Una Cuaresma más ha llegado a nuestras vidas

UNA Cuaresma más ha llegado a nuestras vidas. Ese tiempo de adviento, de recogimiento, de mayores rezos, si cabe, de plegarias y lamentos nos vuelve a sorprender un año más, como casi sin darnos cuenta. Ha llegado sigilosa y calma, se ha colado por las rendijas de nuestros días, de nuestra vida diaria rompiendo la cotidianeidad de nuestro hacer, para enmarcar este año, con mayúsculas la palabra Misericordia... Y nuestros templos, ya se han engalanado, nuestras hermandades, ya se han alzado en ellos como auténticas abanderadas de ese amor fraterno, de esa misericordia redentora.

Ya este rinconcito del mundo, esta vieja Onuba, que aunque parezca que no, a tantos avatares ha resistido, luce iluminada por esa luz cuaresmal que debe penetrar en nosotros, a pesar de que el astro solar no se nos esté brindando en todo su esplendor. Nuestros quinarios, triduos o cultos se celebran por doquier. Ensayos de costaleros, actos, conciertos, tertulias organizadas o improvisadas, charlas cofradieras, para algunos dañinas, para otros necesarias y reparadoras, ya han hecho su acto de aparición para, un año más, quedarse con nosotros. Nuestros titulares, ya de una forma o de otra, transitan por nuestras calles... Ese nuestro Santísimo Cristo del Amor en estación piadosa y sorprendiendo por lo extraordinario, el Cristo de la Misericordia, derramando toda ella por sus calles aledañas. Y este sábado ya pasado, apresurado en su caminar por la amenaza de los cielos, ese Cristo de Jerusalén y Buen Viaje, ese que lo dice todo por él mismo, sin necesitar nada de nada, que en su silencio transmite la pasión y la gloria. Y todo esto, tan sólo como principio de todo lo que queda por llegar hasta la venida de nuestra semana mayor... y lo que nos quedará, una vez pasada esta.

Pero todo este marco idílico, en el que ya se encuadra nuestra Huelva se ha de llenar de contenido, no pudiendo quedar en lo superficial de lo que se viva... y es que nuestros corazones han de estar abiertos a recibir la misericordia, que divina, se nos regala. Y con esa concesión que el Padre nos hace, abrazarlo plenamente, encontrándonos en perfecta comunión con Él. En este tiempo de arrepentimiento, de reencuentro, todos hemos de acudir a Él, para intentar no volver a apartarnos de su camino, de nuestro camino... Abrazar al Padre, abrazar al hermano sin ningún tipo de reservas ni requiebros. En el fondo, todos sabemos como hacerlo, aunque por nuestros egos personales no lo llevemos a término. ¿Cuántos tenemos 'historias pendientes', que no saldamos con verdadero amor? Nos damos más importancia a nosotros que a nuestro Padre, y sabemos que eso no es lo que él nos enseñó. Maduremos como personas, maduremos como cristianos en nuestros entornos personales, sociales y cofrades, porque si no, ¿qué pintamos en este 'mundo de la Semana Santa' al que decimos pertenecer? Hagamos todo lo que esté en nuestras manos, porque de lo contrario, podemos arrepentirnos en momentos ya tardíos, aunque nunca sea tarde. Prioricemos en nuestras vidas. De verdad, démonos cuenta de que es lo importante.

¿Cuántos problemas ciertos existen hoy día en familias arrasadas por la crisis social actual? ¿Cuántos cristianos están siendo perseguidos fuera de nuestras fronteras? Y nosotros seguimos empecinados en nuestras ideas, en nuestros rencores y peleas. Que esta Cuaresma misericordiosa que ha llegado, nos sea reveladora y nos haga llegar a Él.

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