El secreto está en una buena igualá

  • noches de ensayos. El escaso tráfico de la noche se corta. Las cuadrillas de costaleros van acompañadas por amigos y novias. Es una de las imágenes más entrañables de la Cuaresma

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Han sido días en los que las calles de la ciudad se han llenado de una de las imágenes más entrañables que perviven generación tras generación: los ensayos de las cuadrillas de costaleros. Éstos recorren las calles con su parihuela de ensayo a las órdenes de su capataz. Para ello cuentan con la compañía de las novias y los amigos.

La calle Cristo de la Fe reproduce lo que ha sucedido en otros muchos puntos de Huelva. Las cuadrillas de la cofradía de Viaplana se dan cita. Los bares aledaños a la casa de hermandad son un hervidero y poco a poco van llegando los 'protagonistas'. Hay gente de todas las edades aunque predominan los veinteañeros. Este año las hermandades no admiten menores ni siquiera con autorización paterna, por los problemas que ha habido en una cofradía.

Manuel Fernández es uno de los capataces del palio. Afirma que lo lógico es haber sido monaguillo antes que fraile, es decir, lo más lógico es pasar primero por la experiencia de costalero: "Lo normal es que primero se prueben las trabajaderas; se sepa lo que se sufre debajo", afirma. Haciendo un evidente ejercicio de humildad, Manuel indica que "esto lo puede hacer cualquiera", si bien tiene claro que "para ser un buen capataz hay que saber hacer una buena igualá".

El palio de La Caridad ha realizado esta Cuaresma siete ensayos, "aunque en otros sitios les basta con 2 o 3". Manuel entiende que "lo importante es que la gente vaya contenta y cómoda" y para eso desde luego, la psicología tiene un lugar muy importante. Manuel Ángel Martínez es también capataz pero del paso de misterio. También pasó por las trabajaderas y se refiere también, a ese trabajo a nivel humano que se ha de realizar con la cuadrilla, aunque desde un punto de vista técnico insiste en que "lo importante es la seguridad y que la gente vaya a gusto".

Comentan los capataces, que Viaplana e Isla Chica son una buena cantera de costaleros, aun así "no se para todo el año de reclutar costaleros", comenta Manuel Ángel. Es importante crear un ambiente sano y de hecho se hacen amistades. Tras los ensayos, hay lugar para los bocadillos y refrescos que reparte la hermandad.

Este capataz del paso de misterio explica que "ahora los costaleros duran más y los hay hasta los 50 años". Uno de los secretos está en que tanto en las cuadrillas de palio como de misterio, se establecen unos turnos rigurosos que marcan 30 minutos en la trabajadera y otros 30 de descanso. El largo recorrido que tiene la Fe tiene marcados cerca de 20 puntos de relevo, con lo que nada se deja al azar y la planificación adquiere suma importancia. Todos los capataces subrayan también, la importancia que para ellos tienen la personas que van abajo con las que mantienen un diálogo casi permanente.

Cristian Pazo es un joven costalero de 18 años que este año se estrena con el palio de La Caridad. Es del barrio y eligió este palio "porque me gusta mucho". Reconoce sentirse cómodo en las trabajaderas y que no es tan duro como puede parecer desde fuera.

José Manuel Pérez es otro joven costalero de 19 años. También sale por vez primera en La Caridad aunque será su segundo año con Judíos si bien él es del Perdón con quien asimismo sale al igual que con la Borriquita. Confiesa que es algo que le llena. José Rodríguez, que pasa de los 30, llevará el palio por segundo año consecutivo animado por sus cuñados que le invitaron a sumarse a la cuadrilla y reconoce que ir ahí abajo le hace sentir "cosas profundas".

Este periódico tuvo además la suerte de presenciar el estreno de la nueva mesa del palio por parte de estos costaleros lo que para ellos fue otro motivo más de satisfacción.

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