, pero no son periodísticas.

-Le dio algún consejo Manuel Chaves antes de marcharse.

-Ninguno sobre lo que tengo o no tengo que hacer. Si le costó más de una semana convencerme, fue porque yo quería la unanimidad en el partido y la libertad para confeccionar mi Gobierno. Y no hablo del partido a nivel andaluz, sino de todos los provinciales y del federal. Debía tener la garantía de contar con el apoyo de todas las provincias, de la ejecutiva, del comité director y del comité federal. Cuando vi que lo tenía, la segunda fase fue que necesitaba manos libres para hacer mi Gobierno y llevar a cabo mi proyecto. Sin ningún problema.

-El partido, ¿le da miedo?

-¿A mí? Mucha compañía. Pero este es un partido, a diferencia de otros, muy vivo y nada dócil, donde la gente dice lo que piensa.

-Prometió austeridad, y no ha reducido las consejerías. Tampoco las direcciones generales.

-Bueno, estas leyes de descentralización tardarán un año: la de los ayuntamientos y la nuestra de organización territorial. Hasta que no tenga eso terminado, no sé cuál va ser el modelo final, ni lo quiero prejuzgar. Sí le aseguro que, probablemente, antes de finalizar la legislatura tendremos un modelo de administración distinto.

-¿Con menos consejerías?

-Seguro, seguro. Primero: tendremos un Gobierno, al final de la legislatura o a inicios de la siguiente, que esté basado en un modelo territorial diferente. Pero tenemos que tener perfectamente definido todas las competencias. Y segundo: es que no puedo parar la administración ahora. Será una administración central más delgada, con menos altos cargos. Y por cierto, sobre los directores generales, yo no he visto todavía los decretos de estructura. Un consejero no llega y suprime una dirección general; eso se hace mediante un decreto de estructura orgánica, y ya llegarán. Se suprimirán direcciones generales, pero los consejeros me tendrán que traer esa estructura, y se suprimirán posiblemente en Presidencia, y en Gobernación, y en Justicia...

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