Un rojo en Nueva York

De su impresión de América deja constancia este libro, donde Maiakovski cuenta su paso por México y los Estados Unidos entre julio y octubre de 1925, tras desembarcar en La Habana procedente de España. No exenta de humor, su visión está previsiblemente contaminada por los prejuicios ideológicos, pero también se muestra lúcida y en ocasiones ingenua, menos reflexiva que descriptiva y siempre a pie de calle, acechando los trampantojos del mundo capitalista. México, como Cuba, le parecen países colonizados por los poderosos vecinos del norte, aunque habitados por gente "extremadamente hospitalaria y amable". Ya en el país de los "crueles gringos", Maiakovski visita Nueva York, Chicago y Detroit, poco dispuesto a dejarse deslumbrar por su grandeza. Las luces de Broadway o las majestuosas estaciones neoyorquinas no le ocultan los estragos del fordismo, la especulación financiera o la hipocresía de la Ley Seca. Pero'incluso cuando acierta en la denuncia, su discurso invita a la melancolía. Ni él ni casi nadie podía vislumbrar entonces la feroz tiranía que planeaban los héroes de Octubre.

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