El ejercicio mejora la calidad de vida de los pacientes oncológicos

  • El entrenamiento puede empezarse tras el diagnóstico con una prescripción de la actividad individualizada y ofrece beneficios tanto físicos como psicológicos

La actividad física además de ayudar a prevenir y contrarrestar enfermedades de gran prevalencia en nuestra sociedad (obesidad, hipertensión, diabetes, dislipemias, etc.) puede ser un medio para recuperar los niveles de calidad de vida que los enfermos y supervivientes de cáncer tenían antes del diagnóstico de la enfermedad.

Según Fernando Herrero Román, doctor especialista en Medicina Deportiva quien trabaja con enfermos y supervivientes de cáncer en el Grupo de Investigación en Actividad Física y Salud (Giafys), en Miranda de Ebro, Burgos, "la actividad física o el ejercicio ideal (porque con él vamos a obtener los máximos beneficios) pasa por combinar actividades de tipo aeróbico (andar rápido, correr, bici, nadar, remo) con en entrenamiento de fuerza. Pero el objetivo principal es que incrementen su actividad física".

Debido a que cuando hablamos de cáncer estamos hablando de más de 200 enfermedades diferentes y cada una de ellas con fases de tratamiento muy distintas la prescripción del ejercicio será individualizada y dependerá de "factores como el tipo de cáncer, el historial médico del enfermo, la situación médica actual, su nivel de forma física, la disponibilidad de medios, etc.", dice el doctor. Una vez iniciado el programa de entrenamiento éste se irá adaptando a las diferentes situaciones de cada enfermo o superviviente (presencia de complicaciones, recaídas, lesiones). "En nuestra experiencia tenemos enfermos que han podido entrenar desde el día siguiente de la sesión de quimioterapia y/o radioterapia frente a otros que no podían entrenar en los 5 ó 6 días siguientes. Lo cierto es que los efectos secundarios de estos tratamientos se minimizan con la práctica de ejercicio físico. El éxito consiste en encontrar el nivel de intensidad y de motivación para no parar el programa de ejercicio o parar el menor tiempo posible", defiende el especialista.

Según los estudios del grupo Giafys, a nivel psicológico los beneficios potenciales del ejercicio tras el diagnóstico del cáncer son una reducción de la ansiedad, disminución de la depresión, incremento de la sensación de energía, mejora de la capacidad física, mejora de la autoestima, mayor sensación de control, y una mayor satisfacción con la vida. En cuanto a la dimensión física, con el entrenamiento mejora la capacidad funcional, incrementa la fuerza muscular, mejora del control de peso, mejora de la neutropenia y la trombocitopenia, hay mayores niveles de hemoglobina, disminuye la fatiga, menos náuseas y vómitos, más control del dolor, menos disnea. Y en consecuencia, los enfermos de cáncer concilian el sueño con facilidad y logran dormir mejor pues muchos sufren estado de insomnio por la enfermedad.

"El ejercicio físico tanto previene algunos tipos de cáncer (mama, colon) como sirve de tratamiento y recuperación de estos enfermos y supervivientes. El objetivo es mejorar su calidad de vida", enfatiza el doctor Fernando Herrero.

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