música

Una visita gratificante

  • Concierto de la Orquesta del Algarve en el Gran Teatro

Estrenándose página del almanaque el melómano onubense se encontraba con una sorpresa: concierto de la orquesta del Algarve en el Gran teatro. Buena noticia si consideramos que las agrupaciones foráneas con programas clásicos pasan por Huelva rara vez. Fundada en 2002, la Orquesta del Algarve se nutre de corrientes muy diversas donde conviven tradiciones estables y ocurrencias fugaces. Buen empaste en general y una dinámica austera para las familias instrumentales; el timbre del viento-madera, excelente.

Las cuatro estaciones porteñas de Piazzola en arreglo de Ian Mikirtoumov fue la obra ideal para tomarle el pulso a estos instrumentistas, que bajo la dirección de Cesário Costa hicieron una versión convincente llena de expresividad. Sosteniendo a la composición en el lenguaje del tango, articulado siempre con ímpetu elegante, se iba desgranando un discurso que reflejó ese movimiento de melodías y ritmos gracias a un rubato óptimo. Decenas de temas y episodios se ubicaban con naturalidad. Magnífica la línea sonora de la cuerda para acompañar al solista, un matiz piano dulcísimo que haría las delicias del auditorio. Muy lograda la evocación de la lluvia mediante pizzicati y texturas sedosas con que se recreó la idea original de Vivaldi. Gonzalo Pescada, el solista, se adentró en la obra con un estilo palpablemente de cámara pues prefería integrarse en los tutti sin protagonismo alguno. Es más: en su paráfrasis con el violín ratificó esa cualidad suya y dialogando en los tutti alcanzaría momentos subyugantes (La primavera).

Ibert era una tarjeta de presentación estupenda ya que significó una especie de impronta. Ahí el oyente podía conjeturar las posibilidades de este conjunto portugués, cuyo vigor y luminosidad son los síntomas inequívocos de una orquesta joven que mira al futuro con entusiasmo. Hubo problemas de afinación en la cuerda, pero se supieron compensar.

La Sinfonía Júpiter de Mozart fue el compromiso con el cariz más profesional de su trayectoria. Fue una lectura digna que aun subrayando el inconfundible optimismo del salzburgués optó por la corrección académica, y para ello intensificaba el compás y el brillo. Esto hacía a la música obvia, demasiado directa; tal como sucediera en el Menuetto: allegretto . En este sentido, el Andante cantabile no sacó jugo de la indicación "con sordina"; y es que se habría agradecido la media voz, un recurso inteligente para poner de relieve las modulaciones internas. Y la eficiencia técnica del Finale nos hizo plantearnos la cuestión controvertida de si un movimiento de estas características debe sonar con la actitud competitiva de una obertura o ir más allá trascendiendo las planos sonoros de la obra.

Un quince por ciento del aforo se registraba en el Gran Teatro. ¿Fin de semana a las puertas del verano? ¿Escasa publicidad del concierto? De todas formas, satisface la presencia de una orquesta, y más por el hecho de corresponder a una zona lindante a la provincia de Huelva a la que se tiene tanta estima.

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