Emotivo regreso de Padilla

  • El diestro jerezano salió en hombros tras una tarde de emociones intensas, en la que brindó una faena a sus médicos, los doctores Val-Carreres y García-Perla · Fue sacado en hombros por numerosos compañeros

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GANADERÍA: Se lidiaron seis toros pertencientes a la ganadería de Joaquín Núñez del Cuvillo, de aceptable presentación y de irregular juego. El tercero fue devuelto a los corrales por cojo y sustituido por otro del mismo hierro. TOREROS: Juan José Padilla, una oreja y una oreja. José Antonio 'Morante de la Puebla', una oreja y pitos. José María Manzanares, una oreja y una oreja. Incidencias: Plaza de toros de Olivenza. Domingo 4 de marzo de 2012. Lleno hasta la bandera. Durante la lidia del primer toro, José Padilla, padre del diestro Juan José Padilla, se desplomó al suelo del callejón, afectado por una acusada bajada de tensión, por lo que fue atendido en la enfermería sin más consecuencias. Padilla fue sacado en hombros por sus compañeros. Adolfo Suárez Illana lo izó y dio la vuelta al ruedo, acompañado, entre otros diestros, por Alejandro Talavante, El Juli, Serafín Marín, Miguel Abellán, Antonio Barrera y Antonio Ferrera.

Emotiva y clamorosa fue la tarde de la reaparición de Juan José Padilla tras su gravísima cornada en octubre en Zaragoza, cerrando la feria taurina de Olivenza con un rotundo éxito que se plasmó en dos orejas.

El torero jerezano salió a hombros del coso oliventino tras ser paseado en el ruedo entre docenas de fotógrafos y arropado por el público en una tarde en la que José María Manzanares también fue premiado con dos apéndices, aunque no salió a hombros para dejar la exclusiva del triunfo al torero de Jerez.

Juan José Padilla, que reaparecía tras su grave cogida hace cinco meses en Zaragoza, con su ojo izquierdo cubierto por un parche, originó una tremenda expectación tanto en el coso como en sus aledaños, donde desde hace varios días lucía el cartel de No hay billetes.

El torero jerezano fue recibido con una estruendosa ovación que compartió con sus compañeros de terna tras verse rodeado por numerosísimos reporteros procedentes de distintos puntos del mundo y bajo un férreo control de la Guardia Civil, que, no obstante, no puedo evitar que el paseíllo se demorara por la aglomeración de fotógrafos.

Padilla lanceó con soltura el primer toro de la tarde, el de su reaparición, sin que acusara la discapacidad visual. Prendió tres pares de banderillas rozando la perfección tras otra intensa ovación. Tanteó a este primer toro, insistiendo para sacar muletazos de buen ver, arriesgándose en demasía y metiéndose entre los pitones.

Mató bien y se le premió con la primera oreja de la tarde tras brindar la muerte del astado al doctor Val-Carreres, cirujano jefe de Plaza de Zaragoza y que fue el primero que lo atendió tras la cornada, y al cirujano maxilofacial del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla Alberto García-Perla, que le trató las secuelas en la cara.

A su segundo toro, Juan José Padilla lo recibió con dos espeluznantes largas cambiadas de rodilla para seguir por chicuelinas ante el clamor de un público entregado. Ofreció las banderillas a sus compañeros de terna, compartiendo la suerte con ellos con un rotundo éxito, en lo que supuso un tercio vibrante.

Tras aplaudir Padilla a sus dos compañeros, culminó la suerte con un par que levantó al respetable de sus asientos.

Brindó a su padre la faena y cuajó una de sus mejores y más emotiva tardes de toros enmarcado por un fandango del premio Lámpara Minera Miguel de Tena, que acompañó la faena del jerezano.

José Antonio Morante de la Puebla nada especial hizo con el capote ante el primero de su lote, cuya muerte brindó a Padilla. Ofreció algunas pinceladas de su arte ante un toro cuya cara consiguió meter en la muleta en la dirección de su prodigiosa mano izquierda.

Con el quinto de la tarde, Morante de la Puebla no se confió y optó por quitárselo de en medio ante el descontento del público, que le pitó.

A José María Manzanares le fue devuelto el tercer toro de la tarde al mostrar una lesión en una pata. Al sobrero, del mismo hierro y que también brindó a Padilla, lo dominó tanto molesto por su calamocheo de cabeza, que deslució en parte el quehacer del diestro.

Con el que ha cerró plaza, un tanto acosón y molesto, Manzanares lo templó, sobado y metido en la muleta con torería, teniendo como fondo otro fandango que brotó del tendido y poniendo fin a esta feria oliventina.

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