Vino ecológico con matices únicos

  • Los viñedos de Bodegas Garay, que cultiva la variedad de uva zalema, tienen vides de más de cien años

  • Los principales caldos que se elaboran maduran en roble americano y francés

Campos verdes de viñas viejas dan un nuevo color a los terrenos de vides que rodean La Palma. Se trata de los viñedos de Bodegas Garay, únicos en Huelva en cultivar y producir vinos ecológicos de la variedad uva zalema, propia del Condado. Esta pequeña bodega trabaja de forma ecológica desde su origen hasta el producto final, un vino ecológico procedente igualmente de cultivo ecológico y con unas características muy peculiares.

La clave del éxito de esta empresa familiar, cuyos vinos se exportan a la Costa Este de Estados Unidos y Japón entre otros lugares, radica en la conjunción de varios factores. Según explica Mario Garay, dueño de la Bodega, un elemento importante es la edad de la viña, ya que "cuanto más vieja más profundidad de raíz tiene y más diferentes tipos de suelo se va a encontrar", por lo que va a tener "más mineralidad que luego la va a aportar a la uva" y que va a repercutir en el sabor del fruto. De hecho, una viña vieja puede tener una raíz de cinco metros y se puede llegar a encontrar incluso de diez metros.

Las vides están rodeadas de las hierbas que nacen de forma natural

En bodegas Garay cuentan con viñedos en los que hay vides de más de 100 años y otras de 50 y 60. Asimismo, las viñas viejas dan menos fruto porque son menos vigorosas y van a dar menos cantidad de uva, "por lo tanto el reparto y la maduración fenólica y gustativa de la fruta van a ser más fáciles y más llevaderas y van a llegar antes", ha señalado Garay.

En cuanto a la forma de cultivar el viñedo, en esta bodega se respeta el ecosistema natural. De esta forma, no se utilizan herbicidas y los productos fitosanitarios son extracto de ajo -un fungicida potente- y el cobre y azufre de contacto que no penetra en el interior de la planta y no se hace de forma sistémica. Como contrapartida, esta forma de proteger a las vides supone algo de más trabajo y su efecto es de menos tiempo. Por lo que si fuera necesario, hay que volver a tratar las plantas a los cinco días, frente a los 15 días de efecto que tienen los productos químicos.

Igualmente, en los viñedos Garay las vides están rodeadas de las hierbas que nacen de forma natural, lo cual contribuye a mantener el ecosistema con microorganismos que van a enriquecer la tierra y la biodiversidad del entorno donde vive la planta, lo cual va a repercutir en el resultado final. Este tejido natural de la tierra previene la erosión del terreno a la vez que cuando se siega se aportan nutrientes de los que se enriquece esa biodiversidad que ya se haya en el suelo. De esta forma, la tierra se enriquece de forma completamente natural y se abona con estiércol de cabra, igualmente de procedencia orgánica.

Por otro lado, en las instalaciones de la bodega el tratamiento también cuenta con la certificación ecológica, lo cual quiere decir que para tratar el líquido ámbar los niveles de sulfuroso son mucho más bajos que en el tratamiento tradicional. En Bodegas Garay han producido vinos con la etiqueta natural, es decir, han dado un paso más y no han tenido que añadir sulfuroso al producto. Para llegar a este punto, Mario Garay y Ana González, el joven matrimonio que gestiona la bodega, se dedican a seleccionar la uva de forma manual, lo cual garantiza que el fruto que luego acabará convertido en vino empieza el proceso de transformación con una uva selecta.

Asimismo, otra de las características de Garay es la crianza en madera. Sus dos vinos principales se crían en roble americano y roble francés, Red y Bleu, aportando un toque de sabor que ha gustado a partes iguales. El Negro Roto es otro vino que recuerda a un amontillado u oloroso pero sin añadir alcohol, sólo el de la crianza biológica y oxidativa y con velo de flor, estática, sin criadera ni solera. Este líquido tiene un sabor muy peculiar y está teniendo también mucho éxito. Por último, en Garay están produciendo otro vino en el que las pieles de la uva han estado macerando con el mosto durante tres días antes de fermentar y en frío, el cual tiene ilusionado a este matrimonio que ha unido los conocimientos y la tradición de la comarca del Bierzo, de donde es Mario Garay, con la excepcional materia prima de La Palma, localidad natal de Ana González.

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