El Juli, El Fandi y Fandiño se marchan sin conseguir trofeos

  • Los toros con el hierro de Hermanos García Jiménez resultaron toreables, pero al límite en su trapío · La terna no estuvo a la altura de las circunstancias

GANADERÍA: Toros de Hermanos García Jiménez, desiguales y justos de presencia, en el límite también de la raza y de las fuerzas, pero muy toreables salvo primero y tercero. TOREROS: Julián López 'El Juli', silencio y ovación tras petición insuficiente. David Fandila 'El Fandi', ovación tras petición insuficiente y ovación. Iván Fandiño, ovación y palmas. Incidencias: Plaza de Bilbao. Tres cuartos de entrada.

Corrida de toros sin trofeos, y sin las exigencias mínimas de plaza de primera, con un público excesivamente condescendiente, con toros en el límite de todo pero toreables, y con toreros, que pese a dejar algún pasaje importante, como fue el caso de El Juli, tampoco estuvieron a la altura de las circunstancias, en Bilbao. Se confunde trapío con volumen. Están equivocados los que creen que los kilos asustan. Salió una corrida de toros en el peso de Bilbao, pero que no tiene nada que ver con las exigencias de trapío en plaza de esta categoría.

Corrida de desigual presencia y, algo muy importante, insuficiente en cuanto a esencia. Pues aún considerando que los toros segundo, cuarto, quinto y sexto -con matices entre ellos- "sirvieron" para el torero, en todos hay que anotar muchas y notables ausencias que restan en el carácter de la bravura. Ni uno, lo que se dice ni uno solo, llevó un puyazo en condiciones. Y a todo esto, algo también preocupante, el público sin rechistar. Ni una voz en contra de nada. Bilbao, que forma junto a Sevilla y Madrid el eje clave de la temporada, queda esta vez en entredicho.

El Juli probó de mil maneras con su primero, paradito, o como mucho embistiendo al paso sin humillar, y de extrema sosería. Algún que otro derrote arriba por la tendencia del animal a defenderse, y voluntad, mucha voluntad por parte del torero. En definitiva, nada en lo artístico.

Con el cuarto hubo más conjunción entre toro y torero. Toro que, sobre todo por el pitón derecho, se desplazó largo y humillado. El Juli, muy suficiente, estructuró faena con todas las de la ley, en un planteamiento lo que se dice de poder a poder, llamándolo de lejos para llevarlo sometido y atrás. Eso en lo fundamental, por los dos pitones. Y en las cercanías gustándose mucho. Lástima del pinchazo que se interpuso a la estocada final, perdiendo ahí el trofeo.

El lote de la tarde fue para El Fandi. Su primero tuvo fijeza y alegría, prontitud y recorrido. Pero El Fandi, qué pena, ya se sabe, cumplió con el capote y anduvo sobrado con las banderillas, mas cuando le tocó ponerse con la muleta, fue incapaz. Le pegó pases, pero de aquella manera. Muy benévolo el público, no protestó ni uno sólo de los múltiples enganchones sobre todo por el pitón izquierdo, incluso aplaudiendo en los finales de serie. No fue el trasteo a ningún lado, y no hubo pañuelos suficientes para la oreja.

Mucho peor con el quinto, el toro de la tarde, con el que estuvo francamente mal el granadino. Muy mal. Y a todo esto, la condescendencia del público, sin entrar a valorar el buen juego del toro, llegando incluso a tomar partido por la filibustera forma del torero. No se explica que El Fandi no le cortara las orejas ni a su primero ni a este segundo. A quien se pregunta si acaso fue por el fallo a espadas. Pues no. Fue por el fallo con la muleta. ¡Qué mal toreó El Fandi!

Venía Fandiño se supone que con toda la ilusión del mundo a ocupar la plaza que había dejado vacante Morante de la Puebla, de baja por la cornada de hace diez días en El Puerto de Santa María. Pero no tuvo suerte el torero de Vizcaya, que se había ganado a pulso esta sustitución con el triunfo del día anterior.

No le acompañó su primero, de medias arrancadas y la cara por arriba. No le faltaron ganas al torero, pero fue un esfuerzo sin recompensa.

En cambio en el sexto fue el propio Fandiño quien no terminó de centrarse. Toro sin fuerzas, pero colaborador. No lo trató bien el torero. Hubo un momento en las postrimerías de faena, en dos series más conjuntadas, que se acercó al triunfo. Pero el fallo con los aceros echó todo al traste.

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