La violencia visual

Multicines La Dehesa Islantilla.- T.O.: 'I want to be a soldier'.- Producción: España e Italia, 2011.- Duración: 89 minutos.- Dirección: Christian Molina.- Guión: Cuca Canals y Christian Molina.- Fotografía: Juan Carlos Lausín.- Música: Federico Jusid.- Montaje: Alberto de Toro.- Intérpretes: Fergus Riordan, Ben Temple, Valeria Marini, Danny Glover, Robert Englund, Andrew Tarbet, Jo Kelly

La violencia que propaga a diario la televisión, y no sólo en películas sino también en muchos otros programas, además de otros medios electrónicos o cibernéticos, resulta cada vez más influyente y perniciosa. Esta película nos ofrece un propósito firme al llamar la atención, sobre todo de los padres, para que cuiden de esa fijación sobresaturada en la contemplación de las imágenes televisivas por parte de sus hijos. Una visión que en la mayoría de los casos no aporta más que esa perspectiva extraordinariamente peligrosa sin ningún contenido formativo. Cabe indicar que cuando el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid recomendaba su visionado a la vez el póster era censurado por los Transportes Metropolitanos de Barcelona por "afectar a la sensibilidad y el buen gusto de los ciudadanos". Una incomprensible paradoja.

La película nos cuenta la historia del pequeño Álex, un niño de ocho años, que vive obsesionado por la violencia en la televisión y los videojuegos y que parece verse aquejado por problemas de comunicación con sus padres y sus compañeros de colegio. Se encierra en su hermética personalidad y se inventa personajes imaginarios como el astronauta capitán Harry y su alter ego, el sargento John Cluster. La vida de Álex sufre un giro total cuando su madre da a luz dos gemelos y él se siente solo y desamparado. Con una sensación de traición y marginalidad logra que, al menos, su padre le permita contar con un televisor en su habitación. Su contemplación de las imágenes televisivas desarrolla intensivamente su inagotable obsesión por las imágenes de guerra y destrucción

A veces la mejor voluntad no basta porque el cine exige de la realización tanta coherencia como el equilibrio y, sobre todo, la imaginación y la inteligencia para tratar de hacer de lo ejemplar un relato que traduzca en imágenes esas buenas intenciones. El ejemplo que nos propone Christian Molina carece de la mayoría de estos conceptos que, por otra parte resultan elementales. Incluso en el aspecto técnico la película presenta evidentes carencias. Siguiendo en muchos de sus aspectos los patrones clásicos de los melodramas del cine de Hollywood, el realizador, que ha contado con un reparto de intérpretes muy internacional y ha rodado la película en inglés, convierte la fábula aleccionadora que ha pretendido en un discurso nada convincente, sesgado, discordante y confuso, en el que los propósitos se malogran lastimosamente.

Actores y actrices naufragan también en el intento.

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