Decimoctava de abono de la maestranza

Leonardo, otro paso hacia la cima

  • El joven torero-21 años- corta dos orejas por una faena medida, impregnada de ritmo y valor. Rui Fernandes, Andy Cartagena y Diego Ventura consiguen un trofeo cada uno

El joven Leonardo Hernández, de tan sólo 21 años, es uno de los rejoneadores más brillantes del momento. Tiene un concepto clásico del arte de Marialba muy superior a otros compañeros a los que se les trata mejor en los despachos. En la matinal de ayer, con la plaza a reventar, demostró su gran valía y valor ante el mejor toro del desigual encierro de Benítez Cubero. Intentó cuajar suertes en el toreo fundamental ecuestre. Lo que más me gusta de este torero, todavía por cuajarse, es su búsqueda de la pureza. Las ovaciones que se ganó ayer fueron siempre el premio a ese intento de buen toreo dentro de la ortodoxia, sin dejar a un lado su capacidad para alegrar la fiesta a los espectadores con alardes. Clavó en más de una ocasión al estribo y citó dando el pecho en otros lances de una lidia medida. Muy bien Amatista y Quieto. También aportó su pizca espectacular a lomos de Sarope. Hubo recortes arriesgados junto a los tableros, precioso toreo a dos pistas y tres pares de banderillas cortas al violín. Un rejonazo final y acertado fue la rúbrica para dos trofeos destinados a un torero que es más, mucho más, que una promesa.

Andy Cartagena, Diego Ventura y Rui Fernandes también estuvieron a gran altura. El alicantino, que no suele tener fortuna en el ganado en la plaza de Sevilla, se las vio con un toro parado, ante el que se batió el cobre en una interesante lidia, montando a Magno y Pericalvo en banderillas. El sevillano, muy espectacular, recibió con Chocolate al cuarto toro, al que no le sobraron las fuerzas, junto a toriles. En banderillas, clavó algunos palos de nota, con ese magnífico caballo que se llama Distinto y que lo bordó en un quiebro a escasos metros del toro. Saludó y se negó a dar la vuelta al ruedo tras la negativa presidencial a concederle una segunda oreja. El portugués estuvo a gran altura en la lidia del noble segundo. Con poso, puso la casta que le faltaba al rerservón toro y, a base de exponer, consiguió interesar al público en una faena en la que intercaló momentos de ortodoxia con otros espectaculares.

Antonio Domecq, con un astado de mal juego, hizo las delicias del aficionado al arte del rejoneo. Logró momentos muy puros, con temple, clavando en algunos casos al estribo. En este cacao para distinguir el toreo a caballo de altura y el otro, el menor de los Domecq, fiel a su monta clásica, brilló con su Cacao. Lástima, que con el toro, a menos y rajado, el rejón de muerte cayera bajo.

El luso Joao Moura, con el parado quinto, demostró muy buenas maneras, aunque como le sucedía en exceso a su progenitor, malogró su faena con los aceros.

Leonardo Hernández, triunfador ayer en la matinal de rejones, dio otro paso, un gran paso, hacia la cima. Si acaban de confiar en él en los despachos, va camino de ser un torero de postín.

GANADERÍA: Toros de Benítez Cubero, de juego desigual.TOREROS: Antonio Domecq, medio rejón y descabello (saludos). Rui Fernandes, rejón (oreja). Andy Cartagena, pinchazo y rejón (oreja). Diego Ventura, rejón bajo (oreja). Joao Moura, hijo, rejón y trece descabellos (saludos). Leonardo Hernández, rejón (dos orejas).Incidencias: Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Domingo 3 de mayo de 2009. Lleno.

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