El origen del Triduo pascual

  • los cultos. La Iglesia tiene ahora los actos más importantes de todo el año con el Triduo Sacro que culminará con la celebración de la Resurección el Domingo de Pascua

El Triduo Sacro, también llamado Triduo Pascual, en el que se celebra la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor, tiene su origen en el desglose de la primitiva y única celebración pascual cristiana que tenía lugar la noche del sábado al domingo de Pascua con la iniciación de los nuevos cristianos; entonces se celebraba el misterio de la muerte y vida que encierra esta fiesta, y la misma hora de la liturgia, de la noche al día, servía de ambientación.

Sin embargo, tras dar libertad a la Iglesia a comienzos del siglo IV, el emperador Constantino y su madre, Santa Elena, dispusieron la construcción de grandes basílicas o de sencillas ermitas sobre los lugares donde real o supuestamente habían ocurrido los momentos más importantes de la vida de Jesús; la práctica siguió incrementándose y los peregrinos llegados a Tierra Santa querían, sobre todo, visitar los santos lugares de la Pasión del Señor. De aquí vino también organizar celebraciones en estos lugares y en el mismo día y hora que ocurrieron. Nació así, en Jerusalén, la celebración de la Semana Santa y los peregrinos extendieron este uso por todas las Iglesias; la Vigilia Pascual perdió entonces ante los fieles la consideración de memoria de la muerte de Cristo, celebrándose sólo la resurrección y perdiéndose la unidad del Misterio Pascual; lo que no debe ocurrir, porque en cada acto se celebra siempre a Cristo, muerto y resucitado.

JUEVES SANTO

Con la misa que tiene lugar en las horas vespertinas del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo Pascual y evoca aquella cena en la cual el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen.

Toda la atención del espíritu se centrar en los misterios que se recuerdan en la Misa: es decir, la institución de la Eucaristía, la institución del orden sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna. Son éstos los puntos que se recuerda este día, para que tan grandes misterios puedan penetrar más profundamente en el corazón y sean vividos con intensidad en la vida en las costumbres y manifestaciones que la piedad ha hecho calar en el pueblo.

Dentro de la celebración, el gesto del lavatorio de los pies, viene a significar el servicio y el amor de Cristo, que "no ha venido para ser servido, sino para servir" (Mt 20, 28) y nos recuerda, entre sus seguidores, también ha de ser así.

Tras la celebración, se reserva, para la comunión del día siguiente, las hostias consagradas, en el llamado Monumento, es decir, el sagrario especialmente decorado este día. La mañana del día siguiente las puertas de los templos permanecen abiertas para que los fieles pasen a adorar el Santísimo y puedan tener su momento de íntima oración.

VIERNES SANTO

En este día, en que ha sido inmolada nuestra Víctima Pascual: Cristo (1 Co 5, 7), en palabras de San León Magno: "lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración, se ha cumplido con plena eficacia: el cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas".

En efecto, esta obra de la Redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada antes por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el Misterio Pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección gloriosa de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera. La Iglesia, pues, meditando sobre la Pasión del Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo.

Es costumbre que la colecta de este día vaya destinada a la obra de la Iglesia y de la Custodia de los Santos Lugares, en Tierra Santa. Además, la liturgia se acompaña de otros actos de piedad, como el vía crucis o el sermón de las siete palabras, celebradas en muchas comunidades parroquiales.

SÁBADO SANTO

A menudo, la ausencia de estaciones de penitencia en nuestras calles es traducido como que el Sábado Santo no hay Semana Santa. Sin embargo, durante este día, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos, y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, quedando desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la Resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, con cuya exuberancia iniciarán los cincuenta días pascuales.

VIGILIA PASCUAL

Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la vigilia que tiene lugar en la misma , conmemorando la Noche Santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como "la madre de todas las santas Vigilias", como diría San Agustín.

Durante la vigilia, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana. Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-48), deben asemejarse a los criados que con las lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.

Esta vigilia es figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación, en la cual, "rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo", como anuncia el pregón pascual.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: la Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne. ¡Aleluya! Cristo ha resucitado. El anuncio pascual resuena hoy con toda su fuerza en la Iglesia. Cristo vive y ha vencido a la muerte; es el Señor de vivos y muertos. Si Cristo ha resucitado es el centro de la vida cristiana y el fundamento de nuestra fe. El sepulcro vacío anuncia la Resurrección de Cristo. Los apóstoles proclaman con firmeza el misterio de la Resurrección. Los discípulos de Cristo, los que han resucitado con él, buscan los bienes de arriba y llevan una vida nueva.

Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como un gran Domingo.

Así lo proclama el himno israelita de la Pascua que repite también frecuentemente nuestra liturgia en estas fechas: "Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo" (Sal 117, 24).

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