Flores, Salguero y Adrián destacan en el comienzo de la temporada en Las Ventas

  • El presidente niega una merecida oreja al mexicano y al diestro madrileño en una tarde con un público frío

GANADERÍA: Novillos de Carmen Segovia, bien presentados, de variadas hechuras, manejables aunque la mayoría no terminaran de romper. Destacó el primero. ESPADAS: Sergio Flores, vuelta al ruedo y silencio tras aviso; . Fernando Adrián, ovación tras aviso y vuelta al ruedo tras aviso, Tulio Salguero, silencio tras aviso y ovación. Incidencias: Inauguración de la temporada. Alrededor de 5.000 espectadores.

Su nombre estaba colgado en los carteles de San Isidro antes de esta novillada, pero después de la tarde de ayer tanto Flores como Salguero y el debutante Adrián dieron argumentos su presencia en el abono. La letra pequeña de la ficha que resume el espectáculo del estreno de la nueva Taurodelta no se corresponde con lo presenciado en el ruedo, porque sin la frialdad ambiental del novillo que abre plaza y con un presidente con criterio y rigor, tanto el mexicano como el madrileño hubieran paseado su oreja, mientras Salguero, menos toreado, evidenció personalidad y proyección.

Otro día cualquiera o incluso ayer mismo pero en otro orden de lidia, la faena de Flores le hubiera reportado una oreja, pues el ejemplar aunó prontitud, fijeza y recorrido en la muleta y la labor del tlaxcalteca tuvo ligazón, limpieza y ritmo, sobre todo por el pitón derecho, por donde el trasteo adquirió mayor entidad. Se contempló con interés pero con cierta frialdad su quehacer y solo tras una contundente estocada la gente valoró su desenvoltura y se acordó tímidamente de los pañuelos. El cuarto se aburrió pronto en el último tercio, pero Flores le dejó la muleta en la cara y edificó una faena sobria y sólida, propia de torero al que se le queda pequeño el escalafón. Quizá por esa superioridad, la gente tampoco terminó de valorar una obra bien resuelta de nuevo a espadas.

La oreja a la que se hizo acreedor Fernando Adrián se la robó el presidente. No tuvo en cuenta la solvencia y sinceridad conque resolvió el de Torres de la Alameda los interrogantes que le planteó un animal que se movió sin clase y se apagó pronto. Adrián se había presentado en Las Ventas con un novillo que manseó en varas y acometió descompuesto en el último tercio, donde el madrileño se aplicó con decisión, asentó las zapatillas en la arena y corrió la mano con aplomo, especialmente por el pitón derecho.

Tulio Salguero se hizo presente con un estoico quite por gaoneras al toro que partió plaza. Luego en su turno despachó un animal noble pero sin continuidad en su embestida al que dispuso una faena larga y ceremoniosa que no prendió. Más fibra puso el extremeño con el quinto, toro de agresiva testa, que se vino a menos conforme se desarrolló la faena, al que Salguero se pasó por la espalda en el inicio y muleteó con garra y decisión, evidenciando un concepto parsimonioso y solemne, que seguramente ganará enteros con mayor rodaje.

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